Una decisión muy valiente: la mujer de Feijóo deja su exitosa carrera laboral para dedicarse a cuidar a su hijo

A pesar de que muchas feministas criticarán su decisión, esta es inteligente y acertada para ella y para su bebé

  • Una imagen de la pareja formada por Alberto Núñez Feijóo y Eva Cárdenas
    Una imagen de la pareja formada por Alberto Núñez Feijóo y Eva Cárdenas

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30 de octubre de 2018. 09:58h

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Gema Lendoiro Madrid. 30/10/2018

Que las personas son más importantes que las cosas es una obviedad que muchas descubrimos en su máxima expresión cuando tenemos hijos. He visto mujeres totalmente entregadas a su profesión, ejecutivas totalmente enganchadas a sus trabajos que se han transformado en otras mujeres, muchísimo más humanas, cuando han tenido un bebé. La maternidad es un proceso tan importante en la vida de cada mujer que consigue cambiar hasta las prioridades hasta el momento del parto, inquebrantables.

Eva Cárdenas, pareja sentimental del presidente de la Xunta de Galicia, Alberto Núñez Feijóo, responde al prototipo que no parece conocer el famoso techo de cristal ni la brecha de género. Con una brillantísima carrera a sus espaldas, todo, o casi todo parece que lo hizo antes de convertirse en madre, hecho que sucedió con 50 años, una edad muy poco habitual para tener hijos, mucho menos el primero. Un año y poco más tarde, Cárdenas ha decidido dejar su importante cargo para dedicarse a su hijo tal y como ha explicado a través de un comunicado.

Muchos no entenderán esta decisión que criticarán con saña. Es más, habrá incluso muchísimas mujeres que pensarán que este acto perjudica a la búsqueda de la igualdad, que haciendo esto Eva Cárdenas da un malísimo ejemplo a las demás. Sin embargo otras muchas no solo la entendemos, sino que, además, la aplaudimos. En primer lugar porque ha sido hecha desde la libertad (y esto es lo más importante) y en segundo lugar porque la decisión ha sido, según su comunicado, porque ha priorizado el cuidado de su hijo frente a su exitosa carrera. En el año 2018 esto no deja de ser entre una excentridad y una heroicidad.

Es verdad que ella es una privilegiada que se puede permitir ese lujo. No todas las mujeres en España pueden. O las que lo hacen están en el otro extremo, es decir, tienen sueldos tan bajos que no les compensa ir a trabajar ya que prácticamente todo lo que ganan se iría a pagar una escuela infantil (esto paso mucho en grandes ciudades en mujeres sin familia cerca y que se quedan sin plazas de guardería pública y no cobran ni 700 euros al mes). Sin embargo que la pareja de Feijóo sea una privilegiada no significa que no tenga los mismos remordimientos y sentimientos encontrados que muchas mujeres. Su trabajo no es, desde luego, de 8 a 3 e imagino que unas jornadas laborales tan largas llegando a casa la mayoría de los días cuando tu hijo ya duerme, pasan factura. No olvidemos, además, que el padre del niño es el presidente de la Xunta de Galicia. No tengo la agenda de Feijóo pero tampoco creo que su dedicación laboral le permita estar en casa a las 17 para bañar al niño y jugar con él. Por no hablar de los fines de semana que los políticos suelen trabajar también.

Es de suponer que habrá meditado largamente esta decisión y si bien irse a casa no tiene que ser para toda la vida, habrá sido también duro para ella tener que elegir. Bienvenida. Las mujeres, ante el hecho de la maternidad y con pocas oportunidades para “conciliar”, finalmente siempre terminamos eligiendo. Y en esa elección, una de las dos opciones sale perdiendo. No hay otra.

