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El nieto de Thatcher, hierro en los genes

Se llama Michael Thatcher, tiene 24 años y ha heredado la pasión de su abuela. Ya se ha estrenado en una organización política de tendencia republicana

Margaret Thatcher presentó a su nieto en la puerta de Downing Street
Margaret Thatcher presentó a su nieto en la puerta de Downing Street

Sus hijos nunca siguieron sus pasos. Pese a su espíritu de trabajo y sacrificio infatigable, Margaret Thatcher jamás consiguió que los mellizos se interesaran por la política. Ni Carol ni Mark, considerado siempre como el favorito, llevaron una vida ejemplar o discreta. Pero los genes de aquella mujer, que llevaba la doctrina conservadora en sus venas, se transmitieron a la siguiente generación y ahora es su nieto, Michael Thatcher, quien toma el testigo de una dama que cambió para siempre el rumbo del Reino Unido. El hijo mayor, fruto del matrimonio de Mark con su primera mujer, Diane Burgdorf, hija a su vez de un millonario empresario texano, ha heredado la pasión de su abuela. Y ya se ha estrenado en una organización política de tendencia republicana –brazo hermano de los «tories» en EE UU– que se presenta a sí misma como «una voz para los hispanos conservadores».

A sus 24 años, ha estado durante un tiempo como miembro del Consejo de Administración de Voces Action, una organización de Dallas sin fines de lucro que pretende «informar a los hispanos y ayudarles a expresar sus valores conservadores tanto en el ámbito fiscal como en el social, con el fin de ayudar a nuestra nación a recuperar y preservar su patrimonio moral».

Tras el mostrador

Pero las similitudes con su abuela no terminan ahí. En sus ratos libres, colabora con ONG cristianas. Al igual que ella, se licenció en Ciencias Químicas en la Universidad de Texas A & M University College Station. Y como hiciera «Maggie» en su tierna infancia –cuando pasaba largas horas en la tienda de su padre, Robert Alfred, el hombre que tanto influyó en su vida–, Michael trabaja también en un establecimiento en el que es responsable de las recetas, los cosméticos e, incluso, de los bocadillos que le piden los clientes. Los residentes de Highland Park, en Texas, no pueden ni imaginar que el apuesto y educado joven que atiende sus peticiones es descendiente de la que en su día fue la mujer más poderosa del mundo.

Nada más conocerse la noticia de la muerte de la Dama de Hierro, Voces Action emitió un comunicado en el que expresaba sus «más profundas condolencias a la familia, en especial a Michael y Amanda Thatcher, los nietos de la baronesa». El texto recalca que «la pérdida ha conmovido nuestros corazones y los de todo el mundo». «Ella era una defensora de las libertades personales y de los principios del libre mercado. Durante su servicio como primer ministro del Reino Unido, cambió el rumbo económico de la nación y se asoció con otros líderes mundiales, incluyendo a nuestro presidente, Ronald Reagan, para poner fin a la amenaza de la URSS. Lady Thatcher fue una inspiración no sólo para los británicos, sino también para los estadounidenses y para muchos otros. Estamos muy agradecidos por su ejemplo y la influencia que tenía, incluso en nuestro propio país», añadía la nota.

«Discreto y prudente»

La directora de Voces Action, Adryana Boyne, asegura en su blog que sus nietos jamás «utilizaron su apellido con arrogancia». «Tanto Michael como Amanda son especiales como personas. Ellos han tenido éxito en los estudios, los deportes y las metas personales», recalca. En un principio, no supieron que Michael era heredero de la líder «tory», ya que le recuerdan como alguien «discreto y prudente». «Jamás presumió de su nombre. Todo lo contrario. Siempre se mostró humilde y amable». Con respecto a su hermana menor, Amanda, que tiene ahora 19 años y está estudiando en Richmond, Virginia, asegura que es una «mujer extraordinaria, de voz melodiosa (canta en el coro) y un gran corazón». Incluso desvela, gracias a la amistad que le une con su hijo Samuel, que es una «excelente pastelera que adora el chocolate».

Lo cierto es que poco o nada se sabe de los nietos de Thatcher. Es más, cuando el próximo miércoles acudan al funeral ceremonial, que tendrá lugar en Londres, muy pocos podrán reconocer sus caras.

«Siempre ayudan a los demás y están involucrados en obras benéficas. Pero no quieren ser ni estrellas ni el centro de atención. Tampoco ser figuras públicas, prefieren pasar desapercibidos», comentaba un amigo cercano estos días a la prensa británica.

Sus padres siempre han querido guardar su anonimato. Y, debido a la cautela de Michael, más que por sus primeros pasos en la política, las contadas ocasiones que los medios locales se han centrado en él ha sido por sus logros deportivos en el fútbol americano. «¿Puede hacer la carrera? ¿Puede coger el balón? Guauuu. Parece que este chico puede con todo», decía un comentarista en 2007 alabando la destreza con la que el joven había ayudado a llevar a su equipo a la final del campeonato del estado.

Gran jugador

Su entrenador por aquel entonces, Randy Allen, recordó el momento en el que llegó a la escuela siendo un niño y con ese extraño acento sudafricano. «Era muy pequeño y no entendía nada de fútbol. Pensó incluso en dejarlo, pero trabajó duro y ahora es un gran jugador», recalca.

La familia vivió en Cape Town hasta 2005, año en el que la Fiscalía de Guinea Ecuatorial emitió una orden de arresto internacional contra Mark Thatcher por el fallido golpe de Estado contra Guinea de 2004. El hijo de la Dama de Hierro se declaró culpable ante un tribunal sudafricano de implicación «involuntaria» en la intentona al haber financiado la compra de un avión. Fue condenado a una fuerte multa y a cuatro años de prisión que, finalmente, sus abogados y el apoyo de su madre consiguieron eludir.

El matrimonio con Diane no atravesaba ya un buen momento y aquello terminó en divorcio. Ella consiguió la custodia de los niños y se los llevó a Texas, donde un tribunal le negó a su ex entrar en EE UU. Pero eso no impidió que Diane mantuviera la buena relación con su ex suegra. De hecho, ya está confirmado que acudirá al funeral con su actual marido, James Beckett, un multimillonario publicista del ámbito deportivo.

Por su parte, Mark también ha rehecho su vida. Se casó con Sarah Russell en 2008 en una discreta ceremonia civil celebrada en Gibraltar. Tan sólo acudieron tres testigos; ni su madre ni su hermana Carol supieron de la boda. Vive en Marbella, aunque en el momento de la muerte de Thatcher se encontraban de vacaciones en Barbados, en una villa valorada en 3,2 millones de libras en la exclusiva finca de Sandy Lane, que la pareja adquirió hace dos años.