Una noche en Casablanca

A Allan, Humphrey Bogart le echa un cable en asuntos de amor. ¿Les suena? Luis Merlo y María Barranco vuelven con «Tócala otra vez, Sam» PARA NO PERDERSETeatro: Teatro Infanta Isabel (Barquillo, 24).Cuándo: Miércoles y jueves 20:30 h. Viernes y sábados, 19:00 y 21:30 horas. Domingos, 19:00 horas.Precio: de 18 a 25 euros.

MADRID- Seguro que muchos sitúan sin problemas en sus memorias «Sueños de un seductor»: así se tituló en español la versión cinematográfica de «Tócala otra vez, Sam» (1972), con Woody Allen en pantalla (aunque la dirigió Herbert Ross): la vida sentimental del tímido crítico de cine Allan es un desastre. Sólo le consuelan su amiga Linda y los consejos que le da un imaginario Humphrey Bogart. Pero antes del filme, la historia fue una obra de teatro, escrita por el propio Woody Allen. A ésta acudió Luis Merlo, que se mete en la piel de Allan, acompañado por María Barranco. Tras estrenar con éxito la pasada temporada –200.000 espectadores, «si supiéramos cuál es el secreto del éxito lo reproduciríamos», cuenta Merlo–, el montaje regresa a Madrid. «Es un hijo que nos ha salido muy mono, así que vamos a tener familia numerosa», bromea Barranco. Evadirse de la realidad, como hace Allan, nos permite «poder volver luego a ella y afrontarla», cree el actor. Y recuerda que «la necesidad de evasión existe incluso en los mejores momentos. Contaba Irving Thalberg que en el crack del 29 fue cuando la gente iba más al cine».

Tamzin Townsend dirige esta producción en la que Javier Martín –en la gabardina de Bogart– , José Luis Alcobendas y Beatriz Santana acompañan a los protagonistas. Aclara el actor que Juan José Arteche ha realizado una gran versión, pero matiza que «el lenguaje teatral y el cinematográfico es el mismo: compartir lo que tú entiendes que es la verdad con quien tienes enfrente y entender que esto es un juego». Y deja claro que no piensan en Allen y Diane Keaton: «Si nos planteáramos que ellos lo interpretaron antes, no lo haríamos».

Es un texto, cuenta Barranco, «con el que la gente se siente muy identificada, porque, ¿quién no ha vivido un desamor o se ha sentido abandonado? ¿Quién no tiene un amigo que le intenta ayudar?». Es justo lo que hace Linda... a su manera: «Le echa una mano a Allan, pero al cuello: cada vez que trata de ayudarle le mete en problemas». Y explica Merlo que Allen supuso un relevo generacional en los años 60: «Su aportación impagable fue hablar de esa otra América en la cual no todos son rubios, altos, ganadores, equilibrados y millonarios. Una América llena de ateos y neuróticos que se podían enamorar del defecto del otro».