Mitos y realidades sobre el TDAH

Es un problema médico, igual que la diabetes o la hipertensión arterial. Todo niño con TDAH tiene un trastorno de origen neurobiológico que, aunque puede estar influido positiva o negativamente por el medio que le rodea, no está generado por este.

El TDAH (Trastorno por Déficit Atencional con o sin Hiperactividad) es un trastorno que afecta a muchos niños y adultos. Sin embargo, existen muchos mitos alrededor de esta patología, llegando incluso a negar su existencia. La Dra. Russi, especialista en Neurología Infantil, nos los explica a continuación.

“¿El TDAH no existe, es una moda y un invento de las industrias farmacéuticas?”

El TDAH parece haberse convertido en los últimos años en el centro de atención de muchos medios de comunicación. De hecho, se ha llegado a decir que se trata de un trastorno “inventado” o “que está de moda”. Día tras día los padres son bombardeados y culpabilizados mediante una serie de informaciones contradictorias y, en muchas ocasiones, totalmente incorrectas.

Sin embargo, lejos de ser un trastorno que “está de moda”, lo cierto es que el TDAH fue descrito en la literatura científica por primera vez hace más de 100 años, por el pediatra inglés George Still.

Desde entonces mucho se ha avanzado en el conocimiento de la patología, existiendo actualmente infinidad de evidencias científicas (pruebas de neuroimágen funcional, SPECT, PET, test de genética molecular, etc.) para corroborar que el TDAH es un trastorno real, de base neurobiológica. En él existe una disfunción química que provoca una alteración en el funcionamiento de la región frontal del cerebro y de los circuitos con él relacionados (conexiones frontoestriadas).

¿La culpa es de los padres, de falta de límites. Es fruto del estilo de vida moderno y unos métodos de enseñanza inadecuados?

El TDAH no es cuestión de “falta de disciplina o de mano dura”. Es un problema médico, igual que la diabetes o la hipertensión arterial. Todo niño con TDAH tiene un trastorno de origen neurobiológico que, aunque puede estar influido positiva o negativamente por el medio que le rodea, no está generado por este. Los problemas emocionales, el estrés o las pautas educativas incorrectas no causan el TDAH.

Lo que causa el TDAH es una disfunción neuroquímica en áreas concretas del cerebro, existiendo un importante componente genético y factores ambientales que aumentan el riesgo de padecerlo (ingesta de alcohol, drogas y tabaco en el embarazo, prematuridad y bajo peso al nacer, etc.).

La parte del cerebro involucrada en el TDAH es el lóbulo prefrontal y se encarga de:

  • Inhibir y “poner freno” a nuestra conducta y nuestras emociones.
  • Mantener la atención en tareas tediosas, repetitivas o largas, “persistiendo en el esfuerzo”.
  • Usar el autocontrol.
  • Hacer planes de futuro utilizando un “lenguaje interno” (reglas o auto instrucciones).

Para que una acción se lleve a cabo (concentrarse, organizar acciones, controlar los impulsos, etc.), debe existir un buen funcionamiento de los circuitos cerebrales que se encargan de ello. Para que esto sea posible se necesitan unos mensajeros químicos llamados dopamina y noradrenalina. Estos mensajeros favorecen que la información pase de una neurona a otra, completando de esta forma el circuito neuronal que permite llevar a cabo una acción determinada. De esta forma, cuando este delicado equilibrio se altera (por un defecto en estas sustancias) y el mensaje no es capaz de pasar de una neurona a otra, el resultado es una función cerebral realizada de forma incorrecta. Por lo tanto, el TDAH no es diferente de otras enfermedades, no es culpa de nadie, puede ser tratado y se puede seguir adelante.

¿”Es un vago que no se esfuerza, porque cuando quiere lo hace bien”?

Un síntoma sorprendente en niños con TDAH es que su trabajo y rendimiento escolar pueden ser muy variables de un día a otro. Es decir, unos días acaban con facilidad y sin ayuda la tarea escolar, mientras que otros su trabajo es pobre y necesitan mucha supervisión para acabarlo. Esto puede llevarnos a catalogarlos como “vagos”. El problema no es que no puedan hacer el trabajo, sino que les cuesta mantener el patrón de trabajo y de productividad de una manera consistente, de la misma forma que otros niños de su misma edad y que no padecen dicho trastorno, son capaces de hacerlo. Es por ello que se da un “trastorno de la variabilidad”. Tener días buenos y malos de forma más marcada que los otros niños forma parte de la misma naturaleza del TDAH, y padres y maestros deben conocer esta característica para no caer en un falso juicio. Un trabajo productivo y consistente necesita la habilidad para inhibir el impulso de no ocuparse de una tarea más “gratificante o divertida”.

