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8M, pidiendo lo que ya se tiene

Si usted que me lee es un feminista tranquilo, de infantería, uno normalito sin traumitas ni complejos, absténgase de sentirse ofendido.

Manifestación del 8 M
Manifestación del 8 M

No he conseguido encontrar ninguna propuesta concreta en ninguno de sus manifiestos que se refiera a alguno de los aspectos en los que la mujer puede, y debe, aspirar a mejorar. Todo son peroratas abstractas, difusas, algunas paranoicas y otras victimistas, cargadas de frases hechas y lugares comunes, con mucha transversalidad, eso sí, mucha sororidad y muy poco pundonor.

La jornada del 8 M, con más de 550.000 manifestantes, fue un éxito de las convocantes del que no me siento partícipe, como muchas mujeres, pero que reconozco y celebro. No es moco de pavo conseguir que tanta gente se ponga encima un color tan poco agradecido como es el morado y se lance así a las calles en tropel.

No, ahora en serio, que me consta que lee esta columna gente con serios problemas para manejarse con el sentido del humor y, pese a que les presupongo adultos e inteligentes, tampoco quiero provocarles un ataquito de ira de imprevisibles consecuencias por una chufla más o una chufla menos. Como decía, en serio, es increíble lo que se logró ayer en España: que salgan a la calle 550.000 personas, existiendo Netflix y la batamanta, a pedir algo que ya tenemos y que contempla nuestra constitución. Artículo 14 y cito textual: Los españoles son iguales ante la ley, sin que pueda prevalecer discriminación alguna por razón de nacimiento, raza, sexo, religión, opinión o cualquier otra condición o circunstancia personal o social. Hola, Carmen Calvo.

Si bien es cierto que, pese a ser uno de los cinco países donde la mujer disfruta de mayor bienestar, justicia e inclusión (no lo digo yo, lo dice el ranking internacional WPS del instituto Georgetown para la mujer, la paz y la seguridad), todavía hay avances por lograr. Aún así, no he conseguido encontrar, por más que he buscado, ninguna propuesta o reivindicación concreta en ninguno de sus manifiestos o argumentarios que se refiera a alguno de los aspectos en los que la mujer puede, y debe, aspirar a mejoras. Todo son peroratas abstractas, difusas, algunas paranoicas y otras victimistas, cargadas de frases hechas y lugares comunes, con mucha transversalidad, eso sí, mucha sororidad y muy poco pundonor. Lo más específico que he encontrado son los conceptos “brecha salarial”, “techo de cristal” y “cultura de la violación”, contra los que luchan con todas sus fuercecitas. En los tres casos, obviamente, se trata de una lucha baldía, pues los tres conceptos son, como mínimo, equívocos.

Aquí, y antes de continuar, es cuando aclaro por enésima vez (es agotadoramente necesario hacerlo) que me refiero única y exclusivamente al esquizofeminismo imperante e intransigente, también llamado de cuarta ola. Si usted que me lee es un feminista tranquilo, de infantería, uno normalito sin traumitas ni complejos, absténgase de sentirse ofendido. Y si lo hace que sea bajo su propia responsabilidad y, sobre todo, absténgase de hacérmelo saber. A mí, como a Red Butler en su momento, francamente, me importa un bledo.

Sigo. Como decía, los tres conceptos son, como mínimo, inexactos. Y me explico:

No existe una brecha salarial tal y como nos la vende este feminismo. No hay en España una sola mujer que cobre menos que un hombre por desempeñar el mismo trabajo durante el mismo número de horas. Y si alguien conoce un caso debería denunciarlo ya mismo, sin acabar de leer a esta que les escribe, porque es ilegal y anticonstitucional. No encubran un delito.

