Derriban la casa de Banderas

Antonio Banderas, durante una gala benéfica
Antonio Banderas, durante una gala benéfica

Finalmente, Marbella, por muy paraíso sin ley que parezca, no tiene perdón para «La gaviota», el chalé que Antonio Banderas compró, en parte forzado por Jesús Gil, en la zona playera del hotel Los Monteros. Cuando yo hacía guardia a las puertas de ese prestigioso lugar en el que hace un par de años se alojó Michelle Obama, recuerdo, ya entonces, a la pareja hollywoodiense paseando en bici como buenos deportistas matinales, y a esa hora aprovechábamos para darnos los buenos días. Banderas compró a un precio de ganga facilitado por Gil y Gil la casa que había sido de Encarna Sánchez, situada al pie de un arroyo pestilente que ahora está afectado por la ley de costas.

La Junta de Andalucía actúa muy rápido y ya han derribado el murito que levantó la locutora para proteger la casa en la que pensaba disfrutar con Isabel Pantoja. En 1991, Gil ya había tentado a Antonio Herrera para que comprase la mansión, pero la rechazó porque sabía lo que podía venírsele encima, algo que Banderas y Melanie ahora padecen, ya que van a ver acortarse en 1.300 metros su propiedad. Y si Marbella y la Costa del Sol son distinguidas por su clima y sus bellezas naturales, sus playas no son de lo mejor, sobre todo si se comparan con las de Huelva, que están muy cerca. Los más enterados afirman que el terreno se lo regaló Gil a Encarna, quien hasta entonces residía en la muy próxima «Villa Encantada», que luego rebautizaron con mucho humor como «Villa Bollo» dado lo que allí se cocinaba.

El único favor que Banderas ha logrado de la Junta es que los 1.300 metros de los que estamos hablando no afecten especialmente a la fachada que da al mar, sino al lateral derecho, que cae sobre esa especie de vertedero, fronterizo con el restaurante Los Sardinales, en el que sirven una paella con salsa de tomate, lo nunca visto.

Ignoro si el actor y su radiante esposa tienen pensado seguir escogiendo la Costa del Sol para sus escapadas, supongo que lo harán mientras esté ahí doña Ana, la complaciente madre, que supone un ejemplo de buen trato hacia los medios y una delicia de señora. La noticia, sin duda, causará un efecto demoledor sobre la ciudad costasoleña en la que la baronesa Thyssen o Ana Gamazo han visto recortado su libre acceso al mar como consecuencia de esta ley.

Asombra todo lo ya conseguido hasta hoy por dicha normativa, que no ha cesado desde su nacimiento. Como ejemplo, recuerdo a Sean Connery, que aún está encausado en un delito de construcción indebida. El escocés vendió su finca «Malibú» situada entre Marbella y San Pedro de Alcántara al ver mermada su libertad de pasear libremente por el jardín, vio recortada la salida de éste al mar. La finca constaba de una residencia principal, tres para invitados, piscina y jardines. Asimismo, la Duquesa de Alba sufrió el mismo problema, y también Deborah Kerr y Peter Viertel, aunque bajo el llamado Incasol, que ahora ya se encuentra cerrado Su cuidado jardín inglés fue atravesado por una calle, sin respetar en nada el retiro y descanso de quien fue la dama pelirroja del mejor cine de Hollywood. Parece ser que Marbella sólo es compasiva con los imputados del «caso Malaya».