“Es incoherente permitir que un maltratador eduque a sus hijos”

Olga Carmona, psicóloga clínica

¿Deben cambiar las leyes y prohibir a quién maltrata tener la custodia de sus hijos? Olga Carmona lo tiene claro: no se puede educar desde la perspectiva de alguien que es agresivo, ni es ético ni es coherente.

La polémica salta una y otra vez, muy especialmente cuando se conoce un nuevo caso de violencia machista acompañado de maltrato a los hijos. El año 2017 se cerró con la increíble cifra de 48 mujeres asesinadas que dejaron huérfanos a 27 niños y 8 niños fueron asesinados por su padre. En todos los casos el padre también maltrataba a la madre. Los expertos se ponen de acuerdo: un hombre que maltrata a la mujer no es un ejemplo como padre. Sin embargo la ley no refleja esta premisa y muchos condenados por maltrato hacia su ex pareja disfrutan de permisos para ver e incluso pernoctar con sus hijos y comparten la patria potestad.

-¿Por qué un maltratador no debería ver a sus hijos?

-Porque es un maltratador, y no es una tautología barata ni un juego de palabras. Se cae por su peso que alguien que maltrata no es, por definición, una buena persona, es alguien con una estructura de personalidad lesiva, dañina, con creencias tóxicas sobre cómo deberían ser las cosas, con deseos extremos de control, que cree que las personas le pertenecen y cuando no se ajustan a sus deseos o necesidades, es agresivo. Y eso lo engloba todo.

Un maltratador lo es con todo aquello que decide que le pertenece o que no responde a sus deseos: mujer, hijos, mascotas, amigos, empleados... Por otra parte, ¿en qué cabeza cabe que un hombre que ha maltratado de una u otra manera a alguien es un buen referente para un niño? ¿Desde qué lugar de coherencia y ética se puede educar siendo agresivo y maltratando a quienes se supone que quieres? Además, hay una razón, si se quiere con más peso que todo lo demás y es que la probabilidad de que un niño cuyo referente paterno y masculino es de agresión y maltrato, se convierta a su vez en un maltratador en su vida adulta es enorme. De igual manera sabemos que aquellas niñas que tuvieron referentes masculinos de maltrato tienen un alto riesgo de convertirse a su vez en mujeres maltratadas. Si permitimos que los maltratadores eduquen desde su rol de padres, nunca romperemos el círculo de la violencia.

Los niños aprenden a establecer vínculos de la mano de la calidad de relación que establezcan con sus padres y también de cómo sea la relación entre estos. Puesto que este es un aprendizaje temprano, lo que llamamos un introyecto, no podrá decidir ni juzgar si es “bueno o malo”, sencillamente lo absorberá y tenderá a reproducirlo si no hace un trabajo de toma de conciencia y decide voluntariamente revertir el ciclo.

La premisa de que es un maltratador con su mujer pero sin embargo buen padre, encierra una contradicción que no tiene solución, porque sencillamente es falsa. No somos seres con compartimentos estancos, la personalidad y las creencias que tenemos sobre nosotros mismos y sobre el mundo, lo impregnan todo, nos definen.

-Siempre que este debate sale hay voces que dicen: pero esto también tendría que hacerse con las maltratadoras.

-Estoy de acuerdo, si una mujer es maltratadora creo que se le debe impedir la educación de sus hijos, por las mismas razones. Lo que ocurre es que estadísticamente está demostrado que la proporción de mujeres que maltratan a sus hijos es menor y suele obedecer a trastornos de personalidad, adicciones, es decir, suele haber una patología detrás. Si bien las mujeres también pueden ser agresivas, lo son en menor grado. Esto se explica en base a razones culturales y biológicas, entre otras.

Lo que creo fundamental es dejar claro que no se trata de ideologías de género, ni de quien tiene más razón, sino de proteger y cuidar por encima de todo el interés del menor, que siempre es la víctima por definición y el más vulnerable. En mi opinión, sólo siendo educados sin maltrato se puede romper el círculo de la violencia.

-El perfil psicológico de estas personas nunca es una enfermedad, por lo tanto no puede hablarse de eximente pero...¿se puede cambiar, mejorar este diagnóstico o no se puede hacer nada?

