Pedro Pacheco: se acabó la feria

Pacheco contó con una ciudad a sus pies durante años
Pacheco contó con una ciudad a sus pies durante años

Mayo de 2007. Todo el mundo espera a que las bombillas del alumbrado de la Feria del Caballo inicien una semana de fiesta en Jerez de la Frontera. Más de un millón de puntos de luz, aunque nadie sabe realmente cuántas son, ni tampoco la cifra es demasiado importante una vez que la vida se traslada a las casetas del parque González Hontoria. Repartidos por el Real, observan las luces apagadas mientras de fondo, sobre el cielo raso del recinto, se eleva un zepelín con la cara de Pedro Pacheco, primer teniente de alcalde y delegado de Urbanismo, como propaganda de cara a las próximas elecciones municipales. Antes de que terminara la feria, alguien cortó la cuerda y Pacheco tomó altura, al más puro estilo García Márquez, hasta perderse de vista. Nadie sabe quién cortó las amarras y el caso terminó en comisaría, donde el ex alcalde aseguró que «a lo mejor están viendo ya desde el Sputnik a Pedro Pacheco en globo».

Unas semanas después, aparecía en la televisión local visiblemente afectado dando explicaciones por el varapalo recibido en las urnas. Con Pacheco en el espacio exterior, Jerez dejaba atrás una etapa de casi 30 años de poder ilimitado y se adentraba en la aventura socialista de Pilar Sánchez, que también terminaría fallida y con las arcas municipales en quiebra. Parecía que los jerezanos habían decidido hacer caso al viejo Zorba: «El hombre tiene que estar un poco loco, porque si no nunca se atreve a cortar la cuerda y ser libre».

Nadie creía ya en aquel hombre que se jactaba de dirigir «la empresa más importante de Cádiz» ni contaba con los apoyos que lo habían aupado a una posición propia de los caciques del siglo pasado. Una de las primeras «salidas de tono» aún se recuerda en Jerez y durante mucho tiempo fue motivo incluso de orgullo para los «pachequistas», quienes cuentan que durante la primera visita del Rey a la ciudad siendo Pacheco alcalde, éste se negó a cederle el bastón de mando como tradicionalmente se hace con las visitas del Monarca. «Aquí el que manda soy yo», aseguran que comentó el primer edil. Una muestra de la forma de entender la política y de demostrar quién era el jefe de la tribu, al igual que la presencia del coche oficial, un inmenso Audi que sólo utilizaba él, ante la sede del consistorio cuando estaba de vacaciones para que nadie se olvidara de su omnipresencia.

Una de las claves para entender el microcosmos jerezano en el que mandaba como un emperador fue la construcción del Circuito Permanente de Velocidad, inaugurado en 1985 por él con el objetivo de acoger a la Fórmula 1. Un hito que colocó Jerez en el panorama internacional y a Pacheco, en el objetivo de todas las cámaras junto a Ayrton Senna, que levantaba un catavino descomunal que lo acreditaba como primer vencedor de la prueba. Años más tarde, cuando los coches se fueron a Montmeló no dudó en pronunciar una de sus conocidas frases: «La Fórmula 1 es un coñazo».

En sus formas, había una contradicción vital, ya que por un lado quería ser la punta de lanza contra los «señoritos», mientras que su aspiración, y la de los que lo acompañaban en su trono, era vivir como un Domecq. Hacía tiempo que esa casta había desaparecido, pero había que buscar un símbolo en el que focalizar su política populista. Así, se enfrentó a Bertín Osborne a causa de una orden de derribo de la segunda planta del chalé que se construyó en su finca el cantante. Los jueces no le permitieron entrar con los albañiles y acuñó la más famosa de sus sentencias, que ha vuelto a recuperar tras ser condenado a más de cuatro años de prisión por enchufismo: «La Justicia es un cachondeo». Cuando fue imputado por el intento de derribo, más de 50.000 personas habían salido a las calles en Jerez para sacar pecho por su alcalde. Era «el inmatable», como lo calificaba Francisco Gónzalez Cabaña, líder provincial del PSOE en aquella época.

«Quién si no?»

Vivía en un piso ante el que siempre había una patrulla de la Policía Local. Nadie tenía intención de hacerle nada, pero así todos los vecinos sabrían dónde vivía Pacheco. Cada año participaba en el maratón de Nueva York y todas las mañanas salía a correr junto a dos escoltas. Una afición que se convirtió en la primera oficina de empleo municipal móvil de la historia, pues a los pocos meses un nutrido grupo le seguía, siempre detrás, para dejarse ver. Arrancaba la época de la compra de voluntades a cambio de puestos de trabajo en el Ayuntamiento. Todos sabían que allí había trabajo y debían «agradarle». Del piso pasó a un chalé de formas vanguardistas y predijo que las viviendas de protección oficial las iba a construir el arquitecto Álvaro Siza. Así se las gastaba el eterno alcalde, que prometía y ganaba voluntades hasta que comenzó a perder apoyos y salieron a la luz todos los chanchullos de su mandato. Antes, sólo mandaba Pacheco, como decía un eslogan electoral suyo, «¿Quién si no?».