Nuestra relación con la comida se fragua en la infancia

La autora del libro “Tu relación con la comida habla de ti” explica como, en lugar de escuchar las señales del cuerpecito de un niño, como adultos pensamos que sabemos más que ellos

Desde nuestra niñez empezamos a crear una relación con la comida a través de hábitos que adquirimos, creencias sobre lo que nos dicen qué es bueno y qué es malo, la relación con la comida de nuestros padres, el chantaje emocional para que el niño termine lo que tiene en el plato

Desde nuestra niñez empezamos a crear una relación con la comida a través de hábitos que adquirimos, creencias sobre lo que nos dicen qué es bueno y qué es malo, la relación con la comida de nuestros padres, el chantaje emocional para que el niño termine lo que tiene en el plato (“si te comes todo eres un buen niño”), etc.

Sumati Diez Querol, Coach Nutricional y autora del libro “Tu relación con la comida habla de ti” nos explica como, en lugar de escuchar las señales del cuerpecito de un niño, como adultos pensamos que sabemos más que ellos lo que necesitan y les hacemos engullir comida sin darse cuenta a través del juego del avión o, como nosotros tenemos prisa, queremos que coman rápido para pasar a la siguiente actividad.

Los niños necesitan alimentos naturales cocinados de forma sencilla (frutas, verduras, cereales integrales, legumbres, pescado, frutos secos, etc). Si se acostumbran a estos alimentos, éstos serán los que nos pidan. En cambio, si les damos alimentos que estimulan sus papilas gustativas por ser ricos en azúcar (pasteles, bollería industrial, chocolates, etc), en sal (patatas fritas u otros snacks salados) o poco naturales (con conservantes, estimulantes del sabor, etc) dejarán de saborear los alimentos naturales y solo querrán alimentos procesados.

Con la mejor intención del mundo, como padres vamos “orientando” a nuestros hijos sobre lo que deben o no deben comer. Y sin darnos cuenta les vamos separando de los mensajes de su propio organismo. Hay estudios que demuestran cómo si ponemos diferentes alimentos delante del niño, ricos en diferentes tipos de nutrientes y dejamos que sea el niño el que elija lo que quiere comer, la combinación de alimentos es justo la que necesita.

Este tipo de frases que parecen inofensivas y que posiblemente te dijeron en algún momento en tu infancia: “acábate lo que tienes en el plato, los niños en África se mueren de hambre”, es uno de los motivos por los que nos cuesta dejar algo en el plato. Y fomenta que comamos más de lo que necesitamos.

Para Sumati el hambre emocional, un hambre irracional que nos lleva a comer mucha cantidad de alimentos sin tener hambre física real (que puede ir desde comer más de lo que necesito porque está rico hasta darnos atracones) comienza en la infancia. Y uno de sus efectos cuando somos mayores es que estamos tan desconectados de nosotros mismos que no sabemos si tenemos hambre o no, o siempre tenemos hambre, o nunca llegamos a sentir hambre porque antes ya nos hemos dado el atracón.

Aprender a relacionarnos con los alimentos desde la escucha de nuestras propias señales, ser capaces de dejar de comer cuando consideramos que hemos comido suficiente, no prohibirnos ciertos alimentos y obligarnos a comer otros que no nos gustan, hacen que nuestra relación con la comida sea más sana.

Y si un día el cuerpo nos pide un alimento que consideramos poco sano, podemos elegir comer un poco, despacio y disfrutándolo. Sin generar culpa ni arrepentimiento después porque lo hemos hecho de forma consciente. En cambio, si nos los prohibimos y tratamos de controlar el resultado será que, cuando nos saltemos ese control devoraremos y comeremos de forma inconsciente y mucha más cantidad.

Cuando estamos conectados con nosotros mismos el cuerpo nos pide alimentos que nos hacen sentir con vitalidad, nos apetece hacer deporte y cuidarnos es un placer. Transmitir esto a nuestros hijos es un gran legado que podemos dejarles.

Si quieres ayudar a tu hijo a generar una buena relación con la comida aquí tienes algunas claves:

· Dar ejemplo con los alimentos que ingerimos los padres y la forma de relacionarnos con ellos. No podemos obligarles a comer ciertos alimentos “saludables” y que luego nos vean comiendo alimentos que ellos tienen “prohibidos” por no ser saludables. La incoherencia que esto les genera afecta a su relación con la comida.

· Escuchar las señales de hambre y de saciedad a través del juego: ¿qué te pide el cuerpo?, ¿cuánto hambre tienes en este momento de 0 a 10?, ¿en qué parte de tu cuerpo sientes el hambre?

· Evitar obligarles a terminar lo que tienen en el plato, que sean ellos los que decidan cuando terminar confiando en sus propias señales de hambre y saciedad. Podemos preguntarles: ¿quieres más?, ¿cuánto de saciado estás?, ¿es suficiente?

· Que participen en la compra de alimentos, cocinar con ellos y mezclar colores, texturas, formas, etc.

· Que compartan en la mesa con el resto de la familia y no coman solos.

· Que coman a su tiempo sin meterles prisa. Los niños son muy perceptivos a nuestro estado de ánimo, si nos sienten con estrés se tensan. Quizá puede ayudar hacer alguna respiración profunda antes de empezar a comer o reconocer los nutrientes que van a aportar los alimentos que se van a ingerir o dar las gracias a las personas que han cocinado con amor esa comida.

· Aportarles alimentos naturales y evitar los menús infantiles de las celebraciones. Este tipo de menús ricos en fritos, bebidas azucaradas o productos cárnicos procesados (salchichas, por ejemplo) dañan su sistema digestivo.

· Que conozcan las propiedades de los alimentos y tomen consciencia de cómo estos afectan a nuestra energía y alegría en el día a día.

· Sanar nuestra propia relación con la comida es vital para no pasarles a ellos nuestros patrones cuando estos son negativos. Para cambiar nuestros patrones alimenticios y conseguir una relación sana con la comida a nivel individual y, también, familiar, puede ser de gran ayuda el acompañamiento de un coach nutricional.