Pujol se recluye en casa de su portero: «Ya no nos queda nadie»

El ex president, hundido, se ha recluido en la portería de su vivienda, mientras sus hijos claman venganza. Consideran el cerco judicial una «cacería» desde Madrid. Los Pujol, aislados, amenazan: «Hay que tirar de la manta»

El número 96 de la Ronda del General Mitre (Barcelona), cuartel general del clan Pujol Ferrusola
El número 96 de la Ronda del General Mitre (Barcelona), cuartel general del clan Pujol Ferrusola

La familia política más influyente de Cataluña vive sus horas más bajas. Aislados, abandonados por su partido y con ánimo de venganza, amenazan con «tirar de la manta».

Un sentimiento de rabia, desolación y ganas de venganza. En estos momentos, es el ánimo que subyace en la familia Pujol, tras el último golpe jurídico y policial a Oleguer, el menor de la saga, el más discreto y auténtico cerebro financiero. Según su entorno cercano, el patriarca está decaído, enojado y bastante arrepentido de su autoinculpación. «Quiso proteger a sus hijos y se está produciendo el efecto contrario», aseguran. Recuerdan que la humillación del ex presidente de la Generalitat ha sido muy fuerte y que su confesión, realizada en contra del consejo de sus propios abogados, va camino de no servir para nada. Le han dejado solo, con una comisión de investigación en el Parlamento de Cataluña y, encima, invaden la casa de su hijo, le detienen unas horas y se agudiza un cerco judicial de imprevisibles consecuencias.

En el círculo íntimo de los Pujol, cada vez más restringido, la sensación es clara: «Ya no nos queda nadie», es la frase repetida en el seno de la familia que fue todopoderosa en Cataluña. Afirman que el ex presidente está muy tocado y afectado, «casi hundido». El colmo de la humillación ha sido el desalojo de su enorme despacho en el Paseo de Gracia barcelonés. Una vez vacío, Jordi Pujol se ha refugiado en un pequeño piso ubicado en el bajo de su domicilio en la Ronda del General Mitre, que era residencia del portero. Éste ejerce ahora funciones de conserje, por lo que no lo utiliza como vivienda y se lo ha cedido al ex presidente. «Si tuviera tantos millones no se habría quedado en un sitio así», destacan en su entorno como prueba de su austeridad y sencillo ritmo de vida.

Aquí permanece Pujol casi todo el día, leyendo, repasando papeles, en permanente contacto con sus abogados y la única compañía de una antigua secretaria. Quienes han podido frecuentarle, muy pocos, escuchan sus lamentos. «A solas soy alguien, en la calle ya no soy nadie», llegó a confesarle a una persona de su confianza. Algunas veces, el ex presidente, que siempre ha sido muy religioso, recibe la visita de un sacerdote amigo de la familia. De educación germánica, dicen que ha vuelto a la lectura de filósofos alemanes, entre ellos a Kant, el gran pensador de la era moderna que tanto escribió sobre la sabiduría, la paciencia o la fe, y de quien siempre fue un fervoroso seguidor. Precisamente, horas para aguantar y ser paciente ahora le sobran.

La resignación y bajo ánimo del patriarca contrasta con la actitud de su mujer, Marta Ferrusola. «Ella está belicosa», afirman allegados a la familia. La gota que ha colmado su enfado es el acoso al hijo menor, Oleguer, que siempre fue su favorito. La «dona» y el resto de los hijos opinan que todo obedece a una persecución de Madrid: «Esto es una cacería del Ministerio del Interior», aseguran a este círculo de personas, sobre las pesquisas de la Policía, en concreto de la UDEF, y la investigación ahora decretada por el juez Santiago Pedraz. Si tenían poco con el magistrado Pablo Ruz, instructor de las causas contra Jordi y Oriol Pujol Ferrusola, el asunto de Oleguer les ha caído como un mazazo. Según estas fuentes, la matriarca y sus retoños serían partidarios de «tirar de la manta» y vengarse de quienes todo les deben y ahora les abandonan sin rubor.

Sin embargo, en el equipo de letrados que asisten a la familia, dirigido por el prestigioso e influyente Cristóbal Martell, la actitud es diferente: ajustarse a derecho y armarse de paciencia, es el consejo de los abogados. Expertos juristas opinan que «tirar de la manta» les perjudicaría y puede implicarles aún más penalmente. En este sentido, recuerdan el caso de Diego Torres, socio de Iñaki Urdangarín, quien a fuerza de filtrar correos y papeles comprometidos sólo ha conseguido complicar su situación penal. La minuciosa estrategia defensiva de Martell empieza a dar sus frutos, con el requerimiento de la jueza andorrana, María Angels Moreno a Pablo Ruz, en el que reclama la procedencia de las informaciones sobre las cuentas de Pujol en el Principado. Esta obtención ilícita de pruebas, por la filtración de datos de un funcionario de la banca andorrana, es uno de los pilares de la defensa para paralizar el proceso y cualquier comisión rogatoria.

