Así que pasan cinco años en Atalanta

El sello creado por Jacobo Siruela e Inka Martí celebra su primer lustro. La editorial apuesta por reivindicar el libro como objeto realizado artesanalmente

Inka Martí y Jacobo Siruela en la sede de Atalanta.
Inka Martí y Jacobo Siruela en la sede de Atalanta.

VILAÜR (GIRONA)- El Mas Pou es una hermosa masía del siglo XVII que se encuentra en el tranquilo ampurdanés pueblo de Vilaür. Pensada para menesteres no literarios, sin embargo desde este rincón ha salido algunas joyas editoriales firmadas por Casanova, Ernst, Wilde o Shikibu. Aquí, hace cinco años, se puso en marcha Atalanta, el proyecto editorial que dirigen Jacobo Siruela y su esposa Inka Martí. Este sello, viviendo al margen de las modas, ha sacado cincuenta títulos, siendo el último de ellos «El mundo bajos los párpados», una particular mirada a la realidad onírica firmada por el propio Jacobo Siruela.

Literatura atemporal
Los dos editores hacen balance de lo que ha sido este primer lustro de andadura, reivindicando «la literatura atemporal. Vivir en el campo alejado del mundillo editorial, nos ha obligado a nadar contracorriente. Para nosotros es lo mismo Mendoza, que Shakespeare o Pintel». Siruela se muestra partidario del libro «como un objeto físico y sensual frente a la aséptica, abstracta e impersonal funcionalidad del libro electrónico». Por eso, tanto Siruela como Martí prefieren hablar de su trabajo como el propio de un artesano. «Hay demasiados libros en las librerías. Sin embargo, el artesano es aquel que edita pocas obras, pero muy cuidadas», afirma Martí, quien compara la labor de Jacobo Siruela con la de un director de orquesta. No obstante, éste matiza que «puedo ser el director de orquesta, pero todos aportan cosas. Aquí se han unido dos personas con la misma sintonía y gran sentido práctico».
El editor creó el sello Atalanta tras sus dos décadas de experiencia al frente de Siruela. Una vez vendida esa editorial, optó por hacer algo diferente. «Hacer una Siruela 2 habría sido muy aburrido. Preferimos partir de cero. En todo caso, sí recuperamos el espíritu del Jacobo de los primeros diez años de Siruela, una época extremadamente creativa», confiesa el editor.
En estos cinco años, han aparecido cincuenta títulos repartidos en tres colecciones. Por una parte, Atalanta ha apostado por la recuperación del cuento, cosa que ha hecho de la mano de Conrad, Vivant Denon, H. G. Wells o D. H. Lawrence. También han aportado al lector obras que hasta la fecha eran desconocidas en nuestro país o que sufrían de una mala edición, como pasaba con «La historia de Genji», de Murasaki Shikibu, o «Historia de mi vida», las memorias de Giacomo Casanova, dos títulos que han tenido un gran éxito, al igual que «El arte de conversar» de Oscar Wilde. Las muy cuidadas y artesanales intenciones de Atalanta también ha dado a luz rarezas de la calidad de «Tres novelas en imágenes», del artista surrealista Max Ernst.
Entre los proyectos más inmediatos de este sello resaltan «El erudito de las carcajadas» de Jin Ping Mei, la primera novela moderna de la tradición literaria china; «El mar de iguanas», del gran prosista mexicano Salvador Elizondo; y un libro sobre el universo matemático de Pitágoras.