Ortega Cano: «Me acuerdo mucho de Rocío»

J. Beltrán

Faltaban apenas unas horas para que el diestro recibiera un nuevo mazazo. Se mostraba relajado. Tanto es así que Teresa Berganza, premio Ussía 2013 a la trayectoria profesional, no pudo evitarlo. Y le lanzó un piropo. Lo cierto es que a José Ortega Cano se le veía tranquilo, con el rostro relajado. En familia. No en vano, acudía a la casa de LA RAZÓN para respaldar a Victorino Martín, el otro homenajeado por su incansable labor de defensa del Toro. En su memoria, Belador, «el único toro indultado en Madrid, era de Victorino y lo toreé yo», explicaba un sonriente Ortega que no paraba de elogiar la «bravura de sus toros hará que la Fiesta siga siendo un espectáculo donde la vida y la muerte están en vilo».

Una mirada atrás, a un pasado que le mimaba frente a un presente donde apenas hay hueco para celebrar su nueva paternidad. «Estoy muy contento con el pequeño, va a ser grande», comenta sobre José María, su primer hijo biológico, de 10 meses, fruto de su relación con la sanluqueña Ana María Aldón.

Cordial, sin barrera alguna ni ese tono exaltado con el que interviene en televisión, abrumado ora por la presión mediática ora ante el abatimiento personal que crece cuando uno ve que no hay mes en el que sea protagonista de una crónica de sucesos que ennegrece el couché en el que entró de la mano de la Jurado. «Ir a ver a un hijo a una cárcel es muy fuerte. Era la primera vez que iba a una prisión», explica sobre la reconciliación que se selló con un pacto padre-hijo. Hora y media de conversación que no borran los choques frontales que han vivido, pero que sí permiten allanar el camino. Al menos, por el momento. Ortega Cano le apoyará siempre y cuando el joven se ponga en tratamiento de sus adicciones a las drogas.

El retraso de su visita se debió a que el torero es consciente de que todo este viacrucis personal le está marcando físicamente y su médico le ha recomendado no forzar su corazón. «Lo encontré muy delgado, pero, sobre todo, me conmovió que me pidiera perdón una y otra vez. Es consciente que no debió hacer lo que hizo. Hay que admitir y ofrecerle ese perdón porque estoy convencido de que todo lo que ha ocurrido le va a hacer cambiar».

Si a alguien le quedaba alguna duda de que, una vez cumplida la mayoría de edad y haber reclamado parte de la herencia que le corresponde, el torero iba a dar la espalda a su hijo adoptado, no es así. A pesar de que José Fernando pocas veces haya respondido con un gesto de agradecimiento.

«Voy a poner toda la carne en el asador para ayudarle. ¿Quién no lo haría por un hijo? Cualquiera le daría a los suyos una nueva oportunidad para salir adelante y a empezar con todo. Cuenta ya con mi ayuda, en primer lugar en lo afectivo y, pero también en lo económico», subraya Ortega, consciente que, dentro del entramado judicial en el que se encuentra, poco más se puede hacer. Sólo esperar. Ortega Cano se muestra cauto con la posibilidad de ver fuera de la celda a su hijo esta Navidad. «El juicio ya llegará y tendremos que atenernos a lo que diga la sentencia».

Dicen quienes han visto crecer al chaval que nunca logró adaptarse a vivir con su familia adoptante porque arrastraba problemas psiquiátricos que llevó a sus padres a intentar tratarle en la clínica López Ibor ante sus desplantes. Así, la tonadillera se marchó con esa preocupación, consciente de que Ortega no tendría las herramientas suficientes en sus manos para superar su muerte y, al mismo tiempo, enderezar al preadolescente. No ocurre lo mismo con Gloria Camila. Se siente una más en la familia de su padre. Tanto es así que comparte confidencias y salidas de fin de semana con unas de sus primas por parte de padre y no parece dispuesta a sentarse en un plató de televisión cuando cumpla los dieciocho. «Es toda una mujer», presume el matador.

Eso sí, el gesto cambia cuando uno le pone sobre la mesa la encrucijada que vive en estos momentos tanto por su hijo José Fernando, en la cárcel, como por la condena de dos años y seis meses de prisión para el diestro por el accidente de tráfico ocurrido en mayo de 2011 en el que falleció Carlos Parral, añadiéndole un delito contra la seguridad vial por conducir bajo la influencia de bebidas alcohólicas, por lo que deberá ir a prisión. «Me acuerdo mucho de Rocío», se limita a decir.

Su hijo, el foco de su tristeza

Puede que el origen de sus problemas esté en la muerte de Rocío Jurado, pero actualmente es su hijo el que más quebraderos de cabeza le causa. José Fernando permanece en prisión desde hace un mes. Su abogada, Esperanza Lozano, no va a recurrir el auto en el que la juez rechaza la solicitud de puesta en libertad, sino que va a presentar otra solicitud de libertad basada en nuevos argumentos. La abogada basará su petición en los resultados del análisis capilar realizado a José Fernando que demuestran que es un consumidor habitual y en su compromiso de ingresar en un centro de desintoxicación. Por su parte, Ortega Cano presentaría un documento jurado en el que se comprometería a estar pendiente de su hijo. Con este documento, la defensa quiere anular la falta de arraigo familiar que la jueza esgrimió en el auto en el que rechazó poner en libertad a José Fernando. Habrá que esperar.