El encierro anticovid de Felipe González y Mar García Vaquero

Alejados del foco mediático, la pareja se refugia en su finca extremeña hasta que la vacuna les saque a la luz pública

FELIPE GONZALEZ Y MARIA DEL MAR GARCIA VAQUERO
DURANTE UNAS VACACIONES EN PUNTA CANA
FELIPE GONZALEZ Y MARIA DEL MAR GARCIA VAQUERO DURANTE UNAS VACACIONES EN PUNTA CANAPBGtresonline

Cuándo comenzó la pandemia hace un año, Felipe González y su mujer Mar García Vaquero decidieron pasar ese primer confinamiento en El Penitencial. Un campo que compró el ex presidente en la sierra de Guadalupe en 2016 a su amigo el constructor Joaquín Vázquez y que se ha convertido en una vuelta a los orígenes para el ex presidente. En Extremadura fue donde hizo la mili. En este lugar tiene su taller de donde salen las esculturas que regala a sus amigos y la bisutería que vendía Elena Benarroch en la tienda del barrio de Salamanca. Fue la propia peletera la que convenció a González para que los colgantes, sortijas y pendientes se ofertaran en su local. No estaban al alcance de cualquiera, pues el precio de una sortija con un pedrusco de la resina milenaria podía alcanzar los cuatrocientos euros.

Una de las características del trabajo artesano del ex presidente era y es que suele trabajar con ámbar, cuyo origen se remonta a millones de años atrás. Las mujeres tenían más suerte que los hombres con los detalles del amigo. Algunas de las obras tenían un tamaño poco adecuado y se colocaban en un lugar principal cuando llegaba el autor y se volvían a guardar en el trastero al despedirse.

Durante un tiempo y debido a sus múltiples viajes por Latinoamérica para dar conferencias dejó aparcadas sus aficiones. Con el mundo cerrado por el coronavirus volvió a su campo desde donde ha realizado entrevistas telemáticas, escribe sus artículos y reorganiza sus recuerdos para otro libro de memorias. Otra de las cosas a las que se ha dedicado ha sido al cuidado de sus bonsáis. Al divorciarse, algunos se quedaron en el chalet de Pozuelo, otros los regaló y un tercer grupo los dejó en depósito en las casas y chalets de sus amigos que fue recuperando cuando adquirió la finca. José Bono fue uno de los cuidadores estacionales de los bonsáis del ex presidente. Su hija Sofía contaba al periodista Eduardo Verbo cómo tuvo la genial idea de imitar a su padre, pero en su caso cortando todas las ramas y al poco tiempo se secó.

El paraíso extremeño ha sustituido a sus estancias en la República Dominicana y en Colombia. En 2014 recibió, en una ceremonia presidida por el presidente Juan Manuel Santos, la ciudadanía colombiana y eran habituales sus viajes a Cartagena de Indias. Algún año se instalaba en Marbella en casa de su cuñado el empresario Pedro Trapote casado con Begoña García Vaquero. La falta de intimidad con los «paparazzis» haciendo guardia para plasmar sus salidas le hicieron cambiar de escenario. Como en otras ocasiones El Penitencial fue el lugar elegido para relajarse. Un campo donde solo había una nave agrícola en muy malas condiciones que el matrimonio González/García Vaquero reformó como vivienda para pasar (en sus inicios) los fines de semana o parte del verano. Los que conocen la casa aseguran que se trata de una construcción sin ostentación, muy hogareña y decorada con muy buen gusto por Mar García Vaquero. La construcción se remodeló de arriba abajo. Son seiscientos metros divididos en dos plantas con una estructura simple y un porche, donde los anfitriones organizan las tertulias con los amigos si el tiempo acompaña.

Un experto en migas

La casa tiene cinco habitaciones principales con baño incorporado, un comedor, una amplia zona de estar con chimenea, el despacho y la cocina que sirve también para las reuniones familiares mientras el expresidente se dedica a cocinar, otra de sus aficiones. Es de aire rústico con suelo de barro y una mesa grande que se convierte en uno de los lugares casi principales de la vivienda cuando hay invitados. «Felipe se coloca el mandil y mientras cocina le gusta que estemos todos allí tomando un vino o colaborando. Es un buen chef», aseguran los que han participado en esos encuentros gastronómicos. Sus especialidades son los pescados al horno, los guisos y aprendió de la gente del campo a cocinar migas. En una zona apartada de la vivienda principal está la casa de los caseros y, en los buenos tiempos cuando había fiesta, se contrataba a personal del pueblo para echar una mano.

Desde El Penitencial se conectó en su día con «Los desayunos de TVE» por videoconferencia para defender al Rey Juan Carlos, al que siempre le ha unido una muy buena amistad. Pidió abiertamente no borrar «su legado histórico» y el «respeto a la presunción de inocencia». Su hilo con la realidad política lo mantiene desde esta finca extremeña. Eso sí, el coronavirus ha zanjado una de sus rutinas favoritas: el vermú mañanero que se tomaba en la churrería- restaurante El Abuelo, de Guadalupe. Parece que solo la vacuna puede sacar a la pareja de su encierro extremeño, donde cada vez están más a gusto.