Las reinas tóxicas de la noche

No pasa de los 30 años. De hecho, de 30 en adelante, ya se le considera «viejo» para consumir. Está entre los 17 y los 25 años. Su nivel cultural es medio-bajo –en ambientes más poderosos prefieren la cocaína–.

pastillas de marca: Son unos clásicos renovados, con logos de firmas de electrónica, del mundo del motor y la moda
pastillas de marca: Son unos clásicos renovados, con logos de firmas de electrónica, del mundo del motor y la moda

A pesar de atravesar por dificultades económicas –tiene un trabajo precario y lo que gana lo invierte en la fiesta–, obtiene dinero para consumir a base de trapicheos. Está inmerso en el ocio juvenil, no sólo en macrodiscotecas y «raves»; también frecuenta garitos de moda. Enfatiza la necesidad de romper con el presente. Y quiere probar todo lo que está en boga. Sobre todo si lo venden como algo nuevo. Según la Fundación de Ayuda contra la Drogadicción (FAD) y la UDYCO central de estupefacientes, éste sería el perfil del consumidor de drogas de síntesis en España.

 

El consumo de cocaína, hachís o incluso de heroína está por encima del de estas sustancias. «España es de los países en los que menos se consume. La prevalencia es del 1 por ciento de la población en los últimos doce meses», apuntan desde la Delegación para el Plan Nacional Sobre Drogas. Sin embargo, los laboratorios clandestinos siguen ideando fórmulas para introducir estas sustancias. El cambio de formato y la adulteración resultan útiles para evadir la Justicia, como advirtió la Junta Internacional de Fiscalización de Estupefacientes (JIFE) en su último informe.

Como afirma la UDYCO, la mayoría de laboratorios se encuentran en Holanda y Bélgica, habitualmente en caravanas para gozar de movilidad. A los químicos, contratados por grupos externos, les basta con «cambiar un radical en el proceso químico para obtener un producto diferente». Por ello, «es imposible prohibir todas las drogas sintéticas», al ser nuevas y no estar fiscalizadas.

 


En forma de rocas

 

Un ejemplo se encuentra en la sustancia de laboratorio líder: el MDMA, un tipo de éxtasis consumido sobre todo en Madrid, Levante y Baleares. De hecho, la UDYCO asegura que su incautación aumentó un 57 por ciento en 2010. Antes ha tenido otros nombres. Se comercializaba como pastillas –con logotipos como el de Ferrari o Playboy, con distintas propiedades–. Después pasó a venderse en polvo. Y actualmente se adquiere en forma de rocas. Es el llamado «cristal». «Su pureza es más grande y sus efectos, más rápidos al salibarse», afirma la UDYCO. «Pero en realidad siempre es éxtasis», añaden. Y es que se trata también de una cuestión de marketing: vender el mismo perro, pero con distinto collar.

 

El sulfato de anfetamina o «speed», una sustancia veterana, sería la segunda más incautada, con un aumento del 90 por ciento. Su consumo se centra en Burgos, Navarra y País Vasco, según la Policía. Y entre las llamadas drogas emergentes figura el GHB, o éxtasis líquido, que «está en el grupo de drogas de violación»: es usada por «depredadores sexuales», que la suministran secretamente a sus víctimas para anularlas mental y físicamente y, así, poder abusar de ellas sin forzarlas. «Nadie lo denuncia, sobre todo por vergüenza», apuntan en la UDYCO.

 


Usos múltiples

 

Internet ha abierto una puerta para la venta de drogas emergentes que, originalmente, tenían usos lícitos. De ahí que surjan problemas legales. Existen webs que venden mefedrona, un fertilizante fiscalizado el pasado año y que aquellos que quieran usarlo como abono han de declararlo antes a su Delegación del Gobierno correspondiente. También está la ketamina, un anestésico para animales que se utiliza en veterinaria. O el «Spice», sustancia aromática que no deja de ser un cannabinoide sintético. «La mayoría de los servidores funcionan en Reino Unido», afirma el Gobierno.

 

Por primera vez, el Ministerio de Sanidad incluirá en su encuesta ESTUDES, destinada a jóvenes de entre 14 y 18 años, preguntas sobre el consumo de drogas emergentes. Quizá entonces sea el momento de sacar conclusiones. Como resume Carmen Puerta, presidenta de la Sociedad Española de Toxicologías, «la alarma salta cuando una droga hace daño a una persona. Hablamos de sustancias químicas adulteradas artificialmente y que pueden ser muy dañinas».

Así, dentro de una estrategia de prevención, lo mejor «es la información, sobre todo en los colegios y a los padres. No sabemos en realidad lo que están consumiendo». No en vano, «las pastillas son un paradigma de lo artificial e incontrolable. Su consumo es una ruleta rusa», dice Eusebio Megías, director técnico de la FAD.




Fórmulas emergentes, secuelas peligrosas

MDMA: El éxtasis es ahora más conocido como «cristal». Aumenta el ritmo cardíaco y la tensión arterial. Combinado con una intensa actividad física, puede causar la muerte. También puede originar daños cerebrales.

 

«Spice»: La Policía Nacional destaca que se está vendiendo mucho en internet. Se trata de un cannabinoide sintético, mezcla de hierba con componentes químicos. De esta forma, potencia los efectos del alucinógeno.

 

GHB: El gamma-hidroxibutirato, o éxtasis líquido, se usaba como anestésico. La Policía la enmarca dentro de las drogas de violación», usadas por agresores sexuales, pues su consumo deja a la víctima a su merced. Sin embargo, no denuncia casi nadie.

 

Mefedrona: Lo último en drogas de laboratorio. Sanidad ha regulado recientemente el uso de la Mefedrona, similar al éxtasis, después de que la UE la fiscalizara. En Gran Bretaña ha provocado algunas muertes. Ha creado controversia legal, pues se usa también como fertilizante.




Las «discotecas de moda», bajo sospecha

En España, asegura la UDYCO, existen apenas «cuatro o cinco personas que tienen contacto directo con los laboratorios» de Centroeuropa. Van a buscar la mercancía y la introducen por carretera a toda España. «Uno la ocultaba en cuatro camiones que, en teoría, transportaban flores a floristerías», dicen. La venta final a los «mayoristas» se realiza en gasolineras. Y estos distribuidores suelen estar «asociados al ámbito de las discotecas». De hecho, la Policía asegura que en Madrid se están investigando varias «discotecas de moda», en las que los porteros podrían contribuir «a la introducción de estas drogas».