Carmen Sevilla cumple 89 años: “Ya apenas se levanta”

La actriz permanece desde hace tiempo ingresada en un geriátrico

Carmen Sevilla fue considerada como “la novia de España”

Hoy es su 89 cumpleaños, pero la mente de Carmen Sevilla no entiende de celebraciones. Ingresada desde mucho tiempo en una clínica geriátrica de la localidad madrileña de Aravaca, la actriz ve pasar los días sin que el alzheimer que padece le deje ver y sentir más allá de lo que alcanza su vista. No reconoce a nadie, ni tan siquiera a su hijo Augusto, ni a sus nietos ni a su más íntimo amigo, Moncho Ferrer, que son los únicos que la visitan, porque así lo decidió el mismo Augusto cuando su madre fue internada.

Muy lejos en el tiempo quedan aquellas cenas cumpleañeras en las que la entrañable Carmen invitaba a familiares y amigos más cercanos en el prestigioso restaurante Zalacaín. Y era tan generosa con”mis amigos reporteros”, como les denominaba con cariño, que posaba para ellos sin reparos y hasta mandaba a los camareros que sacaran bebidas y canapés a los periodistas que cubrían una fecha tan especial en las puertas del local. Era detallista hasta para eso.

En la residencia es una de las más queridas. Enfermos y familiares saben perfectamente que Carmen no se acuerda de su pasado glorioso, ni entiende que le hablen de éxitos, porque no se reconoce en aquella “estrella” del cine, la música y la televisión. No es consciente, ni tan siquiera, de lo que sucede a su alrededor.

Mal pago para quien tantas pasiones despertó entre los españoles de a pie en su mejor etapa artística. Aun así, la belleza de antaño se vislumbra en la octogenaria, a la que el personal del centro cuida con mimo y admiración. Y dicen que todavía disfruta cuando el cepillo peina sus cabellos y le sale la vena coqueta de siempre.

Su vida actual podría resumirse en pocas frases. La rutina se repite a diario: sesiones y pruebas médicas, horas sentada junto a la ventana de una habitación que da al exterior... y poco más.

Ferrer aclara que “ya no da paseos por el jardín, le cuesta bastante andar y permanece en una butaca, casi todo el día sentada observando el horizonte por el ventanal, desde el que puede disfrutar de una vista de la Casa de Campo y de todo Madrid. Conserva los rasgos de su belleza y en el centro la quiere todo el mundo. Y está muy bien cuidada, mejor imposible.”

En el baúl de los sueños no cumplidos queda uno que la mujer considerada antaño “la novia de España” no pudo realizar: interpretarse a sí misma en una serie sobre su vida, proyecto que, quizá, algún día vea la luz sin la presencia esencial de la artista.

Amada por todos, porque fueron muchos sus pretendientes, los dos grandes hombres de su vida han sido Augusto Algueró, con el que estuvo casada trece años, y Vicente Patuel, con quien compartió quince. En el camino quedaron historias más o menos reales con Cantinflas, Luis Mariano, Carlos Arruza, Porfirio Rubirosa, Lucho del Villar, Raf Vallone, Lucho Gatica... y tantos otros que quisieron engatusarla y no lo consiguieron.

Hoy, 16 de octubre, Moncho repetirá la escena de siempre: “Me presentaré en la residencia con el pastel preferido de merengue de Carmen y unas rosas rojas, su flor favorita. Como todos los años desde que está allí. Somos amigos desde hace 45, siento por ella profundo cariño, ha sido una mujer excepcional. Me emociono cada vez que la visito, paso horas a su lado, con solo mirarla ya me siento feliz. Pero te confieso que, cuando me voy, lo hago con pena. Por un lado, salgo muy feliz, pero esa felicidad se transforma también en tristeza cuando recuerdo los tiempos pasados con Carmen y los comparo con la actualidad. Es una tristeza enorme...”

Desgraciadamente, nada de lo que le digan, ni aunque le canten el “Cumpleaños feliz”, tendrá sentido para esta recordada y entrañable mujer que sufre la enfermedad del olvido. Los que la conocimos muy de cerca nos quedamos con su imagen más hermosa y sus bromas jocosas. Porque era bromista y graciosa, se reía de sí misma si hacía falta y no le daba mayor importancia a sus tan comentados y divertidos despistes, como aquel que le llevó con las zapatillas de andar por casa a un programa en directo del “Telecupón”. Aquella noche fue la “comidilla” de toda la audiencia de Tele 5, pero nadie le censuró su acción. Y es que se le perdonaba todo porque era un miembro más de la familia.