Arranca el Sónar más carnavalesco

La primera jornada del Sónar volvió a vivir la avalancha de extranjeros, el calor y los conciertos de aire extraño.

El escenario principal vivió los momentos más divertidos de la primera jornada
El escenario principal vivió los momentos más divertidos de la primera jornada

BARCELONA-El Sónar es como el Mundial de fútbol, hay representantes de todos los países, gente disfrazada animando a los artistas, instrumentos que hacen ruídos más desagradables que las famosas bubucelas y una atmósfera alegre y de celebración. Incluso el inglés Pete Tong hizo un amago de poner el «Waka waka» de Shakira. Eso sí, aquí nadie compite, nadie gana, pero tampoco nadie pierde, es mejor. Y aquí hasta hay perros robots, el no va más. Sólo faltó ayer que los artistas subieran al escenario equipados como la selección de su país.

Hip hop agreste e irónicoLa jornada inaugural volvió a repetir la tónica de los últimos años, avalanchas de gente, calor y muchas ganas de ver cosas nuevas. Aunque no hubo la sensación de agobio de otras ediciones. Mujeres vestidas de la novia cadáver arrastrando latas, tipos con cuernos verdes, chavales disfrazados como palestinos, con bigotes postizos, en el Sónar todo vale para llamar la atención, y era difícil lograr ese objetivo, en la edición más carnavalesca que se recuerda.La mayoría del público se aposentó en el escenario principal, el «Sónarhall», con su hierba artificial, y de allí no se movió. Después de las ocurrencias del Professor Green, que despertaron sonrisas y poco más, y la desinhibición de Pete Tong, fiesta ibicenca sin complejos, llegó la que está llamada a ser una de las sorpresas del festival, la hip hopera Speech Debelle. No defraudó, con su hip hop agreste, festivo y de letras irónicas, en el mejor estilo de De la Soul o Arrested Development.Aunque el Sónar también es experimentación y murallas de sonido. El grupo de música contemporánea BCN216 subió al escenario del auditorio del CCCB con el estadounidense Tristan Perich. Eran ocho violinistas y un americano que procesaba sus notas a través del ordenador. Daban ganas de que sonasen los compases de «Psicosis», pero no pasó, y no consiguieron conservar la atención del público.Las primeras aglomeraciones se vivieron en el concierto de Caribou. El escenario «SónarDôme» se quedó pequeño para acoger a la cantidad de gente que quería ver al que era el reclamo principal de la jornada. La mayoría no pudieron más que verlo desde la distancia y el volumen de decibelios no daba para tanto. Aún así, la electrónica pop densa y sentimental llegó al público, al menos el que estaba más cerca.El broche final lo puso Broadcast en el CCCB con su pop abstracto. Antes, los estadounidenses Loud Objects (objetos ruidosos) hicieron honor a su nombre con una sesión atronadora en la que manipulaban un instrumento cuadrado lleno de cables y microchips como si estuviesen jugando al celebre «Operación»

La robótica toma el CccbUno de los puntos fuertes del Sónar de día siempre es su zona expositiva. Este año tampoco defraudó, en una edición dedicada a los robots. Sobre todo robots de perros, de cabezas de alce pegadas a la pared, de una especie de insecto que hacía carreras encerrados en tubos. Los animales arrasan en robótica. Aunque lo mejor son las batallas de sumo entre pequeñas máquinas o un robot facial que te sigue con la mirada. Pone los pelos de punta.