El testamento de Lina Morgan, para el padre Ángel

La actriz, que permanece en la UCI del hospital Beata María Ana, ha dejado todos sus bienes a instituciones benéficas como Mensajeros de la Paz. El miércoles le realizaron una traqueotomía, de la que se recupera

La actriz, que permanece en la UCI, ha dejado todos sus bienes a instituciones benéficas como Mensajeros de la Paz

Supuso un rayo de esperanza verla abrir sus expresivos ojos e intentar mover los labios aunque no salía sonido alguno tras la traqueotomía que le realizaron el pasado miércoles en la clínica madrileña Beata María Ana. Esta leve mejoría en el estado de salud de Lina Morgan animó al equipo médico que la atiende en medio de rumores de todo tipo. Incluso aquellos que pronosticaban que su hombre de confianza y supuesto tutor será el heredero universal, cuando Lina en su testamento ha distribuido todo lo que tiene entre distintas instituciones benéficas como Mensajeros de la Paz, la asociación fundada y presidida por el padre Ángel. Recordemos que Lina fue internada el pasado 18 de noviembre y que ha permanecido semisedada desde entonces en la UCI del centro hospitalario. Ahora, a la espera de que mejore y lleve a cabo la correspondiente rehabilitación: un proceso que será muy lento, según han podido comprobar quienes han seguido su enfermedad de cerca. La preocupación de los responsables del Beata María Ana se centra en salvaguardar la intimidad de Lina Morgan, especialmente cuando abandone la UCI –donde el acceso es muy limitado– y sea trasladada a planta.

En este tiempo de ingreso, la Familia Real ha sido especialmente sensible al estado de salud de Lina. Así, ha recibido llamadas hasta en tres ocasiones en nombre de Don Juan Carlos, mientras que el secretario personal de la Reina se ha comunicado en dos ocasiones con el entorno de la artista.

También está complicada la salud de la siempre noticiosa Rosa Benito. Se le abre un nuevo frente del que puede depender su futuro. Su marido y «compis» ponen en tela de juicio lo revelado hace una semana en plató, donde apareció más relajada de lo que cabía esperar de alguien que ha pasado por ese drama. Ya comenté mi extrañeza al verla tan calmada mientras describía un ingreso con parada cardiorrespiratoria ahora en entredicho, nada que ver con aquellas comparecencias en las que se desmelenaba por las traiciones públicas de su ya no se sabe si todavía «ex», cómplice o atizador de una situación que dura ya dos años. Marisa, la rubia de Amador Mohedano, se sentó anoche en el «Deluxe» para desmontar y dar puntual detalle de todos los montajes entre Rosa y su todavía marido. Aumentó así la tensión y no parece dispuesta a morderse la lengua a la hora de airear la falsedad de muchos de los avatares que la trincadora pareja protagonizó en este tiempo. Hay que reírse para no llorar. Afirman que Rosa exageró el dramatismo en su adiós a la vida, sin música de Puccini aunque con abundantes agudos desafinados. Para aumentarlos, y con ánimo de disipar recelos, Rosa reaparece esta noche en el programa de Emma García, un suma y sigue de despropósitos televisivos. Puede que no todo sea ficción, aunque cualquier parecido con la realidad ya suena a coincidencia, como en las buenas películas de Hollywood.

Marisa, la del chándal –prenda que la exquisita Naty Abascal tiene en su índice estético tildada como «imposible», igual que los «leggins», a los que tan aficionada es Cary Lapique, despreocupada de su muslamen–, se une a la nueva batallita de la alicantina que puso rulos a la «más grande». Rocío Jurado parece ahora empequeñecida por tanta miseria familiar del clan. Ortega Cano no le guardó mucho luto, a pesar de que le ayudase a cumplir uno de sus sueños: llevarle a las portadas de «¡Hola!». Marisa se desmelena para incrementar el runrún de que Rosa adulteró la realidad de su intentona suicida: «Si yo largase, ella nunca se habría sentado en un plató con esa desfachatez», dice. Amenaza con revelar acontecimientos insospechados, quizá confesados por Amador en un acto de doble traición en ese peligroso juego a dos bandas en el que se mueve. Él ha reaparecido como protagonista y parece que lleva de nuevo los asuntos profesionales de su hija Chayo, que meses atrás no dejaba de denunciar sus incesantes tropelías económicas y la despreocupación de éste por una carrera artística que no acaba de afianzarse tras 14 años bregando por su propio nombre. Lo tiene crudo porque no cae bien. Yo, que la vi casi nacer igual que a Rocío Carrasco, no dejo de recomendarle que olvide en lo posible el repertorio en el que su tía Rocío fue única. «Pero es que me lo piden y, ¿qué hago?», se defiende sin mucha base, porque desde que Francisco la cogió por banda y le dio cuatro consejos, Chayo parece renovada, sin tanto chillido destemplado. Ahora tiene un frente abierto, otro en la familia ya de permanente batalla campal, porque ella no lo visitó en la clínica y eso resulta imperdonable. La cincuentona Marisa se plantea aceptar alguna oferta televisiva y echar por tierra lo que ya consideran un montaje exagerado que no debió ocurrir ante esos cuatro hijos de Rosa y Amador. Luego dicen de los del folletín.