¿”Es un problema de inmadurez que se resolverá con el tiempo”?

El TDAH es real, es un trastorno que no desaparece de golpe “con el tiempo” o “cuando el niño madure”. Dejando “pasar el tiempo” lo único que se consigue es poner en grave peligro el desarrollo emocional, social y académico del niño/a. El motivo por el que parecen más inmaduros tiene que ver con que están más controlados por la situación y las consecuencias inmediatas que otros niños de su edad. Además, tienen menos controlada su capacidad para seguir las reglas, “hablarse a sí mismos” y regular la conducta en base a las normas. A los niños con TDAH les cuesta crear y encontrar una “motivación interna” lo suficientemente fuerte como para mantenerse en el objetivo cuando el incentivo no es inmediato, como lo hacen los niños mayores (buenas notas al final del trimestre, premios a largo plazo, etc.). Esto hace que suelan abandonar con mayor facilidad que otros niños el trabajo o tarea que tenían entre manos. Es, por tanto, un trastorno que se debe tomar muy en serio, que no desaparece por sí sólo y para el que existen tratamientos muy eficaces.

¿”No aprende de los errores y tropieza siempre con la misma piedra”?

Pararnos a pensar y reflexionar sobre las consecuencias de nuestros actos nos permite “retener” una determinada información en nuestro cerebro, estudiar las posibilidades, compararlas con nuestras experiencias pasadas, y planificar una “acción de futuro”. Somos capaces de hacer conjeturas sobre lo que ocurrirá a continuación porque hemos pensado en nuestras acciones pasadas y construido con ellas una suposición de futuro. Esto explica que el ser humano sea capaz de emplear su “sentido del pasado” para construir un “sentido de futuro”.

En cambio, como en el TDAH existen dificultades para inhibir una conducta y pensar antes de actuar, es lógico que les cueste mucho aprender de sus experiencias y errores pasados, para no repetirlos en el futuro. La dificultad para “inhibir sus sentimientos y acciones”, de la misma forma que lo hacen los otros chicos de su edad sin TDAH, es lo que hace que estos niños parezcan emocionalmente inmaduros. “El TDAH no es un problema de saber qué hacer, sino de hacer aquello que sabes que tienes que hacer”. “Es un trastorno del autocontrol, de la fuerza de voluntad, de la organización y la dirección de la conducta guiada hacia el futuro”…

¿”No tiene TDAH porque puede concentrarse en los videojuegos y las películas”?

En las personas con TDAH el problema no es que haya una falta absoluta de concentración, sino que hay mayor dificultad (en comparación a los niños de su edad sin TDAH), en mantener la atención en tareas tediosas y/o aburridas, sobre todo si son largas y la gratificación no es inmediata (ejemplo: estudiar para tener buena nota a final de curso). La motivación fuerte y la gratificación inmediata les estimula. Como no pueden crear una motivación “interna” o “intríseca” tan bien como los demás (y no pueden mantenerse en actividades, planes o metas tan bien como los otros cuando el incentivo es pequeño), pierden con mayor facilidad la motivación necesaria para mantenerse en el esfuerzo. Como explicábamos en el apartado anterior, les cuesta utilizar su sentido del pasado para crear un sentido de futuro, razón por la que les es muy difícil retrasar la gratificación.

¿”Actualmente hay polémica sobre el TDAH y su tratamiento”?

Hoy en día, en los medios científicos acreditados y serios no hay ninguna duda ni polémica en cuanto a la existencia del TDAH como un trastorno real y de base neurológica, ni tampoco en referencia a la eficacia y seguridad de los tratamientos farmacológicos que existen para tratarlo. Los resultados de las investigaciones y las más de 200 publicaciones científicas controladas son tan concluyentes que no existe ninguna controversia al respecto.

La Dra. María Eugenia Russi Delfraro es Neuróloga infantil en Barcelona y la puedes encontrar en TopDoctors.