Teatro

Un pícaro llamado José Sancho

El actor llega a Madrid con el clásico de Benavente «Los intereses creados», una comedia más viva que nunca sobre corruptelas y apariencias

Nada cambia: «Aquí no hay sino valerse del ingenio y la desvergüenza, que sin ella nada vale el ingenio», le dice Crispín a Leandro en una de sus muchas brillantes frases. Conviene reivindicar la modernidad de «Los intereses creados». A Jacinto Benavente (1856-1954), pese a ser uno de nuestros cuatro premios Nobel –junto a Echegaray, Juan Ramón Jiménez y Camilo José Cela– y un dramaturgo de enorme éxito en su día, el paso del tiempo le ha tratado con rigor y apenas tiene quien lo estrene. No cultivó, cierto es, la modernidad creativa de la prosa de Valle-Inclán –de hecho, ambos dramaturgos, contemporáneos, se detestaban–, pero en sus líneas hay hallazgos impagables y su habilidad para la carpintería teatral eficaz perdura: poco a poco, los dos pícaros llegados a una ciudad que se hacen pasar por noble y criado van tejiendo una red de engaños para vivir del cuento. Y cuando parece que están a punto de ser descubiertos, Crispín, el cerebro del dúo, ofrece una lección perdurable a su socio: «Basta con aceptar lo que los demás han de ofrecernos. Piensa que hemos creado muchos intereses y es interés de todos el salvarnos».

Un clásico desconocido
No fue insensible al encanto de este clásico José Sancho, que ya hace años soñaba con llevarlo a escena. Lo estrenó en octubre de 2010 en su tierra, no sin vencer prejuicios: «Cuando hicimos la obra en Valencia, algunos de los pseudointelectuales se extrañaban. "¿Benavente?, lo que hay que hacer es estrenar a los contestatariosn", decían. Y luego resulta que Benavente fue uno de los más protestatarios e insidiosos; se llevaba mal con todo el mundo, y esa fue una de las razones por las que la obra funcionó tan bien». Y no es exageración: en su estreno, en 1907, el público madrileño llevó al autor a hombros desde el Teatro Lara hasta su casa.

Pese a ser obra de repertorio hasta mediados del siglo XX, «el ochenta por ciento del público de ahora no la había visto. Frases como la de la justicia, que quita una coma y cambia el texto, había quien me decía que si eran arreglos modernos. Y ahí, valga la redundancia, no he tocado ni una coma», recuerda el director de esta producción que llega ahora a Madrid. «La última vez que se vio fue hace dos décadas. Y los que entonces tenían veinte años no iban al teatro, y menos a ver a Benavente», lamenta el actor. «Ya me gustaría poder haber hecho una gira mayor –su calendario de rodajes se lo impide– para que los jóvenes conocieran a otro Benavente diferente del autor rural de "Señora ama"». A Bevante, como a Paso, les ocurría, explica Sancho, «que tenían obras muy buenas. Pero, como escribieron tanto, también firmaron algunas muy malas».

Eliminados los entreactos, los propios personajes cambian muebles y decorado en esta producción respetuosa con el dramaturgo: «El texto está íntegro. Lo que sí se ha hecho es el montaje más ágil», cuenta. Sin olvidar su idea de base: «La protagonista es la palabra. Es como a mí me gusta el teatro. Los decoradores siempre quieren ocupar un espacio escénico, y está bien que lo hagan, pero nunca haciendo sombra a la palabra». Y explica el director sobre su apuesta estética y escénica que «yo quería un tinglado, una farsa. Eso sí, con trajes de Francis Montesinos, pero que tuviera ese aire de improvisación». Y aunque el reparto luce vestuario del XVII –«que sea muy mediterráneo» fue la petición de Sancho al diseñador–, el montaje no se ciñe a la teoría escénica de la comedia dell'arte, que inspiró a Benavente en su escritura, pese a la presencia de personajes arquetípicos de este género como Polichinela, Arlequín y Colombina: «Hay que destriparlo: durante el prólogo se dice que son las mismas máscaras de aquella comedia dell'arte, no tan regocijadas como solían, porque han meditado mucho en tanto tiempo».

Sancho da vida además al jugoso Crispín, hábil pícaro que juega con la vanidad de sus víctimas; un charlatán que es todo un tratado sobre cómo pasar la mano por el lomo para luego poner la palma, «es tan actual eso de decirle a alguien qué guapo o guapa, qué buen político es, que gran pintor o torero, y verás como dentro de nada te adora», exclama el actor. «Todo el mundo traga. Y en ninguna comedia de la época se compra a la justicia como se hace en ésta. ¡Hasta estuvo prohibida!». Nada que ver con lo que sucede hoy en día, claro...

Cuando Sancho estrenó «Memorias de Adriano» –ironiza con que fuera el «libro de cabecera» de Felipe González y Alfonso Guerra– hubo dirigentes que le pidieron el texto. Y alguno ha ido a verle ahora con «Los intereses creados». ¿Estaría bien una función obligatoria para políticos? «Se lo diremos a Rajoy... porque los otros no van a venir de ninguna manera».

A vueltas con la misma idea pero desde diferentes lenguajes, Sancho cree que para denunciar la corrupción es tan efectiva la obra de Benavente como la serie que protagonizó recientemente, «Crematorio»: «Son compatibles: al salir del teatro, irse a tomar unas cañas o cenar a Casa Lucio y después a casa a ver "Crematorio". Si eso fuera obligatorio, teniendo en cuenta que una está escrita en 1907 y otra en 2007, removería demasiadas conciencias. Alguno llegaría a tirarse por la ventana».

«Es justo lo que estamos viendo ahora. Cómo determinados personajes, que tienen poder político, social o económico, son manejados por otros. Como lo que está ocurriendo en la Europa económica ahora: bailamos todos al son del baile que nos tocan. La señora Merkel debe pensar que no es Hitler, pero esto es una invasión pacífica en la que ella, antes tiene que caer de pie, aunque nos quedemos todos tiesos».


Entre «Crematorio» y Valle-Inclán
Otra picaresca, más actual y cruda, es la que retrata «Crematorio», la aplaudida serie en la que José Sancho da vida al arquitecto Rubén Bertomeu (en la imagen), eje de una trama de corrupciones. Tras estrenarse en Canal+, se puede ver estos días en La Sexta. Además, el día 23 empezará a rodar «Imperium», la serie con la que Antena 3 continúa el éxito de «Hispania». El actor montará además en Sagunto este verano «Los cuernos de Don Friolera», de Valle-Inclán.


- Cuándo: del 9 al 19 de febrero.
- Dónde: Teatros del Canal. Madrid.
- Cuánto: de 12 a 25 euros. Tel. 902 488 488.