Una reina de antes y de ahora

Isabel II es un ejemplo de monarca moderna que a la vez es fiel a la tradición. La pandemia del Covid-19 nos ha llevado a todos por derroteros inesperados y, como no, también a la realeza. Hemos sabido que el príncipe de Gales, lo mismo que el príncipe Alberto II de Mónaco, han sido infectados por el virus que a todos trae de cabeza. La edad de Carlos, 71 años, hace que requiera especial cuidado como también sus padres, el duque de Edimburgo, de 98 años, y la reina Isabel, de 93. Así que, estos últimos se han encerrado en el castillo de Windsor con los corgis de ella, una semana antes de lo habitual, y han cambiado sus rutinas. Se pospondrán los «garden parties» en Buckingham y en Holyroodhouse y las investiduras de caballeros y damas, donde ya la reina ha usado guantes recientemente, así como el Trooping the Colour, el Derby de Epsom y el sofisticado Royal Ascot. Y, desde luego, es muy posible que no se celebre la boda de su nieta la princesa Beatriz de York, prevista para el 29 de mayo. Por su parte, el príncipe de Gales, aislado en su casa escocesa de Birkhall, en Balmoral, ha anulado su previsto paseo primaveral por Bosnia-Herzegovina, Chipre y Jordania, con la duquesa de Cornualles, que sigue sana.

Carlos es el heredero al trono británico que más tiempo ha esperado para ceñir la corona. Ha ido tomando poco a poco más funciones, pero la incombustible Reina sigue en el trono. Después de que el duque de York y el duque de Sussex salieran de la circulación, por motivos diversos, el príncipe de Gales asume más peso que nunca en los deberes que la monarquía impone. Mientras, la Reina se mantiene en contacto con su variopinta familia a través de videollamadas. Lo dicho, una reina de antes y de ahora.