Sigue el camino de baldosas amarillas

La cadena autonómica ha recreado un cuento sobre el «procés» en el que Puigdemont sigue de presidente.

Ayer, TV3 grabó el mensaje de Carles Puigdemont rotulando que era el presidente de la Generalitat, ignorando que ha sido cesado
Ayer, TV3 grabó el mensaje de Carles Puigdemont rotulando que era el presidente de la Generalitat, ignorando que ha sido cesado

La cadena autonómica ha recreado un cuento sobre el «procés» en el que Puigdemont sigue de presidente.

A saber en qué día Carles Puigdemont se creyó que era Dorothy, solo que en vez de vivir en el estado de Kansas, residía en España y decidió soplar y soplar hasta crear un tornado que le llevase a él y a toda su tropa al mundo de Oz: la corporación catalana de medios audiovisuales, formada, entre otras entidades por TV3 y Catalunya Radio, entre otras, para que todos los residentes de la comunidad autónoma les viesen andar sonriente sobre ese camino de baldosas amarillas, que en el cuento original simbolizaban la falsa promesa del oro y en el «procés» la riqueza si se convertían en una república independiente. Tanto la película de 1939 como TV3 son un cuento que según la Real Academia Española, es un embuste, un enredo y también una quimera y desazón.

Prometo que empecé el lunes a ver la cadena con la mirada limpia, con una pureza virginal y humildad. A fin de cuentas soy y vivo en Carabanchel, un barrio de Madrid donde estuvo la cárcel en la que sí había presos políticos. Desconozco la realidad catalana y qué mejor que intentar informarme a través de la televisión... ¿de todos los ciudadanos de Cataluña? Ahí empezaron las dudas, que se confirmaron ayer cuando el señor Puigdemont, en una comparecencia semiclandestina en algún lugar de Gerona –había que darle un punto de dramatismo para continuar con la épica y seguir hiperventilando, se creen que son la «resistencia» como Radio Pirenaica cuando el Gobierno ni la ha rozado– TV3 le sigue rotulando como presidente de la Generalitat. En su mundo de Oz, insisto, ni para él, ni para el director del ente, nunca mejor dicho, Vicent Sanchís, existió la comparecencia de Mariano Rajoy del viernes anunciando el cese de «Govern» a pesar de que la misma cadena lo emitió en directo. Cosas que pasan... y suerte que no quisieron pisar el acelerador nombrándole presidente de la República de Cataluña en funciones. Podría escandalizarme si no fuese que, como a Lawrence Harcey en «El mensajero del miedo» (1960), desde el lunes me estaba autosometiendo a un lavado de cerebro entrando en un proceso de autosugestión igualito que el de los independentistas.

Los delirios y la realidad

Todo empezó de la forma más absurda, como toda la semana. Te hacen una propuesta, dices que sí, y entré en una especie de «Alguien voló sobre el nido del cuco», incapaz ya de distinguir los delirios, los suyos, y la realidad. En «Els Matins», el magacín informativo, comenzaron con una información, y posterior debate, de trazo grueso sobre la división en el PSC con estas palabras: «Reclaman a los socialistas españoles a que se opongan a la brutalidad irresponsable del gobierno del PP al querer aplicar el artículo 155». La frase era adornada con la imagen no de Pedro Sánchez –se ve que todavía quedaban esperanzas de que fuese tibio– sino de Susana Díaz y Emiliano García Page. El programa de sátira política «Està passant» debería cambiar de nombre porque no cuentan lo que está pasando sino los que les gustaría que sucediese. Un presentador muy gracioso presenta una pieza sobre las pintadas de «Viva Franco». Tal es la dedicación que ponen que parece que las calles de Barcelona se han convertido en un mural con esa leyenda.

Me froto los ojos al ver en «Els matins» a Carod-Rovira hablando del editorial trememendamente duro contra el «procés» de «Le Monde» y elucubrando el miedo que tiene Europa a que Puigdemont, cual Moisés, indique a otras regiones el camino hacia la tierra prometida. El rotulo que le acompaña es el de escritor, de seis libros, y no el de ex vicepresidente de la Generalitat, quizá porque aún tiene clavada aquella espina de la corona que con la que bromeó en Jesuralén. En ese programa hay un personaje sobreactuado y chiripitiflaútico, que responde al nombre de Empar Moliner, que intenta hacer monólogos cómicos donde no faltan las palabras «dictadura», «opresión», «resistencia»... Si aspira a una intervención en «Saturday Night Live» como mucho le dan una escoba para que barra el plató. Lo más irracional de la semana fue cómo el director de TV3, Vicent Sanchís, y Saül Gordillo, se autoentrevistan en «Els Matins» ante la amenaza de «intervención» de su corralito. Un poco más y se atan con los cables de sonido a sus sillas. Me da la impresión de que hay un concurso oficioso entre los independetistas para ver quién es «Mister y Miss Martir».

Sobre lo que ocurrió el viernes tres perlas entre este collar que está ahogando a la mayoría de los catalanes: durante la intervención de Puigdemont comentan que «ahora mismo hay dos realidades legales: la proclamación de la república por parte de la Generalitat y la del Gobierno de España»; retiran el rótulo de «el Parlament declara la independencia de Cataluña» durante la intervención de Mariano Rajoy, como si el presidente en vez de la aplicación del 155 estuviese dando la información metereológica, y anuncian solemente los apoyos internacionales: Escocia, un miembro del parlamento finlandés, al que le dan la misma pompa que si fuese el presidente del país, y Gerry Adams, el presidente del Sinn Féin, el Otegui de Irlanda del Norte... ¡Menudos compañeros de viaje! Pero en este mundo de Oz estos aprendices de Goebbels, como Dorothy-Puigdemont, quieren meter en la sesera a los catalanes que «se está mejor en casa que en ningún sitio». Lo que no dicen es que no es un hogar para todos.