Tita Cervera: «Dios nunca me ha fallado»

«Los que conocen a Carmen Thyssen, o a Tita, como ella prefiere que la llamen, saben que Mercedes Lasarte es una de sus mejores amigas, seguramente su mejor amiga desde hace mucho tiempo, desde los días en que las dos vivían felices, como dos peces multicolores, en un acuario llamado Beverly Hills. Cuando Mercedes, de vez en cuando, se cansa de Punta del Este y se viene a España a pasar una temporada, vuelve a ser la acompañante inseparable y la confidente de Tita». Así describe Guillermo Solana, director artístico del museo Thyssen-Bornemisza, la profunda amistad que une a dos mujeres excepcionales. Sólo había que ver a ambas este miércoles, bañador, pareo y borsalino a cuestas, escabulléndose hacia la playa de Casablanca, situada en plena «milla de oro» marbellí, para comprender lo unidas que están. Y es que Lasarte no es sólo la amiga íntima de Tita, sino también una excepcional artista y su pintora de cabecera. Los que han visitado las mansiones de la baronesa recuerdan la presencia de las telas de Mercedes en esas paredes de las que en otras épocas colgaban cuadros de Monet, Van Gogh, Matisse, Picasso y Hopper. Ahora, para celebrar el 60º aniversario del Hotel Marbella Club, puede que el más lujoso de Europa y, sin lugar a dudas, uno de los que más historia guarda entre sus paredes, Lasarte ha pintado una serie de exclusivas obras sobre el hotel que tiene su origen en la villa de recreo que el príncipe Alfonso levantó allá por 1946. Entre las obras de su amiga, la baronesa recibió en exclusiva a LA RAZÓN para hablar de arte, familia, dinero y, cómo no, de Marbella.

«Conocí a Mercedes Lasarte hace muchísimos años, cuando yo estaba casada con Lex Barker, mi primer marido. Por entonces vivíamos en California, acudimos a una exposición de cuadros de Mercedes y nos enamoramos de su arte. Tanto a Lex como a mí nos fascinó su obra, así que ese mismo día adquirimos dos pinturas para nuestra casa de Bel Air. Pero yo no estaba satisfecha, por lo que volví al cabo de unos días para comprar más. Ahí comenzó nuestra amistad». Poco a poco, Lasarte se convirtió en la hermana que Tita nunca tuvo (Gloria murió a los pocos meses de nacer): «Es alegre y agradable, y ha sabido captar, como amiga y como artista, los momentos importantes de mi vida, los más bellos: cuando ha pintado un cuadro sobre mí o sobre mi familia, lo ha plasmado tan exactamente que he podido revivir esas experiencias o el trato con esas personas a través de ellos. Es como si leyera un diario de mi vida». La propia baronesa se ha sentido siempre tan interrogada por la visión trascendente de Lasarte que afirma que cuando la artista te pinta, «te saca el alma». Pero a la pregunta de cómo es el alma de Carmen Cervera, titubea. Una mirada profunda con una sonrisa asomando a sus labios anticipa una respuesta contundente: «Creo que soy muy fiel a mí misma. Siempre he sido como soy yo, nunca he cambiado, aunque mucha gente me lo dice. Creo que he podido seguir mi propio camino porque no me he perdido a mí misma: ni he renunciado a nada de lo que soy ni he tratado de ser algo que no soy». Carmen Cervera puede estar segura de que lo que dice es cierto. La vida la ha llevado a casarse tres veces –y tener otra larga y famosa lista de amantes–, ser una de las mayores coleccionistas de arte del mundo y codearse con personalidades de la talla de Marilyn Monroe o Frank Sinatra. «La vida pasa muy deprisa y no puedes perder el tiempo desdoblándote, construyendo diferentes formas de ser. Cuando era pequeña escribía siempre diarios. Después de 30 años, hace poco los rescaté y he descubierto que pienso igual, que soy la misma. ¡Me reía y no me lo podía creer! Pero ya era así con 14 años. Creo que voy a destruirlos...». Estos diarios serían sin duda una forma de conocer cómo ha acabado la pequeña niña catalana que soñaba con ser actriz siendo la filántropa que es hoy, pero a Tita le horroriza pensar en publicarlos. «¡Ay! Me da una vergüenza...».

