Adriana Abascal, eclipsada por Patricia Mas

Patricia Mas y su marido, recién casados
Patricia Mas y su marido, recién casados

Un fin de semana de bodas y todos ansiando dar el «sí, quiero». Marina Castaño al angiólogo Enrique Puras, un viudo con tres hijos «que encarna la perfección masculina», según la ex marquesa. En Ibiza y con un secretismo ridículo lo hizo también por tercera vez Adriana Abascal. Al enlace de la viuda de Camilo José Cela asistieron desde Isabel Tocino, con melena aleonada, hasta Irene Villa, Mar Flores o un marqués de Griñón que era íntimo del nobel gallego y en cuya casa de Malpica nos reconciliamos gracias a la mediación de Rafa Ansón tras el puñetazo que me dio en el labio superior durante un cóctel en el Hotel Coral Beach cuando yo hablaba con Antonio Olano a pie de playa. Marbella es el lugar que Teresa Campos retoma este verano quizá porque añora los muchos veranos que allí pasó con Félix Arechavaleta. En «¡Qué tiempo tan feliz!» acaba de dedicar un programa especial a los grandes de la copla. Exaltó a Marifé, Juanita –revivida por su sobrina Loli Reina–, Pantoja y Jurado, recordada en un «Soy de España».

Volviendo a los banquetes, el de Marina lo sirvió José Luis con perdiz a la mostaza, merluza con boletus y pastel de varios pisos. Adriana Abascal –a quien le falló Inés Sastre pero no el consejo de Nati Abascal– contrastó la sencillez de Marina bajo un traje de Caprile casi de corte sirena con escote en uve. La mexicana se despidió con un «brunch» playero en Cala Llonga con una auténtica ausencia de famoseo, algo que no impidió absurdas y desproporcionadas medidas de seguridad para que nadie rompiera la exclusiva que mañana veremos en «¡Hola!». Los Sánchez estaban allí para controlar la compra de la revista, que lleva el sello de garantía de Nati, muy adecuada al entorno «ad lib» bajo un traje de Valentino con delantera plisada. El diseñador debería ser una figura invitada en los desfiles ibicencos, aunque ya no frecuente la isla blanca, que le parece carísima y con amarres de coste desproporcionado con lo que se encuentra en el Mediterráneo, especialmente en Croacia y en Turquía. No es óbice para que sus últimas colecciones primavera-verano tuvieran la influencia balear: sus calas, ahora abarrotadas; sus restaurantes, rebosantes, y sus vuelos, sin una plaza libre este fin de semana.

Patricia Mas, hija del presidente catalán, buscó Menorca como marca nupcial, incluido el beato oficialista de Barcelona, y eclipsó a la desacompañana Abascal. Si Adriana se decantó por las rancheras –la mayoría de invitados eran franceses y del México lindo, que para ella ya es menos querido–, Marina Castaño evocó su juventud coruñesa cuando los sábados iba a Radio Juventud pretendiendo ser la Marisol gallega mientras cantaba «la vida es una tómbola, tom-tom-tómbola». Entonaba guitarra en mano, y en el jardín familiar, bajo un retrato del Rey que la hizo marquesa consorte. Cantó «Piensa en mí», de la inmortal Chavela Vargas que Luz Casal recuperó por Almodóvar.