El tesoro de los Alba viajará a América

La Duquesa de Alba y su marido, Alfonso Díez, ayer, en Sevilla
La Duquesa de Alba y su marido, Alfonso Díez, ayer, en Sevilla

Es algo que me confirma y adelanta Cayetano Martínez de Irujo, aún aureolado por el enorme éxito artístico y económico que para la dinastía supuso la exposición madrileña con algunos «tesoros» de la casa en la que Cayetana le deja hacer. Es su ojito derecho y él ha sabido dar la vuelta a un patrimonio ingente acumulado durante siglos. La muestra «El legado Casa de Alba» expuesta hasta el pasado abril en el mazacote del nuevo –pero viejísimo– Ayuntamiento, casi fortín de Ana Botella, deslumbró por lo que exponía en un marco sombrío, casi sótano, un local incómodo y de nula espectacularidad: «Estoy trabajando para llevarlo a América, empezando por Washington y Nueva York, en 2015». Quizá de ahí el mantenido deseo de su madre –experiencia que le desaconseja el equipo médico que encabeza Paco Trujillo, su salvador desde hace dos años– de darse en febrero un garbeo bajo los rascacielos.

Me gustará olfatear qué ambiente tendrá semejante exhibición incluso superior a lo que aquí se vio batiendo marcas de asistencia. ¿Cómo no deslumbrarse con las obras de Goya y con el Tiziano, copia de Rubens, plasmando al temido duque de Alba que asoló Flandes cuando allí aún no se ponía nuestro sol, tal y como recogió Eduardo Marquina en su conocida pieza teatral? ¿Y con los tapices diseñados por Xaver Winterhalter, pintor de cámara de la emperatriz Eugenia de Montijo, antepasada de Cayetana por el matrimonio de su hermana Paca con el entonces duque de Alba? Murió joven y dejó inconsolable al aristócrata. Y ¿qué decir del diario de a bordo registrado por Cristobal Colón en sus viajes descubridores? Resulta un objeto tan único y especial como la miniada Biblia de la Casa de Alba de 1430 y el Rubens que retrata a Carlos V y a la emperatriz Isabel, aquel bellezón que hizo exclamar lo de «no serviré jamás a señor que se me pueda morir».

«Ni loca me vuelvo a casar»

Mientras, el conde de Salvatierra estrena su peinado rejuvenecedor de raya al lado, como se vio en los recientes Premios Telva, en los que destacó la exótica belleza de Rosanna Bataller, esposa del dueño del más que spa Sha de Benidorm, junto con Flavia Hohenlohe, siempre exquisita, y su cuñada María Muguiro con el mismo «chic» familiar. También Luis Galliussi destacó bajo caftán azul que rompía el encorvamiento más rígido. Genoveva Casanova cuenta en su círculo «que de nueva boda no hay nada». Siempre lo sostuvo y ahora lo repite: «¡Ni loca volvería con Cayetano!». Ellos optan por un entendimiento más que por un compromiso. Lo suyo va más allá de la relación profesional porque la mexicana es directora de proyectos y relaciones internacionales de la Casa de Alba, cargo que le ha permitido auparse sola, incluso poniendo la zancadilla –o tal me cuentan– a Eugenia Silva en la imponente gala contra el sida que Bonaventura Clotet monta cada año en Barcelona. La ex condesa prometió llevarles figurones internacionales pero no pasó de la siempre dispuesta Beatriz de Orleans, que sigue realquilada de Dani San Martín, tan adicto a Carmen Franco y a su descendencia. Es de los que no cambian de bandera, como tampoco lo hace José Utrera Molina, más que pasmado suegro de Alberto Ruiz-Gallardón. Pero volviendo a la Casa de Alba, lo que está claro es que América se asombrará con lo atesorado y aumentado por Cayetana, que delega en el quinto de sus hijos la selección de piezas de tanto valor histórico y artístico. Irán con un fabuloso seguro y, muy probablemente, desbancarán lo establecido en su exhibición madrileña.

Una fiesta entre amigos

Curro Romero y Carmen Tello celebraron ayer con sus íntimos los recién cumplidos 80 años del torero, que nació el 1 de diciembre de 1933. Además de la Duquesa de Alba y su esposo, también acudieron Antonio Romero y Rafael Ruiz, integrantes del dúo Los del Río; la soprano Ainhoa Arteta y su marido; y el doctor Francisco Trujillo y su pareja.