Catherine Zeta-Jones recibe el alta médica

Es una gran actriz, pero debe llevar sobre sus hombros el peso de una enfermedad psiquiátrica que le impide hacer una vida normal. Catherine Zeta-Jones fue diagnosticada de bipolaridad en 2011, y desde entonces toda medida le ha parecido insuficiente para frenar sus consecuencias. Con el fin de atajar el problema antes de que vaya a más, la intérprete de «Chicago» se somete periódicamente a una serie de tratamientos que ella misma califica como «de mantenimiento». La última de ellas ha provocado que permanezca ingresada en una clínica desde abril. Michael Douglas, que se encuentra estos días en el Festival de Cannes promocionando su nueva película, «Behind the Candelabra», ha sido el encargado de dar la noticia del alta médica de su mujer: «Viene a casa el martes. Está haciendo un trabajo realmente bueno para conseguir el equilibrio. Estoy orgulloso de ella».

Tratamiento proactivo

Precisamente por todo el trabajo que está realizando la actriz, el trastorno no ha ido a más. En un comunicado emitido el mes pasado, su representante, Cece York, anunciaba: «Catherine ha ingresado en una clínica proactivamente». Con anterioridad, la artista había dicho que «se ha comprometido a tratamientos periódicos para abordar su salud de modo óptimo». Quedaba claro así que no se trataba de una crisis, sino de una forma responsable de afrontar la enfermedad.

El trastorno bipolar, antiguamente denominado psicosis maniaco-depresiva, alterna estados de alegría intensa con periodos de depresión. A sus 43 años, la protagonista de «La máscara del Zorro» ha afirmado en diversas ocasiones que no le avergüenza su trastorno; es más, espera que su forma de afrontarlo pueda servir de ejemplo para todos aquellos que lo sufren.

En 2011, Zeta-Jones fue internada en el hospital New Canaan de Connecticut, donde permaneció tan sólo cinco días. La estancia, cuyo precio ascendió a 4.500 euros, incluía tratamiento mental para hacer frente al estrés y a su «vida traumática», según dijo su publicista.