En cuanto al caso de Oleguer, el equipo de abogados piensa que la documentación incautada el jueves en su domicilio contribuirá a exculparle y que todas las operaciones inmobiliarias se ajustaron a legalidad. Precisamente, la firma Drago Capital ha hecho público un comunicado en el que destaca su colaboración con la Justicia y cómo el pasado mes de septiembre ya remitió un informe pericial a la Fiscalía y la Audiencia Nacional. En él se detalla la procedencia de todos los fondos gestionados, convenientemente declarados y de identidad transparente. Según este informe, la mayoría del capital proviene de financiación bancaria y numerosos inversores institucionales, de pensiones y aseguradoras.

Fuentes de la familia recuerdan que ya hace tiempo el propio Oleguer Pujol vendió sus acciones en Drago Capital y que ahora «es un simple empleado», con nula capacidad de gestión directiva. Advierten de que su ritmo de vida tampoco es desmesurado y que su propio domicilio en la zona alta de Barcelona, en la calle Teodor Roviralta, es de alquiler. Su esposa, Sonia Soms, es una decoradora muy apreciada en el sector, donde lleva trabajando desde antes de casarse con el menor de los Pujol, en una boda minimalista y algo «hippy» en Formentera. Es habitual verla llevar a sus dos niños al colegio y sus compañeros la califican como «encantadora y muy trabajadora». El hecho de que la Policía irrumpiera en el domicilio de la pareja cuando desayunaban con sus hijos ha enfurecido enormemente a la familia. «Ha sido una tropelía», aseguran.

Por otro lado, el horizonte judicial de los escándalos se avecina incierto. La plaza del juez Pablo Ruz va a ser sacada a concurso en breve, por lo que antes de diciembre habrá un nuevo magistrado al frente de este Juzgado. En cuanto al juez Santiago Pedraz, parece que no tiene excesiva prisa en nuevas diligencias. Según fuentes jurídicas, la Fiscalía Anticorrupción ha apretado el acelerador en los últimos días en los procesos contra la familia Pujol, pero en la Audiencia Nacional prefieren ser prudentes. Avanzar en la investigación sí, pero sin coincidir con la fecha del 9-N para evitar la polémica y no mezclar el proceso judicial con el soberanista. Por ello, parece que no habrá nuevas imputaciones hasta después de esa fecha.

Así las cosas, otra preocupación del «clan» es la declaración de los empresarios imputados que hicieron negocios con la familia, y la posibilidad de que lleguen a un pacto de trato a favor con el juez y el fiscal a cambio dar información que perjudique a algún hijo de Pujol. Ello se resume en la frase que ya pronunció este verano Marta Ferrusola, publicada por este periódico: «Son unos traidores y lo pagarán». Tal vez por la velada amenaza, lo cierto es que la posición de Convergència se ha ido atenuando. Tras la comparecencia del patriarca en el Parlament, ningún dirigente ha hecho sangre y el propio Artur Mas declaró ayer que, en su opinión, «Pujol no es un corrupto», y que el Estado español «pone un campo de minas contra Cataluña». A lo que un dirigente del PP catalán apostilla: «Además de ilegal, sólo nos falta añadir lenguaje bélico».

Ante una semana convulsa previa al simulacro del 9-N, Jordi Pujol permanece recluido en su casa, trabajando «en una portería», recalcan en su entorno para subrayar la humillación de quien fue el hombre más poderoso de Cataluña. De sus hijos, prácticamente ni rastro. Tan sólo Marta Ferrusola sale algo apresurada del domicilio para hacer algunas compras y sin abrir la boca. Pero tampoco se deja ver por el Mercado del Borne, en cuyos puestos era compradora habitual. Todas las fuentes políticas y judiciales coinciden en que «aquí hay serial para rato». Y tal vez, en su soledad, el ex presidente recuerde ahora una frase que me dijo hace ya muchos años en su despacho del Palau de La Generalitat: «Yo tengo fe, pero soy un cristiano indigno».

El voto de clausura del ex president

Jordi Pujol continúa su vida de clausura impuesta en su vivienda de la Ronda General Mitre de Barcelona. El ex presidente de la Generalitat pasa largas horas confinado en el interior del inmueble para no enfrentarse a la realidad de la calle, en la que reconoce «no ser nadie». Además, así evita el acoso mediático al que se ha visto sometido desde que reconociera su fortuna oculta, una presión –la de los medios– que se había visto apaciguada hasta el pasado jueves, cuando se produjo el registro y posterior imputación de su hijo Oleguer –el tercero al que la Justicia reclama–. En el «búnker Pujol», el ex president pasa las horas leyendo a filósofos alemanes como Immanuel Kant, ubicado en la antigua casa del conserje, que le ha cedido la portería ahora que le han despojado de su enorme despacho en el Paseo de Gracia de Barcelona. Tampoco su esposa, Marta Ferrusola, se prodiga por los lugares en los que solía ser una habitual.