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Andrés Sardá regresa a Ibiza

La marca de Barcelona reafirma su relación con la isla Pitiusa con el lanzamiento de un bañador exclusivo en colaboración con el Hotel Ushuaïa, donde a final de mes presentará su colección crucero

La marca de Barcelona reafirma su relación con la isla Pitiusa con el lanzamiento de un bañador exclusivo en colaboración con el Hotel Ushuaïa, donde a final de mes presentará su colección crucero

Andrés Sardá es sinónimo de Barcelona. Allí nació la marca y allí, en los años sesenta, se moldeó su estilo actual. Claro que desde hace décadas es una de las firmas más internacionales de nuestro país. Por ello, Ibiza, con las olas de turistas de todo el mundo que la visitan cada verano, resulta un destino natural para Sardá. Ese vínculo se comprobó el año pasado con el éxito de su tienda pop-up en el Puerto Marina, así como con el desfile que realizaron en el Hotel Ushuaïa y el modelo de bañador que diseñaron para ellos. “No hay mejor sitio para presentar una colección de baño de crucero que Ibiza. Además del desfile, que para nosotros es algo único, este año, al igual que el pasado, hemos realizado un diseño especial que se vende exclusivamente en las tiendas de Ushuaïa y en las dos de nosotros en Madrid y Barcelona”, explica Nuria Sardá, directora creativa de la firma. Se trata de un bikini negro de la colección Musha con bandas de tricot trenzadas en las copas al que le han añadido cristales Swarovski aplicados a mano en ambas piezas.

-¿Cómo les fue con la pop-up del año pasado en la Marina y qué aprendieron de ese modelo efímero?

-Nos encantó la experiencia. Vendimos mucho y muy bien. Pero, además, fue una oportunidad única de tener un público bastante diverso e internacional. Cuando fuimos a poner las prendas en la tienda no sabíamos bien qué tipo de público esperar, por eso fue muy curioso descubrir lo variado que resultó a todos los niveles. Vendimos desde piezas únicas de desfile hasta ropa interior de la colección, todo. Fue muy ilustrador para nosotros.

-¿Les habrá servido entonces para establecerse entre una clientela más internacional?

-En Sardá tenemos una experiencia internacional desde que en los ochenta empezamos a exportar y a tener sociedades en Europa y Estados Unidos. Sin embargo, el setenta por ciento de las personas que visitaron la pop-up de Ibiza no conocían la marca. Y, además, era un público objetivo directo. Fue una ocasión única porque ya estaban en modo playa. Espero que lo podamos repetir pronto.

-¿Para diseñar este bikini en específico, así como el resto de la colección crucero, aprovecharon lo aprendido a partir de esa experiencia?

-En la colección siguiente siempre aprendes de la anterior; quieras que no, aplicas los resultados y lo que has vivido en lo anterior. Pero en Ibiza hemos visto que no hay un cliente único. Hay muchas Ibizas. Hablo a un nivel de poder adquisitivo alto, que es el tipo de cliente que venía a la Marina, pero descubrimos que entre ellos no hay dos iguales: hay el grupo que viene de fiesta, otros que son más mayores y tienen casa en la isla o tienen el barco allí, hay gente de Barcelona al igual que turistas de todo el mundo. Existen pocos sitios en el mundo donde puedas tener un “sampling” de gente tan diverso.

-Es curioso que su fuerte sea resultar atractivos para un público tan variado, cuando cada vez más las marcas se centran en estudiar y definir a su consumidor de la manera más exacta posible.

-Nosotros hacemos una colección que tenemos que vender de Nueva York a Rusia, donde en principio los gustos son muy diferentes. Pero, al final, descubres que hay gente a la que le gusta lo mismo. Desde los noventa, cuando ya las colecciones eran muy internacionales, inventamos una manera de adaptarnos a Nueva York y a Moscú: teníamos accesorios de quita y pon, de manera que podías “costumizar” la prenda, o hacíamos ediciones limitadas dentro de las propias colecciones.

-Es el caso de este bikini.

-Veo Ushuaïa como un lugar que representa la fiesta, la diversión, el extremo: por eso es la pieza más especial de la colección, que para ellos sube un escalón más. Por otra parte, en este modelo hemos dado mucha importancia al aspecto artesanal, lo hecho con cariño y a mano, como son las trenzas y los abalorios montados a manos. En todo caso, nosotros debemos matarnos para que siempre que presentemos una pieza ésta sea impecable a todos los niveles.

-La calidad y la innovación son dos de sus prioridades, ¿cómo trabajan para seguir innovando a nivel de tejidos?

-Todos nuestros proveedores son europeos y trabajamos con los mejores (normalmente colaboran también con firmas de alta costura). Su máxima es también la calidad y la innovación, por eso nos apoyamos mucho en ellos, que son quienes pueden innovar a nivel de fibras. Por ejemplo, ahora hay mucho movimiento con las fibras naturales y recicladas. También trabajamos con Lycra Xtra Life. Son cosas que no se notan a primera vista, pero cuando te compras la prenda y la llevas te das cuenta de que te sienta mejor y dura más porque es más resistente al cloro y a las cremas solares.

Además, somos muy estrictos con nuestros proveedores en cuanto a los certificados de calidad y de que sean empresas éticas. Por ello la lista es muy limitada y son especialistas cada uno en lo suyo: los tulles belgas, los estampados de Italia, la seda y los encajes de Francia, los bordados de Suiza, Francia y Austria. El de los proveedores es uno de los temas que más me preocupa porque mueren muchos cada año. Todo el tema de Asia y la batalla de los precios ha hecho que cada vez menos empresas apuesten por ellos y eso es muy triste porque realmente son parte del saber hacer europeo y de la tradición artesanal.

-Otro de los retos a los que se enfrenta la industria es el ser respetuosos del medio ambiente, algo que ciertas marcas incluso han comenzado a explotar para apelar a clientes que desean apostar por marcas más “eco friendly”. ¿Ha pensado Andrés Sarda en resaltar su compromiso con el medio ambiente?

-Tendríamos que hacerlo porque para mí es muy importante la ecología, tanto como la ética moral. Es decir, debemos pensar que por cada prenda que compremos todo el que haya trabajado en ella tiene que cobrar. La prenda ha de ser ética también en ese sentido. Creo, además, que no podemos llenar el mundo de basura. Y no hablo solo de ropa. El low-cost hace nuestra vida low-cost.