Ylenia. 20 años del caso que cambió la Prensa del corazón

Cuando se cumplen dos décadas de la desaparición de la hija de Al Bano y Romina, el investigador principal afirma: «Yo no puedo darla por muerta»

No irradiaban ese halo de ilusión que siempre traen adheridas las promesas. Ellos eran una realidad: guapos, exitosos, una pareja idílica con el mundo a sus pies. Al Bano Carrisi y Romina Power eran la reencarnación de la «Felicità» que prodigaban con su música y esa complicidad especial dentro y fuera de los escenarios regaló momentos mágicos al papel «couché». Sin embargo, allí, en la cima de su carrera, la tragedia los devoró: Ylenia, su primogénita, desaparecía en Nueva Orleans el 6 de enero de 1994. Lo que comenzó escribiéndose en las páginas de sucesos acabó en las del corazón. «Estamos preocupados por el paradero de Ylenia y estamos haciendo todo lo posible por localizarla», declaraba entonces Fabrizio Mazza, cónsul general de Italia en la citada ciudad de Luisiana. Luego llegarían diversos testimonios y ninguno concluyente, a excepción del que aseguraba haber visto a la joven arrojándose al Misisipi y que podría haber cerrado esta historia.

Pero nada más lejos de la realidad. Hoy, tras veinte años, las últimas horas de Ylenia son todavía una incógnita y cada cierto tiempo su historia vuelve a la palestra avivada por personas que defienden haberla visto con vida –la última, en 2011, sostenía que se encontraba en un convento de Phoenix–. Sin embargo, para muchos profesionales, su caso sólo se reabre por una sórdida necesidad de espectáculo. No es de extrañar: su desaparición hizo que el mundo de la Prensa rosa se tiñese de crónica negra. «Ha habido un deterioro del tratamiento de la información y cosas importantes se han ido frivolizando», comenta el periodista Francisco Pérez Abellán. Para el experto en sucesos, se ha producido «una resurrección artificial de este caso» ya que «no hubo ninguna pista incontrovertible de que sigue viva. Prosperó por la necesidad de espectáculo de algunos programas de televisión, algo absolutamente inmoral», sostiene. «Todo se hubiese acabado si no se continuara alimentando el morbo. Pero rompe el matrimonio y la pareja se presta a airear sus diferencias», comenta la periodista del corazón Rosa Villacastín. Para ella, la noticia conmovió al mundo porque «se trataba de la hija de una pareja muy querida y famosa y desembocó en una tragedia familiar». «La historia lo tenía todo: una princesa de la "jet set"internacional, guapísima, hija de unos padres ricos y admirados que vive una existencia desgraciada y desaparece en medio de una depresión. Se convirtió en una bomba informativa», añade Pérez Abellán.

¿Caso abierto?

Sin embargo, al margen del ruido mediático y de la escasa credibilidad de ciertos testimonios, todavía hay quien sostiene que la joven sigue viva. El investigador de Las Vegas Frank Crescentini lleva veinte años recabando pruebas, datos y declaraciones. En su opinión, «no se puede dar a una persona por fallecida si no se encuentra el cuerpo», afirma en conversación con LA RAZÓN. El detective ofreció sus servicios de forma gratuita a la familia Carrisi y, según asegura, lo rechazaron: «Al Bano no quiere hablar conmigo. Le pedí que contestase a un cuestionario de 19 preguntas clave para la investigación y se negó». Además, entabló conversaciones con la madre de Ylenia, aunque para él «Romina vive en un mundo muy particular», por lo que sería difícil extraer de ella claves que le ayuden en su trabajo. Crescentini mantiene el optimismo y, al ser preguntado por si el caso sigue abierto, responde con un «claro que sí». De hecho, confiesa que podría haber encontrado una nueva línea de investigación: «Desde hace dos meses hablo con una persona que asegura estar en contacto con ella. Sólo puedo decir que, de momento, me está demostrando saber cosas muy personales y que nadie conoce, como las cicatrices que tiene en su cuerpo. Me ha descrito exactamente dónde están y eso no es fácil saberlo», comenta el investigador, quien añade: «Con todos los testimonios que tengo y que dicen haberla visto con vida, yo no puedo dar por muerta a Ylenia». Crescentini acumula en su casa cientos de folios del caso y prepara desde hace años un libro, aunque denuncia que «nadie se atreve a publicarlo». «El problema es más complicado de lo que pensamos, hay cientos de hipótesis, entre las que se encuentra alguna que podría implicar a la mafia». El investigador, que ahora trabaja en el aeropuerto de Las Vegas, asegura que el caso está inactivo –es decir, que sigue abierto pero ya no se trabaja en él– y denuncia que «la policía de Nueva Orleans es una de las más corruptas». Ésa es una de las motivaciones que le empujan a seguir, a pesar «de no haber cobrado ni un duro en todos estos años». Además de los testigos que aseguran haber visto con vida a Ylenia, Crescentini sostiene que una de las claves del caso es que se haya borrado del National Crime Information Center del FBI el número de identificación de la desaparición de Ylenia (M705944984). «Su archivo está vacío y eso es muy sospechoso. Aunque se diese de baja, quedaría grabado el historial y ya no está. ¿Qué pasó aquí?», pregunta.