Manifestarse en contra de la brecha salarial es como salir a protestar porque en España se están mutilando niños. Efectivamente, las estadísticas del INE indican que cada mujer española tiene 1,3 hijos. Pero no conozco a nadie, ni a nadie que conozca a nadie, que tenga un hijo y un tercio. Conozco mujeres con uno, con dos, con ninguno. Incluso conozco a una mujer con cinco (¡¡cinco!!) hijos. Pero a ninguna con uno y un poquito. Con la brecha salarial pasa exactamente igual. Ni una sola mujer, insisto, cobra menos que un hombre en el mismo puesto. En términos estadísticos, el salario medio del conjunto de los hombres españoles es superior al conjunto medio de las mujeres españolas por múltiples razones (como pueden ser horas desempeñadas, peligrosidad, profesion, cargo...). Y ahí tienen la mal llamada brecha salarial. Qué chasco, ¿verdad?

No existe un techo de cristal tal y como nos lo vende este feminismo. Las mujeres españolas podemos cursar los estudios que deseemos en base a nuestros intereses y deseos. Tenemos las mismas oportunidades y los mismos problemas que los hombres para incorporarnos y permanecer en el mercado laboral. Ser mujer no nos incapacita para desarrollarnos profesionalmente ni para acceder a puestos de responsabilidad o de alta dirección. ¿Sabían que la directora del CSIC es una mujer? No necesitamos que un Estado paternalista nos aúpe y nos allane el camino, porque estamos capacitadas para hacerlo nosotras. Lo que necesitamos son medidas reales que nos permitan conciliar nuestra vida personal y profesional. Es esa falta de facilidades para conciliar la que nos empuja en ocasiones a renunciar a uno u otro ámbito, en una decisión íntima y personal de acuerdo a nuestras necesidades o preferencias en ese momento en concreto. Ese es nuestro techo de cristal. Y ahí es donde debería ponerse todo el esfuerzo y aplicar medidas reales para que no nos veamos obligadas a hacerlo. Pero no en culpabilizar a un supuesto constructo social, principio y fin de todos los males, que ha establecido y orquestado todo un plan maléfico con el único objetivo de perjudicar a las mujeres por el mero hecho de serlo. No, hombre, no.

No existe una cultura de la violación. Nadie acepta ni normaliza la violación, no es algo cotidiano. Nadie va a culpabilizar ni señalar a una víctima de violación. Lo que no se puede, ni pedir ni exigir, es que se crea por defecto a un denunciante únicamente en función de su sexo. La presunción de inocencia es un derecho fundamental, pilar básico de cualquier estado democrático. Que exista la posibilidad de encontrarse, por desgracia, con personal que no desempeñe su cargo con la diligencia y el tacto que cabría esperar en situaciones tan sensibles como esta no justifica la afirmación de que eso ocurra sistemáticamente.

Es directamente mentira que la cultura jalee y celebre actitudes de abusos sobre la mujer. En todas las manifestaciones artísticas en las que pudiera aparecer una violación es siempre presentada como lo que es, un acto despreciable y repugnante, y, quien la perpetra, un ser vil y abyecto. Puede que haya alguna obra más ambigua, ahora mismo no soy capaz de recordar ni una sola, pero desde luego no en un número tal como para aceptar una generalización que pueda dar nombre a un movimiento cultural. Es alarmista e irresponsable transmitir una sensación de inseguridad e indefensión a la mitad de la población que no se corresponde con la realidad. Y es imprudente y miserable señalar a la otra mitad como culpable.

Dicho todo esto, vuelvo a felicitar a todas las mujeres que ayer salieron a la calle a expresar su opinión y sus emociones, a reivindicar aquello que consideraban justo y exigirlo de manera pacífica y festiva. Quiero felicitarlas por poder manifestar en libertad y sin miedo sus ideas y sus opiniones. Y brindo porque absolutamente todo el mundo pueda seguir haciendo lo mismo, independientemente de que esas ideas y opiniones encajen, punto por punto y sin fisuras, con aquello que se supone que todos debemos opinar. No sé si me pillan...