Massiel, de gira con un disco de canciones armenias

En abril la cantante se dejó ver
En abril la cantante se dejó ver

Varió la ofensiva ya casi inexistente y usan otra estrategia –¡y el resultado!– menos agresiva que cuando en los años 70 Massiel y Salomé ganaron Eurovisión. Triunfos irrepetibles que Betty Missiego casi repite en Jerusalén si no hubiera fallado el jurado español, que no quiso autovotarse y nos hizo perder el palmarés tan bien defendido. Hitos históricos como aquellas campañas europeas encabezadas por Luis Ezourra, su mano derecha Pepe Martínez, José Joaquín Marroquí o Enrique de las Casas. Diferentes a los gestores del Ente actual, siempre al dictado, pero sin la capacidad de maniobrar de cuantos les precedieron batiendo marcas.

Nunca habíamos tenido peor resultado, aunque Soraya ya ostentó el farolillo rojo que luego llevó dignamente, y no con la prepotencia de El Sueño de Morfeo, que resulta ofensiva para «Miss Lalala». Massiel no se anda por las ramas: «Sólo había que verlos regresando con aire de haber conquistado las Galias, ¡qué se han creído! Ni que ella fuese María Callas o Caballé». La diva lírica reaparece este sábado en Santander tras seis meses encamada y rehabilitándose. Aprovechó para grabar un disco con canciones armenias y le queda una gira búlgara montada por Vito Montariuli que ahora anda por Turquía con Concha Buika. Coincidirán con el «mes de rebajas» estambuleño, patria chica del barcelonizado Isaak Andik, dueño del Mango imparable, que sólo en Ibiza tiene tres tiendas en la misma calle.

Todo un récord, como el batido por los daneses, favoritos de Massiel «con Noruega. Técnicamente fue la leche», reconoce aún entusiasmada con los últimos avances virtuales y verdadera parafernalia técnica. «Me pareció un montaje avanzadísimo. La cantante de El sueño no tiene graves y por eso casi desafinó y la danesa tiene la frescura que tenía yo cuando gané. Es un grupo que cae mal incluso sin cantar. Les falta humildad», denuncia quizá autocriticándose también.

Salomé, sin embargo, estuvo menos desmadrada con María Teresa Campos en su dominical «¡Qué tiempo tan feliz!». Me dijo que «antes hacíamos campañas promocionales de varios meses, Arturo Kaps era un lince. Serrat viajó tres meses antes de negarse a cantar en castellano «La, la, la», dijeron que bien pagado por la banca catalana de Jordi Pujol. Fue algo que el Dúo Dinámico, autor del tema que coronó a Massiel, nos contó una noche en la casa de Miami de Julio Iglesias. Las revelaciones añadieron que «llevamos un maletín con tres millones de pesetas, presunto importe del chantaje lingüístico». Nos dejó más sentados de lo que estábamos; Fraile no podía creerlo. Explotaban a los diseñadores como Pertegaz en el caso de Salomé, a la que recubrió de canutos turquesas que bailaban con cada movimiento. Luego ella lo troceó y destrozó a fin de aprovecharlo en galas. Cambió el pantalón por una falda de circunstancias, mientras Massiel hizo lo mismo con el abrigo de chinchillas transformado en capita y estola. Pertegaz, que hace dos días cumplió 98 años, lo lamenta mientras sigue subiendo a pie los cinco pisos de su residencia barcelonesa.

El sueño hizo honor a su nombre, tampoco es para escandalizarse; se esperaba.