El «toro bravo» de la reforma educativa

El ministro de Cultura, José Ignacio Wert, durante su intervención el dia 24 en la sesión de control al Ejecutivo del pleno del Congreso
El ministro de Cultura, José Ignacio Wert, durante su intervención el dia 24 en la sesión de control al Ejecutivo del pleno del Congreso

Poco antes de entrar al acto en el que los procuradores madrileños concedían sus premios anuales, el ministro José Ignacio Wert se enteró de que era relevado de su cargo, de ahí que decidiera sobre la marcha cambiar el guión y no hacer acto de presencia (debía recoger una distinción como ministro de Deportes, pero se daba la circunstancia de ya había dejado de ser titular de la cartera), por lo que el galardón a la Convivencia y Tolerancia al Deporte Español lo recogió un representante del Consejo Superior de Deportes. La noticia de su sustitución llegó a los medios pasadas las diez de la noche. Nadie contaba con un abogado y brillante sociólogo al frente de la cartera de Educación pero, al final, Wert acabó haciendo algo inédito en el PP: poner en marcha la primera ley de educación de los populares (LOMCE) –hasta ahora todas han sido socialistas– en una legislatura educativa convulsa por las numerosas huelgas, con un gran desgaste y Vilipendio para el ministro saliente y sin grandes apoyos del sector educativo. «Soy como el toro bravo que se crece con el castigo», dijo en cierta ocasión parafraseando a Miguel Hernández en una de sus afirmaciones más célebres y, realmente, así ha sido. Ningún ministro de educación, del signo político que sea, ha aguantado en el puesto un «huracán educativo» como el que ha padecido Wert sin ser relevado en el puesto. Es más, nunca se planteó dimitir: «No sería responsable abandonar el barco sin haberlo llevado a puerto», llegó a decir. Wert, que ha dado nombre a ley educativa vigente –por mucho que a él le disguste que a la Lomce se la conozca como «Ley Wert»– deja en su haber un cambio en el sistema educativo vigente que permite evaluar a los alumnos al final de cada etapa para comprobar su nivel de conocimiento como medida más novedosa y busca que los estudiantes destierren los métodos memorísticos. Otra nueva tempestad se desató cuando cambió el sistema de becas que obliga a tener un 5,5 para optar a matrícula gratis y el 6,5 para las que tienen retribución económica. Aguantó el tipo en su intento de «españolizar a los niños catalanes», con el que en realidad anunciaba su intención de garantizar el derecho a estudiar en castellano como lengua vehicular para aquellos que quieran hacerlo. Ha sido el único ministro de Educación que no ha pasado de largo por este espinoso asunto.

En el ámbito universitario, no hizo amigos entre los rectores. Durante su mandato «auditó» la universidad para detectar sus puntos flacos y puso en marcha modificaciones, aunque no demasiado profundas, en un ámbito con muchas resistencias a los cambios. Su ministerio, en Alcalá 34, ha sido una casa de mucho tránsito. Hasta once cargos han abandonado su puesto durante la legislatura.

En el ámbito cultural ha centrado su gestión está el contestado IVA cultural del 21 por ciento, que se ha convertido en un caballo de batalla para el mundo de la cultura, así como su relación con el mundo del cine: hace escasas semanas aprobó la Ley de Cine, que con respecto a la norma de 2007 concedía a priori las

ayudas y no a posteriori. La ley de Mecenazgo, promesa estrella, se quedó en dique seco, mientras que la Ley de Propiedad Intelectual fue aprobada en 2012. Su imagen no ha sido buena de cara al exterior, pero en las distancias cortas su círculo más próximo le define como un hombre «muy accesible» y «con sentido del humor».

Wert, que en varias ocasiones ha asegurado no tener más aspiraciones políticas, abandona el ministerio con fecha de boda. En medio de la huracanada legislatura el ministro encontró en su hasta hace unas semanas segunda de a bordo, la secretaria de Estado de Educación, Montserrat Gomendio, la mayor de las complicidades para compartir su vida privada.