Teresa Rodríguez plantea crear la «marea andaluza»

Quiere unirse a IU y Partido Andalucista. para que se produzca el «sorpasso» al PSOE

El líder de Podemos, Pablo Iglesias, con Teresa Rodríguez, secretaria general del partido en Andalucía
El líder de Podemos, Pablo Iglesias, con Teresa Rodríguez, secretaria general del partido en Andalucía

Para que en Andalucía se produzca el adelantamiento de Podemos sobre el PSOE ha de suceder previamente que los andaluces conozcan Podemos. La comunidad andaluza presenta unos elementos que la inmunizan de la viralidad y de todo lo eso que conlleva. Sucedió hace dos otoños, en La Línea de la Concepción. Un grupo de indignados convocados por el SAT de Diego Cañamero anunció la ocupación de Gibraltar. Aquella poliédrica sopa de siglas compartía bailes, eslóganes y megáfonos. Un hombre observaba el espectáculo. «Yo era comunista, luego me hice sindicalista, más tarde fui de la CNT. Ahora, anarcorrepublicano», explicaba Manolo, un linense dudoso entre IU y Podemos.

La repetición de elecciones que pide el ala más izquierdista de Podemos plantea muchas preguntas pero sólo una respuesta es segura: el casi millón de votos que el 20-D siguió fiel a la vieja IU terminará en la espuerta bolivariana que arrancará la campaña, virtualmente, como primera fuerza de las izquierdas. «Pero para que se dé la convergencia, es necesario que Pablo Iglesias muestre generosidad. Los números demuestran que los mejores resultados de Podemos han llegado en territorios, como Cataluña o el País Vasco, en los que ha dado cabida a los cuadros de IU», advierte un histórico líder andaluz.

Andalucía sería la siguiente región en la que conformar un conglomerado izquierdista al estilo del que tan buenos resultados obtiene en Valencia o Galicia. Teresa Rodríguez, lideresa regional procedente de Izquierda Anticapitalista, solicitó un grupo propio andaluz en vísperas de constituirse el Congreso. Si Podemos no superó al PSOE el 20-D, fue porque los socialistas los aventajaron en quince puntos. Casi seis de esos puntos porcentuales corresponden al sufragio «perdido» de IU, que no obtuvo representación parlamentaria en ninguna de las ocho circunscripciones. «Una candidatura conjunta habría sumado cinco o seis diputados para Podemos, algunos a costa del PSOE. En Sevilla o Cádiz habría estado muy cerca de arrebatarle el segundo puesto al PP», según un ex diputado comunista en el Parlamento andaluz.

La misma fuente asegura que «Iglesias ya ha detectado que Susana Díaz es su gran rival para sentarse en el trono de la izquierda y si tiene en su partido a alguien que le maneje bien los datos, sabe que es imposible hacerle cosquillas aquí a los socialistas con los malos resultados que tiene en las zonas rurales». En ese ámbito es justo donde los despojos de IU conservan una bolsa estimable de votos y un ramillete de dirigentes carismáticos que podrían paliar el déficit de liderazgo del que adolece Podemos en Andalucía. Empezando por el malagueño Alberto Garzón y siguiendo por el cordobés Julio Anguita, referente histórico de la izquierda nacional.

La unión de Podemos e IU en Andalucía sería un hecho consumado a falta de oficialización, si bien lo que pretende la secretaria general, Teresa Rodríguez, respetuosa con Pablo Iglesias, es una interlocución abierta a todos para formar un fuerte conglomerado de izquierdas.

«Es más un problema entre dirigentes que entre las bases. En muchísimos ayuntamientos andaluces, trabajamos desde junio codo con codo». Este concejal de una marca blanca podemita en una capital de provincia recuerda que «en Cádiz, Puerto Real o Trebujena gobiernan en coalición». También en la Cámara autonómica coinciden casi siempre en las votaciones los quince diputados de una formación con los cinco de la otra, con la ventaja añadida de que a los respectivos portavoces, Teresa Rodríguez y Antonio Maíllo, los une el pésimo concepto que tienen de Susana Díaz, quien distingue a ambos con una feroz animadversión.

El elemento nacionalista también tendría cabida en la marea andaluza. El pasado otoño se disolvió el histórico Partido Andalucista. Como fuerza hegemónica, el PSOE ha asumido el papel vertebrador del sentimiento identitario, asociado a la Junta que gobierna desde la época preautonómica. Ha persistido, no obstante, un residuo de nacionalismo que se movía en las tinieblas extraparlamentarias, apenas cultivado por heterodoxos como José Antonio Barroso o Sánchez Gordillo, el alcalde de Marinaleda. Un ex dirigente del PA recuerda que «nuestra base electoral, que terminó votando socialista, pertenece a una izquierda crítica con la deriva de régimen que ha tomado Andalucía. Muchos pueden sentirse atraídos por una fuerza que proponga incrementar el autogobierno e incluso escorarse hacia posiciones soberanistas».

La mezcolanza de los elementos de la marea andaluza en ciernes sigue el patrón de las otras confluencias periféricas. El objetivo continúa siendo el mismo, derrocar el poder desde un polimorfismo que cale en el territorio. Eso sí, pese a compartir la estrategia de la hegemonía, a los remiendos regionales les caben singularidades más o menos folklóricas: el salto de las monjas catalanas a los bandoleros andaluces puede parecer mortal en el disfraz, mas no así en las homilías. Se trataría, pues, de incorporar los cuentos y las cuentas de los discursos contestatarios ya refrendados, aunque envueltos de tonos blanquiverdes.

Para unos es una fijación de posiciones en la línea de salida del confederalismo. Para otros, podría ser el asalto cierto al cielo. La legitimidad se crea día a día, ya está en marcha la maquinaria. Del «frente popular» referido por Cañamero en La Línea a la unión de «las fuerzas de progreso», de la aristocracia andalucista al lumpen cenetista, la meta es llegar del tuit al arado, profanar la centralidad socialista de Andalucía, también la identificación histórica entre la región y el tándem PSOE-Junta.

Uno de los últimos resistentes del PA relata que los militantes «se han dividido en dos facciones: los más burgueses ya trabajan con los socialistas en la diputación y en muchos ayuntamientos, como el de San Fernando. Pero un grupo importante, liderado por el último secretario general, Julián Álvarez, y Pilar González, llevan meses negociando su incorporación a Podemos porque coinciden en los postulados radicalmente nacionalistas de la gente de Kichi y Teresa Rodríguez».