-Para ser precisos y no caer en absolutismos simplistas, es necesario indicar que lo correcto es decir que no es frecuente encontrar causas psicopatológicas que expliquen el comportamiento violento, si bien casi siempre existen alteraciones psicológicas relacionadas con creencias sobre la mujer y las relaciones, déficit en el control de impulsos y en el control de la ira y un claro desajuste en el desarrollo de la empatía. Para que la mayoría de las personas que no son profesionales de la psiquiatría o la psicología lo entiendan, el hecho de tener déficit o alteraciones psicológicas no implica la pérdida de la voluntad ni de la conciencia sobre lo que está bien o mal. Es decir, en tanto el agresor es consciente de sus actos y tiene la capacidad para cambiarlos, no es un enfermo.

Existen programas de rehabilitación que tienen escasos resultados, básicamente porque los agresores abandonan los tratamientos o porque no llegan a ellos por auténtica motivación para el cambio sino porque se lo ordena un juez. Los psicólogos podemos y debemos ayudar a cambiar comportamientos desadaptados pero necesitamos que la persona tenga un interés genuino en querer cambiar. Sin esa premisa, el fracaso está garantizado.

-Este perfil se hace o se nace? Todos los padres podemos tener un potencial maltratador o es una cuestión de educación?

-Salvo raras excepciones, se hace. El comportamiento violento aparece y se perpetúa porque resulta útil, el agresor consigue beneficios a través de la fuerza, del miedo, de la presión sobre el otro. La violencia se aprende, se transmite de padres a hijos de la misma manera que el resto de comportamientos. Cuando un niño aprende que la agresión, la intimidación, la manipulación, son recursos que sirven para alcanzar un fin, se valida y se perpetúa. Pasará a formar parte del repertorio de conductas de ese futuro adulto. Por otra parte, la sociedad también juega un papel esencial al tolerar y admitir como válidas muchas formas de violencia. Y no basta con sostener de palabra que no se pega o no se insulta etc... hay que ser espejo y referente sólido frente a una sociedad que ha normalizado y lo sigue haciendo determinadas formas de violencia como recurso, de defensa, de ataque o de medio para lograr un fin. Está instalada en el corazón de nuestras sociedades al punto de no detectarla como tal.

Si bien no podemos hablar de un único perfil de maltratador, sí se han descrito en la literatura clínica algunos factores que predicen o aumentan significativamente la probabilidad de comportamientos violentos: el abuso del alcohol o drogas, una infancia con malos tratos, creencias de control y posesión que derivan en celos, cogniciones sobre la superioridad de los hombres sobre las mujeres, inseguridad y baja autoestima. Es importante señalar que el comportamiento agresivo tiene carácter crónico, el maltratador recurrirá al maltrato en todas y cada una de sus relaciones de pareja.

-Detrás de secuestrar a los hijos hay una clara intención de...

-Infligir el daño más atroz que se le puede hacer a una madre. Las que somos madres tenemos una excepcional vulnerabilidad en tanto cualquier dolor que puedan sentir nuestros hijos se multiplica exponencialmente en nosotras. Es el daño extremo. Y es un tipo de maltrato que no tiene escapatoria. La mayoría de mujeres hará cualquier cosa para evitar el sufrimiento de sus hijos y los maltratadores lo saben. Es nuestro talón de Aquiles.

-¿Por qué los políticos no escuchan para poder cambiar las leyes?

-Las leyes van cambiando tímidamente, siempre ha sido así. Las sociedades piden a gritos cambios, avances, reivindican su necesidad, afloran voces valientes que se atreven a cuestionar el status quo, mientras que los políticos escuchan y actúan cuando ya es inevitable, cuando el malestar atenta contra el equilibrio del sistema. Los políticos son mayoritariamente hombres, no lo olvidemos. Y no olvidemos tampoco que vivimos en una sociedad donde las mujeres aún ganan menos dinero que los hombres por puestos idénticos y lo hemos asumido. Aún estamos ahí. Eso nos da una idea de a qué ritmo cambian las cosas. Además o sobre todo, no hemos tomado conciencia de las proporciones de éste fenómeno que tiene tintes de pandemia. De alguna forma queremos seguir viéndolo como sucesos aislados, esporádicos, alejados de nuestras realidades cotidianas cuando no es así. Lo que vemos en las noticias sólo es la punta del iceberg de una realidad instalada en una sociedad donde la mujer sigue siendo un ciudadano de segunda aunque las leyes nos digan lo contrario. El maltrato hacia mujeres y niños en cualquiera de sus variantes es pandemia aquí, y en el resto del mundo.