«En casa sólo hay una regla: se come a las dos y media, luego haz lo que te dé la gana»

Pilar de Borbón. Presidenta de honor de Nuevo Futuro

«Me quito el sombrero con el Príncipe, sé la madera de la que está hecho»
«Me quito el sombrero con el Príncipe, sé la madera de la que está hecho»

Es peleona. O mejor, perseverante. Sobre todo, porque su lucha no es contra nadie, sino a favor de que los más de 760 niños en riesgo de exclusión social a los que saca adelante a través de sus hogares de acogida Nuevo Futuro, la asociaciónde la que es presidenta de honor. Con ese ímpetu, Doña Pilar de Borbón abrió ayer las puertas de El Rastrillo, el popular mercadillo solidario que cumple 45 años y que se da cita hasta el próximo 1 de diciembre en el pabellón de la Pipa de la Casa de Campo.

–Durante estos días está mano a mano con la que fuera su nuera, Laura Ponte.

–Para mí es mi nuera, en presente. Es la madre de mis nietos, nos hemos llevado fenomenal siempre, me he llevado bien en general con todas mis nueras, pero, desafortunadamente, no siguen casados. Lo importante es que se llevan muy bien por los niños.

–Ella se deshace en elogios con usted.

–Yo con Laura también.

–Y eso que vivieron bajo el mismo techo durante un año y medio...

–Vivir con tu suegra tanto tiempo tiene mérito, porque soy muy mandona.

–Destaca de usted el respeto con el que siempre la ha tratado.

–Mi padre era muy respetuoso con el prójimo y puede que me haya quedado algo de eso. Nunca me he metido en sus vidas. Sólo hay una regla en mi casa: la comida es las dos y media y la cena, a las nueve. A partir de ahí puedes hacer lo que te dé la gana. Si no quieres cenar, no cenes, pero avisa.

–Eso sí, carácter tiene.

–De vez en cuando salto por los aires. Me conocen y sólo con verme entrar mis hijos dicen: «¡Cómo viene la jefa hoy!». Pero se me pasa, son berrinches que uno coge porque la vida no va muchas veces por donde tú quieres y cuesta aceptarlo.

–¿No le agobia poner en marcha cada año la maquinaria de El Rastrillo?

–El vértigo es espantoso, nos genera terror que llueva demasiado, que algún transporte falle y alguien se de la vuelta... Poner en marcha una iniciativa como esta donde participan 1.200 voluntarios trabajando unos quince días entre los que está abierto El Rastrillo, los de montaje y desmontaje, siempre es una responsabilidad, saber que estás como bandera de la organización. Estoy más que agradecida a todos los que colaboran, desde el que se pasa aquí todos los días dando su tiempo, al que dona algo o el que sólo puede pagar la entrada y pasar un buen rato en el Pabellón de la Pipa. Cada pequeño gesto, cada pequeño detalle, cuenta cuando se trata de ayudar al otro.

–Cuando uno toca la pobreza, ¿le cambia la vida?

–Yo la conocí desde muy pequeña. Me marcaron especialmente los seis años que estuve en los hospitales de Lisboa. Los hospitales de cualquier país siempre son un síntoma de la realidad social y donde uno puede constatar las miserias personales, pero también uno puede descubrir y generar grandes alegrías. Recuerdo cómo una señora se orinaba en la cama sólo para que, cuando fuéramos a cambiarla, estuviéramos con ella diez minutos. Cuando me di cuenta, me acerqué a ella y le dije: «No tenemos sábanas suficientes. Le doy mi palabra de honor de que si consigue controlarse, en cuanto salga de trabajar me quedo media hora más, porque ahora estoy trabajando». Pues bien, hasta que le dieron el alta, estuve durante dos meses quedándome con ella conversando. En el caso de los niños, que son el objetivo de Nuevo Futuro, no se pueden defender ni con palabras, por eso apostamos por la educación como medio para que sean personas de provecho.

–Los niños y los ancianos son una de las preocupaciones constantes también para el Papa Francisco.

