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Ortega Cano: «No probé una gota de alcohol, lo juro»

Declaró ayer ante el juez en la primera sesión del juicio en el que se le acusa de homicidio

Minutos antes de las 9:40, José Ortega Cano llegó a los Juzgados de lo Penal de Sevilla, serio pero entero, para declarar por la muerte de Carlos Parra en un accidente de tráfico
Minutos antes de las 9:40, José Ortega Cano llegó a los Juzgados de lo Penal de Sevilla, serio pero entero, para declarar por la muerte de Carlos Parra en un accidente de tráfico larazon

El torero cartagenero José Ortega Cano ha jurado que "no bebió una gota de alcohol"y que solo se mojó los labios en una copa de cava, por lo que ha dicho que no comprende cómo el test de alcoholemia arrojó un valor triple de lo autorizado.

Gris el traje, el cielo y las canas que peina el torero, más si cabe desde el accidente en 2011 en la carretera entre Castilblanco y Burguillos, pasado el tramo de la A-8002 conocido como Barranco Hondo, en el que perdió la vida Carlos Parra y que mantuvo al diestro 40 días en coma. 9:41 horas. Serio, pero entero. Aguantando el tipo ante los flashes y las cámaras de TV que, en dos turnos, se colocaron frente a él, en fila, en una suerte goyesca de «fusilamientos» del 28 de mayo (fecha del siniestro), impertérrito, corbata roja como algunos capotes, las primeras palabras de José Ortega Cano, en el Juzgado de lo Penal 6 de Sevilla, fueron para defender su inocencia. 12:45 horas: «Voy a declarar», siguió. La jueza: «Puede hacerlo sentado». El torero, sujetándose las manos, intranquilas, a la espalda: «De pie».

«Cansado, no lanzado»

Ortega Cano aseguró que el día de autos no consumió «nada de alcohol», tras cuestionarle el fiscal por la cifra que registró de 1,26 gramos por litro de sangre. «He venido aquí con toda la verdad y confiado en la verdad. Lo que yo os diga es la pura verdad. Lo que haya salido será o no será. Por ser un hombre público se me ha hecho una injusticia tremenda. Se me ha tergiversado. Vengo a decir la verdad ante la Justicia y ante Dios y con la pena en lo más alto de mis espaldas (sic) por la persona que falleció», manifestó el imputado por dos delitos contra la seguridad vial, por conducir de forma temeraria y con una tasa de alcohol que casi triplicaba la permitida, y otro de homicidio por imprudencia. Tras intentar su defensa anular los análisis de sangre que se le realizaron, el diestro indicó que no recuerda las maniobras denunciadas por varios testigos al 112 (adelantamientos peligrosos, invasión de carril, violación de la distancia de seguridad) y que en todo momento «respetó la señalización y la velocidad». Rechazó que junto a un resalto parara y se asomara a la ventanilla «para vomitar», como mantienen algunos testigos. Según declaró, sólo bebió «media Coca-Cola» y «se mojó los labios» con otro refresco y «en una copa de cava». Acerca del posible exceso de velocidad –según la Guardia Civil, conducía a más de 120 km/hora en una vía de 80–, manifestó que «me extraña; en los últimos años conduzco por disfrutar, sin prisa. Recuerdo todo perfectamente hasta segundos antes del accidente. Iba tranquilo, nada de carreras». Preguntado por posibles invasiones del carril: «Pienso que algo raro me pudo ocurrir. Te puede aparecer de pronto. El impacto del accidente pudo ser un momento de vahído. No estaba yo firme con el coche. Algo me tuvo que dar. Si yo estoy bien (en el momento del impacto mortal), me tiro por un barranco o por medio del campo antes de chocar. Se lo prometo por...», aseguró, antes de ser interrumpido.

La acusación particular que ejerce la familia de Carlos Parra cuestionó a Ortega por unas declaraciones en un programa de radio en las que dijo que «iba lanzado». «Dije cansado, no lanzado», respondió con vehemencia, brazos ahora en jarra. «¿Por qué conducía entonces?». «Si yo estoy cansado, paro y me recupero. Estaba cansado, pero dominando la situación».

Intolerancia a la cerveza

Ortega argumentó que esa tarde firmó «150 fotos dedicadas» en su finca, «para eso hay que estar cuerdo, no bebido». Explicó que fue a Castilblanco a que le recetaran unos medicamentos, aunque el doctor estaba «de urgencias» e «hizo tiempo» en dos bares de unos amigos pero sin tomar alcohol. Aceptó «mojarse los labios en cava» en un brindis con peregrinos «por no hacer un desaire». «Con la cosa médica que tengo, para mí el alcohol es un veneno. Yo tomo siempre Aquarius. Me sienta muy mal la cerveza, me da gases. Tengo 60 años y soy muy deportivo», continuó. Admitió haberse refugiado en el alcohol «tras la muerte de Rocío (Jurado), unos meses»; después de la recomendación médica, no. Y ese día concreto: «No probé una sola gota de alcohol. Lo juro».

La familia de Parra, indignada

«Me atendieron los psicólogos porque me dolían los huesos, pero me dolía mucho más la pérdida de la vida de otra persona». Los hijos de Carlos Parra quisieron estar presentes ayer en la sala y tanto ellos como sus allegados, ante estas afirmaciones o cuando el acusado decía haber tomado «Coca-Cola», negaban con la cabeza. La viuda, Manuela Gurruchaga; reclamó «el lucro cesante» al contar con una pensión de unos 700 euros. El hermano de la víctima, Manuel Parra, al preguntarle el fiscal qué es lo que reclama, afirmó: «La pérdida de mi hermano». «Ante eso no podemos hacer nada», lamentó la Fiscalía.

Su última entrevista, en LA RAZÓN

«Sea cual sea la condena, respetaré lo que el juez decida», aseguró José Ortega Cano en la única entrevista que el diestro concedió, días antes de comenzar el juicio, a LA RAZÓN. El torero se mostró desolado y preocupado por la situación que está viviendo. «Dios quiera que la condena no sea de cárcel», confesó, al tiempo que aseguraba que sus planes de boda con Ana María se pospondrán hasta que haya una sentencia firme. «En estos momentos me apoyo en la gente que me quiere y en la fe, porque soy muy creyente y eso me ayuda», dijo.