Carmen y Sabina, dechado de educación

«He hecho tantas cosas en mi vida, he vivido tanto, he conocido a tanta gente... Aunque me encantaría poder hablar con el Papa Francisco. Me cae fenomenal, me gusta porque es moderno, actual y muy valiente. Es el Papa que necesitábamos». La baronesa real, la que está sentada con una copa de Perrier-Jouët entre los jazmines del Marbella Club, es mucho menos etérea que la que aparece en las portadas del papel couché, y tiene los pies en la tierra, aunque su cabeza suba al cielo a diario: «A mis hijas sólo les pido que sean educadas y que recen antes de dormir y nada más levantarse. Las educo en la fe católica porque yo soy creyente y practicante, tengo muchísima fe, que es lo que me ha ayudado en la vida, sobre todo cuando he vivido momentos dolorosos. Dios nunca me ha fallado, y por eso nunca he perdido la fe», asevera con firmeza la mujer que por seguir sus convicciones se encadenó a un árbol. Las gemelas que adoptó en 2006, Carmen y Sabina, a quienes educa en casa, siguen un riguroso plan de esudios, pero Tita no lo duda: «Si quisieran presentarse a un certamen de belleza, yo las apoyaría. Que hagan lo que quieran, igual que yo hice siempre lo que quise. A los hijos hay que darles la libertad para que hagan el camino que desean. Por eso mi madre me comprendió cuando yo quise ser Miss; a mi padre le costó un poco más, estaba más chapado a la antigua...».

La baronesa Thyssen habla del Marbella Club como su casa y, de hecho, tiene una villa pegada al recinto del hotel. «Venía muchísimo a su spa, que es magnífico, y finalmente decidí reproducirlo en mi casa. Lo que más me gusta es el "hammam", porque tiene una fuente en el medio de agua fría que me encanta: me hecho cubos encima que me dejan como nueva. Es mi truco de belleza». Aparte de éste, Tita tiene pocos trucos más... O son inconfesables. «No me cuido mucho porque, entre otras cosas, no tengo tiempo. Pero me levanto a las 7 de la mañana todos los días y me pongo a caminar. Si estoy encerrada, cuento como mínimo mil pasos, y ésa es mi gimnasia».

Thyssen continúa volcada en el arte, y recientemente ha prestado su colección de pintores andaluces para el museo Carmen Thyssen de Málaga. Y es que ese parece ser su sino: adquirir, por su filantropía, increíbles obras que alimentan su colección privada y acabar cediéndolas de forma gratuita para uso y disfrute de todos. De hecho, acaba de firmar la cesión gratuita de su colección internacional al Estado: «La renuevo sólo por un año porque llevo ya 15 cediéndola de forma gratuita, y quiero que esto acabe. Mi intención era y es alquilar mi colección, porque tengo herederos y debo pensar en su futuro. Pero como hay crisis, no es posible. Y aunque hay muchos países que estarían dispuestos a pagar cantidades ingentes por ella, yo he luchado mucho por traer la colección de mi marido a España y sería una traición llevármela ahora. Creo que no debería hacerlo».

«¡Quiero conocer a mis nietos!»

En febrero, Tita explicaba a LA RAZÓN la emoción que experimentó al encontrarse con su hijo Borja y con la mujer de éste, Blanca Cuesta, tras 14 meses separados. Pero las relaciones familiares son complicadas: «Espero, espero y sigo esperando. Les he llamado para felicitarles por el embarazo... Sólo deseo que todo se solucione, tengo muchas ganas. ¡Quiero conocer a mis nietos...!». La sonrisa de la baronesa se cubre de tristeza y una sombra cruza su rostro cuando piensa en Sacha, Eric y Enzo, los tres hijos del matrimonio de los que sólo conoce al mayor. A pesar de lo que pudiera parecer, cuando Blanca presentó en febrero su colección de arte, su suegra decidió acudir a verla: «Me gustó, es buena. Cada pintor busca su camino y ella lo ha encontrado en este tipo de arte y me parece fenomenal. Leí que ahora no pinta por las incomodidades del embarazo, pero espero que no lo deje: el mundo de la cultura es apasionante». Y en ese mundo quiere educar a las gemelas: «Al menos eso intento, igual que hice con Borja cuando era pequeño, cuando le llevaba continuamente al museo y le explicaba las obras o nos íbamos Heini, él y yo a nuestra finca en Lugano, Villa Favorita –que seguimos sin conseguir vender desde 2002, es demasiado grande para que nadie pueda interesarse por ella–. Por eso Borja sabe tanto de arte, y es un gran coleccionista también». De tal palo, tal astilla.