–Estoy entusiasmada con él, porque nos ha vuelto los pies a la tierra y nos ha puesto firmes a todos: podéis hacer más, acordaos de vuestros vecinos y cumplid con vuestra obligación. Soy profundamente creyente aunque siempre intento ser mejor cristiana, y precisamente este Papa nos ha devuelto la alegría de ser cristianos. Mi cuñada, Isabel Araoz, ha escrito un libro estupendo sobre San Francisco de Asís, en el que uno puede ver reflejado cómo el Papa está siguiendo sus pasos manteniéndose humilde y quitando mucho adorno que chocaba aunque es cierto que formaba parte de la tradición de la Iglesia.

–Cuando echa la mirada atrás y contempla la actual recesión, ¿considera que es la peor que hemos vivido?

–Siempre hay algo peor, que es la guerra. En España fue una época espantosa donde hubo hambre de la mala.

–¿De ésta salimos?

–Estoy convencida, se están empezando a ver ciertos visos de mejora, pero todavía hay muchas familias que lo están pasando mal.

–¿Vivimos también una crisis de valores?

–Puede que sí, porque durante una época reciente nos hemos creído ricos, hemos gastado más de lo debido y a la vista está que no somos un país rico.

–¿Le preocupa el enfrentamiento político permanente que se vive en España?

–Creo que la crispación ha pasado un poco, gracias a Dios.

–Sin embargo, la apuesta soberanista catalana parece ir a más.

–Sobre este asunto prefiero no profundizar, porque me parece, con perdón, una cuestión absurda. Pensar en una España sin Cataluña no cabe en mi cabeza, no lo veo posible, aunque nunca se sabe...

–¿Se ha hecho bien en renunciar a los Juegos Olímpicos de 2024?

–Creo que sí. Un candidatura es un proyecto caro y hemos hecho un esfuerzo ímprobo con esta última. Pero no ha habido una voluntad general porque España no estaba de moda y no tenían confianza en la parte financiera.

–Estaba en Buenos Aires, ¿cómo vivió el momento de la eliminación?

–Con muchísima tristeza, si no era esta vez, sé que no veré la siguiente. Tengo muchos años ya, no puedo vivir eternamente.

–Quienes estuvieron allí destacan el impecable papel de Don Felipe.

–El Príncipe estuvo colosal, porque habla muy bien, lo hizo divinamente. Todo el mundo representó su papel como debía: la alcaldesa se volcó, el presidente del Comité Olímpico se entregó, Pau Gasol estuvo admirable con su simpatía... Me quito el sombrero con el Príncipe y le felicité, porque estuvo bárbaro.

–¿Considera que aquel acto supuso un salto cualitativo para certificar que está listo para reinar?

–Soy tía suya, querido, yo ya lo sabía. A lo mejor ha convencido allí al resto del público. Sé de la madera de la que está hecho, no me ha extrañado, pero me ha dado mucha satisfacción ver la reacción de la gente desde entonces.

–Y más ahora desde que el Rey está en el «taller»...

–Está haciendo una labor increíble yendo a muchos sitios donde su padre no puede ir porque hay que reparar lo que se te estropea.

–¿Cómo se encuentra Don Juan Carlos?

–Está bien, lo único que comenta es que le ha dado pereza volver a pasar por el «taller». Son problemas mecánicos muy pesados, pero hay que hacerlo.

Laura Ponte: «Doña Pilar siempre será mi suegra»

Madre, modelo, empresaria... Y una mujer solidaria. Cada vez que se acerca el mes de noviembre, Laura Ponte tira de agenda y comienza a pedir ayuda para sacar adelante «Susi's Corner», el puesto que regenta en El Rastrillo. Antes de que abriera las puertas el mercadillo (en la imagen, Ponte en su «stand»), ya habían vendido una chimenea que les servía de «atrezzo» a una de las voluntarias. Ayer arrasaron los tocados y la bisutería. «Tengo muy claro que Doña Pilar es mi suegra y siempre lo será», explica Laura, que dice «sentirse muy cuidada. Es una delicia vivir con ella. Es la persona más respetuosa del planeta».