Los Bardem reniegan de su apellido

Ha sido por la sombra, como cuando uno entra a por gallinas a una finca para matar el hambre. Sin hacer ruido, sin luces ni taquígrafos, el Clan Bardem ha decidido hacer desaparecer lo que hasta este mismo año era un nombre asociado al triunfo, los premios y los reconocimientos internacionales... El escándalo del «ERE de los Bardem» que se destapó desde este periódico ha barrido como un tsunami el apellido de la Bardemcilla de Santa Ana. Este verano, aprovechando la distracción de los medios de comunicación con el nacimiento del segundo hijo de Penélope Cruz y su marido, los socios de la segunda Bardemcilla han tenido que hacer caso a las peticiones del clan y cambiar el nombre del local por el de La Tercera Taberna. No se equivocarán ustedes si entre líneas leen «la tercera Bardemcilla»... Porque Mónica, la mayor de los hermanos, no es que le haya echado mucha imaginación al nuevo nombre del negocio. En un mismo año son varios y muy sonados los movimientos de la «marca Bardem» dentro del universo de la hostelería. De hecho, Carlos Bardem también aprovechó la Semana Santa para traspasar su local el Corazón Loco que desde hace años regentaba en el barrio de La Latina. El nuevo local ha tomado el nombre de Taberna Aranda y al parecer los dueños no tienen ni quiEREn tener nada que ver con el apellido de la familia de cómicos. En las mismas fechas, también cercanas a la Semana Santa, fue cuando este diario destapó las intenciones de Mónica y sus socios, sus hermanos Javier y Carlos y su madre, Pilar Bardem, de hacer un ERE con los 11 empleados que trabajaban en la Bardemcilla de Chueca, la primera que la familia creó para rentabilizar la fama y popularidad del intérprete más internacional de España.

Tras la polémica, a primeros de septiembre Mónica y su marido, Alfonso González, han reabierto la Bardemcilla de Santa Ana como La Tercera Taberna. Según cuentan los vecinos de otros locales, «han aprovechado el mes de agosto para pintar la fachada y cambiar el cartel del negocio, aunque por dentro todo continúa como siempre, con la misma decoración... siguen siendo ellos mismos los dueños y los que regentan el local. Los puedes ver todos los días al pie del negocio», dicen en el barrio.

IMAGEN DAÑADA

Según ellos mismos comentan a su círculo más cercano y a los clientes más íntimos, «todo lo que se ha publicado sobre nosotros y el ERE ha hecho mucho daño a nuestra imagen pública y a nuestro apellido». Sobre todo ha quedado al descubierto la imagen poco solidaria que han dado los hermanos Bardem y su madre, Pilar, después de que se les haya podido ver posando en alguna ocasión con los carteles de «Stop-ERE» en varias manifestaciones callejeras... En el camino han perdido muchos clientes. Algunos por la crisis económica que, pese a afectar a muchos negocios, desde luego no asfixia a todos los empresarios de la hostelería. De hecho, sus vecinos del Barrio de Chueca del local Válgame Dios siguen reventando cada tarde y noche de lunes a domingo. «En Chueca la crisis no se nota, lo que no se puede es dejar morir un negocio por haber abierto otro. Los socios tienen que dejarse ver por el local y más si el restaurante lleva tu apellido», aseguran.

ESQUIVANDO LA POLÉMICA

Junto con este lavado de cara se ha coordinado también el cierre de la página web en la que se promocionaban las dos Bardemcillas, la de Chueca y la de Santa Ana. Ya no podemos acceder a la publicidad tan coqueta que dejaba ver cómo una familia de reconocido éxito en la industria del cine y el teatro regentaba sus prometedores negocios de hostelería. ¿Está tocada de muerte la marca «Bardem» tras el escándalo del ERE? Al parecer, Javier ha dado un golpe sobre la mesa del clan y ha decidido de forma unilateral, mal que le ha pesado a Mónica, desvincular el ilustre y afamado apellido de los Bardem de cualquier negocio familiar y de atención al público. En Hollywood ha calado entre los actores más comprometidos la incohEREncia de un intérprete que, tras el estreno del documental sobre el Sáhara y el Frente Polisario, parecía estar a la cabeza de los más liberales y solidarios.

Ahora, sin embargo, si uno se acerca a La Tercera Taberna podrá comprobar cómo, en efecto, Mónica y su marido Alfonso siguen al pie del cañón. Se encargan de abrir y cerrar el restaurante. Se turnan en los días, mañanas, tardes y noches de descanso. Pero algo ha cambiado. Sus caras ya no transmiten la misma cordialidad y simpatía de antes. Algunos frecuentes del negocio dicen que todo esto ha llegado a influir en la relación de Mónica con su pareja, además de con sus hermanos y su madre. El mero hecho de pronunciar la palabra Bardemcilla les cambia el gesto. Ninguno quiERE oír hablar del pasado. De las paredes han desaparecido las fotos de la familia Bardem y sólo cuelgan las que el propio Alfonso hace. No se respira la atmósfera del clan por ningún rincón. Es como si Mónica se hubiera quedado huérfana y más que sola en esta batalla. Según sus propias palabras: «La Bardemcilla me ha costado una enfermedad. Ha sido un tema muy duro del que todavía me cuesta hablar», asegura. El caso es que cada día se les ve juntos luchando por el nuevo negocio. Lejos queda la armonía familiar del clan Bardem, que se rompió a golpe de ERE, abogados e indemnizaciones.