Rajoy, la recuperación económica como «arma»

El presidente del Gobierno confía en que la mejora del mercado de trabajo le ayudará a aumentar apoyo social

Rajoy y Rubalcaba, fijan la postura española ante el Consejo Europeo de junio de 2013
Rajoy y Rubalcaba, fijan la postura española ante el Consejo Europeo de junio de 2013

A partir de enero el presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, acentuará la imagen de nuevo ciclo. En su discurso, en la presencia del Partido Popular y en la medida de lo posible en sus políticas. Esto último depende de que se confirme su confianza en que la recuperación económica superará a los pronósticos y en que esa mejoría, «constatable en la calle», según dicen en La Moncloa, será la llave que llevará al PP a ganar de nuevo en las próximas elecciones generales. Las dificultades que sigue habiendo en el camino, el «caso Bárcenas», los problemas territoriales del PP en comunidades autónomas importantes como la Valencia, Cataluña o Andalucía, por poner solo unos ejemplos, se tienen en cuenta, pero en el Gobierno y en la dirección popular no son vistos como obstáculos insalvables. Preocupan, pero lo justo. Una preocupación que crece en los segundos niveles del partido y, especialmente, en los cuadros autonómicos y locales. Dos años después de llegar al poder, Mariano Rajoy y su Gobierno están satisfechos con el camino recorrido y están convencidos de que lo malo ha quedado atrás y por delante espera lo más fácil de la travesía.

La mayoría absoluta y el poder territorial, sin precedentes en la historia democrática, son dos salva conductos importantes para garantizar la tranquilidad que se respira en medios gubernamentales. No existe la presión de una remodelación del Gabinete, pese a que haya ministros «tocados» o que se han puesto muy en evidencia en las últimas fechas. Y tampoco se percibe presión por el desgaste de estos dos difíciles años de mandato. La dirección popular airea que maneja encuestas que restan alcance a ese desgaste, que no son tan malas como cabría esperar ni siquiera en Cataluña; y sostiene también que queda tiempo suficiente como para darle la vuelta a la inevitable pérdida de apoyos electorales.

El año que empieza va a estar marcado por dos asuntos fundamentales: la reforma fiscal y Cataluña. Y bajo la incógnita de qué pasa con la investigación del juez de la Audiencia Nacional Pablo Ruz sobre la supuesta contabilidad en «B» del partido.

Precisamente el «caso Bárcenas» fue una de las razones que llevó a que Rajoy y Génova se inclinasen por retrasar hasta principios del año que viene la Convención Nacional del PP en lugar de convocarla en otoño. Entendieron que estos meses que han pasado servirían de antídoto para la polémica y que el caso llegaría bastante descafeinado a 2014. Como un estricto problema del ex tesorero y no del partido. Habrá que ver si se confirman esas previsiones, aunque la situación a día de hoy no apunta precisamente en esa dirección.

Volviendo a las cuestiones mollares, Cataluña y la reforma fiscal, cada una va a exigir un esfuerzo distinto por parte del Gobierno. En el primer caso, político. Aunque Mariano Rajoy no va variar mucho lo que ha sido su manera de proceder en estos dos años.

Perfil bajo y moderado; entrará al trapo de las provocaciones catalanas lo justo; y reaccionará no ante declaraciones sino ante decisiones que se salten el marco legal. El presidente traslada tranquilidad en público, pero también en privado. Comentan en su entorno que nada de lo que ha hecho hasta ahora el presidente de la Generalitat, Artur Mas, le ha sacado de sus casillas ni ha desestabilizado sus planes. «Hay quien se pone más nervioso, pero el presidente está convencido de que el problema es de Mas y de que el Estado es más fuerte que cualquier desafío a la ilegalidad», sostiene uno de sus colaboradores. ¿Y el problema social? ¿Y el clima de desafección hacia España que están engordando CiU y ERC? «Es un problema, nadie lo niega, al que vamos a hacer frente con pedagogía y preservando el interés general de los catalanes. Pero más allá de la pancarta, cuando la gente se enfrenta a la realidad, se impone siempre el sentido común, y eso también ocurre con los catalanes», añade.

La reforma fiscal, por su parte, es la carta que el Gobierno se guarda debajo de la manga para recuperar terreno ante la opinión pública después de los incumplimientos que han tenido que asumir desde las pasadas elecciones generales. Para ello tendrán que imponerse a la realidad y conseguir que Bruselas levante la mano en este terreno. Frente a lo que dicen algunos, Rajoy tiene la intención de echarse sobre sus hombros la pelea por las próximas elecciones europeas y dar también la batalla cuando llegue la hora de las autonómicas y municipales. Cree que su «arma» será la recuperación económica y, especialmente, las mejoras en el mercado de trabajo. Puede resultar paradójico, pero en el Gobierno esperan que los datos de paro les ayuden a recuperar apoyo social. Y que otras medidas como la reforma del aborto o la Ley de Seguridad les concilien con su electorado de raíz, muy crítico con decisiones como las subidas impositivas.