Sánchez retoma el frente de izquierdas tras ver a Puigdemont

La suma PSOE-Podemos-IU necesitará la abstención de los soberanistas en la investidura.

Pedro Sánchez saluda a  Carles Puigdemont a su llegada al Palau de la Generalitat
Pedro Sánchez saluda a Carles Puigdemont a su llegada al Palau de la Generalitat

La suma PSOE-Podemos-IU necesitará la abstención de los soberanistas en la investidura.

Momento y lugar significativos. El líder del PSOE, Pedro Sánchez, aprovechó la comparecencia posterior a su reunión con el presidente Carles Puigdemont en el Palau de la Generalitat para reconocer que estaría «encantado» de retomar los contactos con Podemos. «Tiendo la mano al señor Iglesias, puede contar con el partido socialista para dialogar y llegar a un acuerdo cuanto antes», destacó. Cuando se cumplen dos semanas desde que el candidato socialista pronunciara su discurso de investidura –frustrada–, Sánchez se ha propuesto impulsar un doble «deshielo»: el de las relaciones del Estado con Cataluña y el de los partidos de izquierdas de cara a conseguir su objetivo de llegar a La Moncloa. Ambos conceptos son incluyentes y aunque el PSOE se niegue a reconocerlo, los independentistas pueden jugar un rol decisivo en sus aspiraciones presidenciales. Los socialistas cada vez ven más probable una abstención de Podemos sin necesidad de tener que integrar un Gobierno de coalición, simplemente alcanzando acuerdos puntuales de legislatura. Pero la abstención del bloque de izquierdas no garantiza al PSOE la investidura y necesitan que los independentistas abandonen el «no» y se abonen también al sentido del voto abstencionista.

Tras el guiño de Sánchez, Pablo Iglesias aseguró, poco antes de que diera comienzo el Pleno del Congreso, que estaba dispuesto a tomar la iniciativa a la hora de ponerse en contacto con Sánchez si éste no se decidía. Y así lo hizo: mientras su numero dos, Íñigo Errejón, explicaba el «no» de Podemos a la declaración sobre la unidad de España, Iglesias mandaba un mensaje por Whatsapp al secretario general socialista, que contestaba poco después utilizando otra aplicación de mensajería instantánea, Telegram, que cuida con mucho esmero la encriptación de los mensajes que intercambian sus usuarios. En este primer intercambio de mensajes se emplazaron para hablar por teléfono «a lo largo del día», según informaron los servicios de prensa de Podemos. Al cierre de esta edición ninguno de los partidos hizo público el contenido de la conversación o incluso si ésta tuvo lugar.

A priori, lo único que ha pasado en estos días entre las dos formaciones ha sido el tiempo. Las posiciones siguen en el mismo punto de estancamiento en el que las dejó el plantón de Podemos. El equipo negociador de Iglesias se levantó de la mesa a raíz de la firma del pacto entre Cuidadanos y PSOE por considerar los postulados que en él aparecían «incompatibles» con sus aspiraciones de Gobierno. Ni siquiera un documento remitido con posterioridad por los socialistas ni el rescate de las 140 medidas en las que podrían ponerse de acuerdo «morados» y «naranjas» fue suficiente para propiciar el acercamiento. La investidura resultó fallida, pero no así el pacto entre Sánchez y Rivera, que sobrevivió al 5 de marzo y propició, como gesto de unidad, que a partir de entonces todas las reuniones negociadoras se realizaran de forma conjunta entre socialistas y Ciudadanos.

En los primeros compases del deshielo con el PSOE, Podemos está atravesando una situación compleja internamente, con varias comunidades autónomas inmersas en profundas crisis de unidad y, concretamente en Galicia, un secretario general en abierta rebeldía con la cúpula estatal del partido. Estas difíciles circunstancias han hecho necesario que Iglesias escribiera una larga carta a los círculos y bases del partido en el que intentaba despabilar la llama de su ilusión. La misiva, en la que se apela más al corazón que a la razón de los militantes, retoma la imagen de David contra Goliat y reflexiona sobre «la belleza» del proyecto y el «brillo en los ojos» que distingue a Podemos del resto. Fiel al estilo mesiánico que Iglesias desarrolló en campaña, el líder de la formación de extrema izquierda finalizó no con «un saludo» sino «diciéndoos que os quiero».