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El espectáculo está servido

La Razón
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Tras el final de algunas series impactantes como las rematada «Tierra de Lobos» o la que hoy acaba, «El tiempo entre costuras» –ya auténtico hito al estilo de las grandes series inglesas, que lo bordan–, las televisiones ponen a punto una nueva artillería programadora. Habrá dos nuevos concursos, entre ellos el «Mira quién baila» que internacionalizó al coreógrafo santanderino Javier Poty, ahora famosísimo en las cadenas de Miami, hasta el punto de que es imagen de un anuncio de Nescafé en esa ciudad norteamericana. Se lo rifan y hasta allá hemos importado algún concursante, como ese Maxi Iglesias a quien le cuesta encajar dado su mal carácter e engreimiento. La baraja es diversa y el santanderino lo mismo proyecta un concurso de patinadores sobre hielo que convierte en danzante a Javier Gurruchaga a las órdenes de un jurado en el que está confirmada Norma Duval, que así da el primer paso para retomar su carrera en el espectáculo. Del «difunto» José Frade, que la retiró tal si fuese la hija de Juan Alba, no dice ni mú: lo olvidó por completo y mejor no menearlo, porque es experto en pleitear incluso desaparecido del ambiente.

El segundo concurso que reaparece en la parrilla televisiva es «Supervivientes», para el que cuentan con Corina, posible reemplazo de una Olvido Hormigos a quien su tardío tercer embarazo –con 46 años– le impedirá someterse a las incomodidades de la isla. La gestación de la ex concejala quizá disminuya elenco pero, en contraposición, saldrá realzada Jenny Liada,una de nuestras últimas «vedettes», que durante varias temporadas fue la «segunda» Lina Morgan en sus musicales de La Latina, siempre dispuesta a mostrar su rearmado esqueleto aún turgente y de muy buen ver. Hay variedad y cantidad de personajes, aunque costará tener destacadas vencedoras en bikini como lo fueron la espléndida Daniela Cardone –ejemplo de supervivencia bien llevada–, o la más reciente Rosa Benito –que sigue recuperándose– en lo que supuso el principio de su final conyugal. El éxito torpedeó lo apacible convivencia de los Mohedano, ya que a Amador le costó entender más el impacto de su cálida parienta que el inexistente romance al sol de su mujer con José Manuel Montalvo. Llegó a recriminárselo televisivamente dejando imágenes imborrables, como aquella mirada réplica de la alicantina, ya físicamente clónica de Rocío. «¡Es mi momento, déjame disfrutarlo!», se enfrentó corajuda la colaboradora de televisión a su incomodado esposo, molesto no del premio, pero sí de la repercusión popular, en la que Rosa cayó de pie a fuerza de demostrar compañerismo y humanidad, compartiendo avatares y padecimientos playeros. Ambos programas son reñidos concursos generadores de nuevos nombres televisivos, algunos estrellas fugaces sin más perdurabilidad que la del momento.

Suponen «flashazos» o destellos de rápido pero limitado impacto, como ocurre con series dramáticas que no perduran en el recuerdo. Es lo bueno y lo malo de una televisión devoradora de momentos y personas. El entretenimiento está servido, o al menos a punto de recomenzar, mientras Sonia Ferrer y Muñoz Escassi empiezan el año con la sombra amenazadora de Patricia, la ex del galán rompecorazones. Alerta de que puede haber montaje entre ellos y que es menos el amor del que difunden. Choca oírselo a quien siempre se mostró sumisa y rendida con el jinete y nunca contó de más. Buscará su momento.