Perderte horas de la vida de los hijos es algo que pasa a muchas personas cuando trabajan en puestos que requieren mucha dedicación así como muchos viajes. Es políticamente incorrecto afirmar que no es lo mismo una madre que un padre pero lo cierto es que la biología, la ciencia no deja lugar a dudas. De hecho los dos primeros años de la vida de un hijo pertenecen a la llamada exterogestación, algo así como una gestación fuera del útero (como los canguros) y que es así puesto que el ser humano nace, en comparación con el resto de los mamíferos, muchísimo antes de que pueda valerse por sí mismo. Todo esto entronca con la bipedestación y el hecho de que una gestación mayor de 9 meses sería absolutamente imposible para la pelvis de la mujer.

La naturaleza sigue su curso hoy exactamente igual que hace 5 mil años en cuanto a crianza se refiere. No se entera de los avances sociales, culturales, tecnológicos... y, por supuesto, no comulga con ninguna ideología salvo la de salvaguardar la vida. Es por esto con pone en marcha cientos de mecanismos cuya única y exclusiva finalidad es que la madre se enamore literalmente de su bebé y la cuide y críe de la mejor manera posible evitándole toda suerte de desgracias y contratiempos. Todo está perfectamente diseñado en la biología para que el principal fin de la misma: la supervivencia de la especie sea posible.

Es por eso que desde el momento del parto comiencen toda una serie de batería de medidas encaminadas a este fin. La mujer alcanza en ese momento los máximos niveles de oxitocina que le permitirán soportar el dolor mejor (la anestesia es de la década de los 50 del siglo XX), que harán que le suba la leche para amamantar a su hijo (la leche de fórmula también es un invento del siglo XX), y esa oxitocina será también la responsable de que la mujer desee estar con ese bebé de una manera intensa, única y especial como nunca jamás lo había deseado con nadie. Progresivamente y según pasen los días ese enamoramiento irá in crescendo y será absolutamente necesario para que la madre pueda soportar las dificultades varias de la crianza. Hoy día todo es mucho más sencillo pero la naturaleza nos diseñó pensando en condiciones infinitamente más duras y tenía que premiar esas crianza como algo absolutamente placentero para evitar que la madre abandonase a su bebé.

De hecho la lactancia es una parte de la sexualidad femenina profundamente placentera para la madre y el bebé siempre y cuando se dé de buena manera. Son los pequeños pero eficaces trucos que la naturaleza pone a disposición de las puérperas para que todo fluya mejor. Hay cientos de detalles que lo confirman. Por ejemplo, se sabe que las mujeres embarazadas o recién paridas sufren leves pérdidas de memoria con respecto a otros asuntos que nada tienen que ver con el cuidado de su bebé. Esto es así, también, para garantizar el cuidado. Cuanto más centrada esté en su hijo, mejor lo atenderá.

Pero no todo atañe a la mujer. El bebé también viene diseñado de serie para poder sobrevivir. Un ejemplo muy claro es cuando se discute del clásico método Estivill (dejar llorar a los niños cuando duermen solos para que aprendan a hacerlo solos). Bastaría cualquier charla de apenas 20 minutos de cómo funciona el cerebro de un bebé para darnos cuenta de semejante aberración. Resulta hasta sonrojante tener que explicar que un bebé no sabe que está durmiendo en una cuna dentro de una casa fuera del alcance de las fieras. No sabe que tiene a su lado un moderno aparatito que avisará a sus padres si se despierta. El bebé viene diseñado como en la época de Atapuerca y separase de su madre (o adulto) significa poder ser devorado por las fieras. Sí, sí, ya sé que no va a pasar pero eso el bebé no lo sabe. Por eso se desgañita si no se acude a buscarlo. Cualquier adulto, sin ir más lejos, no podría descansar solo a la intemperie en un bosque rodeado de lobos porque precisamente el estado de vigilia es el que garantiza que no nos maten. Sin embargo ese adulto podrá descansar si alguien se encarga de estar alerta mientras él descansa.

