La Campos: «Soy muy de Telecinco»

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Fue un chispazo que no rompió el clima de regocijo que siempre tienen los Premios Pata Negra, ya en su cuarta edición. Empezaron con los cocidos de Lardhy, donde conservan el corsé que la Pardo Bazán olvidó en sus retozos nada literarios con Galdós. No sería por carnes, que abundaban en la escritora que bautizó La Coruña como «Marineda» en un exceso de cursilería decimonónica. Prefiero la definición de «Ciudad de cristal», como a Teresa Campos, que lo mismo habla de cómo combatir las insidias con Cristina Cifuentes como se defiende ante lo que soltó Jesús Quintero, más «Loco de la colina» que nunca. Creó estilo en sus entrevistas televisivas, donde hasta el humo era protagonista, y lanzó una bofetada que molestó a la Campos: «Va siendo hora de que los periodistas vuelvan a la tele. No me gusta lo que estoy viendo», reclamó. Muchos programas se rebotaron ante tamaña reivindicación profesional. Por directa y por venir de tal maestro. Teresa lo siguió en el uso de la palabra y le arreó un derechazo, aunque no sea lo suyo: «Yo defiendo la tele contra lo de Jesús. Soy de este medio, me considero televisiva y muy de Telecinco». La cosa quedó en tablas, como a la hora de seguir el ejemplo de la delegada del Gobierno, que no pudo quedarse a comer porque se había citado con treinta informadores. Pero no quiso «faltar», reconoció bajo negros, contrastando con el Custo blanquinegro de Marisa González, su discreta jefa de prensa, que ya gozó cuando el Pata Negra de la primera edición fue ofrecido por Álvaro Luis al Gallardón alcalde. Cifuentes estaba cerca de un Moncho Borrajo de perilla quevedesca –imposición de su personaje– y ante una rejuvenecida Blanca del Rey. Parecía otra con el pelo corto, prueba irrefutable de que se cortó la coleta –más bien melenaza– y ya sólo dirige con sus hijos el histórico Corral de la Morería. El local tiene aroma de otro tiempo, de cuando el productor Samuel Bronston hizo de Madrid su sucursal hollywoodiense. Habría que recuperarlo como a ese Miguel Ríos estrenando bigote. Terelu anunció que «volverá antes de lo que piensan» y su hermana Carmen ya cuenta con Hannibal Laguna de casamentero para su boda del 9 de julio. Eva Yerbabuena sentó cátedra de buen baile y muchos opinaron sobre Ana Obregón, siempre fantasiosa: «Tengo 21 años, que son los años de mi hijo. Yo renací con él», afirmó desde su encajado traje fucsia. Genio y aún figura, siempre de pechuga sobresaliente y vientre hundido como si fuese legionaria. Álvaro Luis lamentó la ausencia de Fran Rivera para recoger el premio de su «tío José María», que no está para celebraciones flamencas. Carla Royo-Villanova fue con flores en el pelo, las inevitables rosas búlgaras, mientras Ramón Langa y Andoni Ferreño competían en galanura como lo hacen en «Hay que deshacer la casa», que protagonizan. Un éxito creciente, reconoció Enrique Cerezo, mientras el guapo y brasileño –también sambeador– Diego Costa aseguró que «el domingo marcaré dos goles ante el Real Madrid». Álvaro Luis alucinó y le participó a José María García tal pronóstico. Aún lo cuestionan. Les parecía increíble.