Alejandro Sanz y Ponce: ¿Asesores en la negociación de los presupuestos?

Si Alejandro Sanz y Raquel Perera han pasado de la guerra a un acuerdo maravilloso y si Enrique Ponce y Paloma Cuevas llevan camino de un pacto tan pacífico y benéfico, a la par que fraternal y ejemplar, que su divorcio podría ser bendecido hasta por el Papa, no se me ocurre por qué no deberían ser nombrados asesores especiales (¿qué importan dos o cuatro más?) para la negociación de los Presupuestos. Ellos o ellas, me da lo mismo. O los cuatro y sus abogados. Serían una gran aportación.

El del corazón partío reconvertido en doctor Barnard podría armonizar el coro de los independentistas y el torero darles una tanda de naturales a los astifinos de Podemos. Hay que evolucionar hacia nuevas fórmulas. Ahora se impone que ellas dediquen en Instagram éxtasis de juegos florales a sus amados. Después de lo de Ana Soria a su Ponce (lírica mística en inglés), llega Rachel Valdés, el nuevo corazón del cantautor, que escribe: «Qué bonito enamorarse de un corazón honesto, de un amor que no tiene ganas de ser pasajero». Que ella sea capaz de detectar corazones honestos y amores no pasajeros ha llamado la atención incluso de la clase política y se dice que Pablo Casado la quiere de asesora en Génova. Gran papel harían ellas como portavoces.

Y no digamos Cristina Pedroche, la más grande en habilidades lingüísticas. Porque tenemos un problema de comunicación: cuando Simón está muy ronco y cuando a María Jesús Montero le abandona la sintaxis como un desodorante barato, no se les entiende casi nada, lo cual puede ser perfecto (de hecho lo es) para el Gobierno de Sánchez, pero el personal se queda con las ganas de entender qué mentirijilla le están contando o la clave en plan película checa del mensaje subliminal.

En la visita de Gabriel Rufián a la Moncloa, ella dijo: «Estoy convencida de que hay mucho que nos une, pero, sobre todo, el amor por España». Después de este desbarre pasional de la portavoz, digno de María Jiménez en «Voy a perder la cabeza por tu amor», se espera con ansiedad la escena del sofá del tenorio Rufián con Sánchez: «¿No es verdad, ángel de amor/ que en esta catalana orilla/ más puro el pacto brilla/ y nos lo montaremos mejor?». O algo así.