En el fondo todo esto sucede porque nos hemos alejado muchísimo de nuestra biología. Y no se trata de dar a luz en el bosque rodeada de mujeres que bailan con antorchas pero sí de reconocer que somos mamíferos y eso...pues algo tiene que influir.

Todo este idílico proceso dura al menos dos años. Es decir, hasta que el bebé-niño no cumple los dos y comienza a ser más “autónomo”, precisa de la constante presencia de su madre y en ausencia de ésta, requiere y reclama como el aire que respira la figura de apego que tenga, sea un padre, una abuela o una cuidadora. Cuanto más atendido en sus necesidades primarias sea un bebé, mejor será su salud mental en el futuro. Abrazos, brazos, lactancia materna, besos, placidez para descansar cuando así lo requiera, muchos mimos, mucha atención...todo eso es puro oro para un bebé y está al alcance de cualquier economía. La lactancia materna es gratis y el amor de una madre, afortunadamente, también. Y se traduce, por cierto, en menos violencia en el futuro.

Desconozco si Eva Cárdenas se perdió los primeros pasos de su hijo o la primera vez que dijo mamá. Desconozco si ha llorado en aviones pensando en que se está perdiendo lo mejor de sus primeros años pero estoy segura de que si ha tomado la decisión de dejar su vida laboral durante un tiempo (los niños, afortunadamente, crecen) es porque ha valorado que la infancia de su hijo es única e irrepetible, que ella es perfectamente sustituible en Zara pero no en la vida de su bebé y que esta es infinitamente más valiosa que todo lo demás que, por mucho que brille, no lo hace tanto como la sonrisa de un hijo, sus abrazos y sus te quiero.

Quién lo ha probado, lo sabe.

La mala noticia de esta noticia es que no todas podemos hacer eso y si prospera la ley propuesta por PSOE y Podemos de alargar la baja para los padres pero no para las madres, muchísimo menos. Cuánto bien haría a la sociedad que quienes toman esas medidas hablasen con los expertos en la materia, en la salud mental perinatal. Cuándo ganaríamos como sociedad. Los bebés “maternados” adecuadamente, sin prisas, sin agobios, sin guarderías a los 16 semanas, sin estrés, crecen más felices, sus madres (en general), también. Una sociedad que no protege y no cuida a la maternidad está condenada a recoger sus frutos en las generaciones venideras. El cortoplacismo de muchos trae todo esto.

Por supuesto y para evitar ningún tipo de enfrentamiento entre las mujeres, las bajas, las excendencias etc...deberán ser siempre voluntarias. Nada hay peor que obligar a un mujer a ejercer una maternidad escrita por ley. Pero lo cierto es que la mayoría de las mujeres preferirían quedarse un tiempecito más con sus bebés más allá de los 4 meses.

No faltarán voces de mujeres que, en nombre del feminismo, criticarán a esta mujer. Un feminismo muy mal entendido que no es capaz de entender que no somos iguales hombres y mujeres (sí en derechos, por supuesto) pero no biológicamente hablando. Muchas dirán que es un paso atrás y yo digo que es al revés, es un paso adelante. La vida laboral de una mujer es larguísima y los primeros años de un bebé, no. Además no vuelven. No entenderlo es no entender nada, es no entendernos como mamíferas, como mujeres. Este tema es muy interesante porque se defiende con la misma vehemencia que se critica desde posturas ideológicas antagónicas pero que coinciden en algo: en la búsqueda del bienestar materno y del bebé. Este caso debería ser lo normal y no una noticia.

Ojalá este caso haga pensar a más de uno. Al final de nuestras vidas, si llegamos a viejos, lo más probable es que valoremos sobre todo aquello que construimos en una familia y pasarán totalmente al olvido, esas eternas reuniones de trabajo y no así todos y cada uno de los cumpleaños de nuestros hijos así como sus actuaciones de navidad o fin de curso o las vacaciones que pasamos con ellos y que tanta felicidad nos aportaron y les aportaron a ellos.

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