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¿Por qué me tengo que acostar si todavía es de día?

Si usted tiene hijos en edad escolar le sonará esa pregunta. Y es que acostarse con un sol radiante resulta poco estimulante para la mayoría de los niños

Annie Spratt on Unsplash
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Si la hora media de irse a la cama es entre las 20.30 y 21.30, en muchas partes de España en el mes de octubre es todavía de día y en muchas familias se escuchará la típica pregunta-reproche: ¿Por qué me tengo que ir a la cama si todavía es de día?

Tras los meses de verano y con la vuelta al colegio, los niños pueden experimentar problemas a la hora de irse a la cama. Es comprensible que después de pasarse un largo periodo de tiempo acostándose más tarde, sin una rutina diaria y teniendo otro ritmo de vida, no sea fácil que concilien el sueño. Además a esto se le suma la vuelta al colegio, que puede estar llena tanto de nerviosismo e ilusión por comenzar un nuevo año escolar, como de falta de ganas, apatía o pereza por volver a la escuela. Pero quizás lo peor para ellos es que, si son pequeños, se van a dormir a plena luz del día y, no solo eso, a pleno sol y en un horario que semanas atrás bien podían estar jugando en la calle, piscina o la playa. Si la hora media de irse a la cama es entre las 20.30 y 21.30, en muchas partes de España en el mes de octubre es todavía de día y en muchas familias se escuchará la típica pregunta-reproche: ¿Por qué me tengo que ir a la cama si todavía es de día?

No dormir un número adecuado de horas en la infancia puede conllevar desde problemas en la concentración, irritabilidad o incluso dificultades en el aprendizaje. Para evitar que la salud de nuestros hijos se vea resentida por la falta de sueño debemos hacer de la rutina nuestra mejor aliada.

¿Cuántas horas deben dormir los niños? Según la Academia de la Medicina del Sueño de Estados Unidos, oscilan entre 16 horas para los bebés y 8 horas para los adolescentes. Más concretamente, para niños de entre 3 a 5 años, deberían dormir de entre 10 a 13 horas diarias, incluidas las siestas. Para los menores que tienen entre 6 y 12 años es recomendable que duerman de 9 a 12 horas, y por último, para los mayores de 13 se recomienda un mínimo de 8 horas.

Actividades rutinarias. Para que la hora de irse a la cama no sea un drama, es mejor mentalizarles mediante actividades que les van avisando que la hora de dormir se acerca. Siempre es bueno crearles rutinas como hacer que se laven los dientes o tomar un baño. Es especialmente importante la realización de alguna actividad física durante la infancia. Tras un día de colegio, si además les apuntamos a alguna actividad física a la que vayan al menos dos veces por semana, no sólo les beneficiará a la hora de dormir sino que también lo hará en su desarrollo físico y mental.

Cambia de aires la habitación. Un cambio en la distribución de los muebles siempre viene bien si les hacemos partícipes del mismo. Que nos ayuden a redecorar su habitación es una manera de crear un entorno en el que se encuentren cómodos y con ganas de irse a su “nueva habitación”. También es el momento de renovar la ropa de cama e invertir en un colchón para niños, en el que tu hijo pueda disfrutar de la máxima comodidad. Algunos de estos colchones se venden con una sábana protectora para que si hay algún pequeño accidente por la noche, no sea ningún drama, pudiendo lavar la sábana en la lavadora.

Relajación. Que se vayan a la cama tranquilos facilitará que concilien el sueño de una manera más rápida. Es por eso que es desaconsejable darles bebidas energéticas a la hora de la cena o realizar actividades que les puedan alterar demasiado por la noche. No hay nada mejor que un baño de agua caliente utilizando aromas relajantes, como la esencia de lavanda, antes de irse a la cama. También se recomiendan las infusiones como la manzanilla o la camomila para calmar los nervios y para que descansen mejor.

Trastornos del sueño. Tenemos que tener en cuenta, que los niños de entre 3 a 5 años son más propensos a tener trastornos del sueño. En estas edades se empiezan a tener las primeras pesadillas y miedos que pueden provocar los temidos terrores nocturnos. Es esencial apoyarlos y “luchar”, junto con ellos, contra el monstruo que se encuentra debajo de la cama mostrándoles que no existe tal cosa. Si estos trastornos del sueño se repiten diariamente, no dudes en hablar con su pediatra para asegurar la calidad del sueño de tu hijo.