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La crónica de Amilibia: ¿Y si pudiéramos pagar la deuda con felaciones?

Bandera de España en el Tribunal Constitucional
Bandera de España en el Tribunal Constitucional FOTO: Alejandro Martínez Vélez Europa Press

La noticia ha servido de chanza en las sobremesas. Ya saben, el caso del que pidió a su cuñada que le abonara la deuda con felaciones y ella aceptó tal forma de pago. Ahora el TC ha inadmitido el recurso de amparo contra la sentencia de la Audiencia de Mallorca que no vio delito de coacciones por ser las susodichas felaciones voluntarias y acordadas. El Constitucional no ha entrado en el asunto: no es un tema que afecte a la Constitución. Supongamos que el TC hubiera avalado este medio de pago, no tan inusual como pueda creerse. Se abriría un enorme campo de posibilidades. ¿Se imaginan, por ejemplo, que pudiéramos pagar la Deuda Pública de esta guisa? Permítanme el juego surrealista. ¿Cuántas felaciones habría que hacer para amortizar los 1, 43 billones de euros que debemos, la mitad o así al BCE?

Deberían hacer el cálculo: conviene adelantarse a futuros disparatados y distópicos en los que aún no ha pensado Garzón. ¿Podríamos pedir 100 euros por felación? ¿200? ¿Más? ¿El sexo oral podría convertirse en una especie de moneda internacional útil en el mercado global? ¿Superaría a la criptomonedas? Y llega la cuestión más ardua y compleja: ¿quiénes tendrían que realizar tales labores sexuales? ¿Todos los nacionales mayores de edad, en la medida de sus capacidades, aficiones y experiencia? Sería una opción libre, imagino, considerada como patriótica contribución, y me imagino también que los cooperantes podrían elegir entre la felatio o el cunnilingus al BCE, al FMI o al Banco Mundial. Pese a las arengas gubernamentales («ellos no nos chuparán la sangre si nosotros antes les…»), las contraprestaciones no serían posibles hasta más allá del fin de la pandemia. Olvídenlo.