Merlo y Larrañaga juntos de nuevo por Jesús Mariñas

María Luisa Merlo y Carlos Larrañaga se divorciaron en 1975
María Luisa Merlo y Carlos Larrañaga se divorciaron en 1975

Fueron imparables en los años setenta. Carlos Larrañaga y María Luisa Merlo eran por aquel entonces un cheque al portador como pareja artística y matrimonial. Llenaban los teatros con un variado repertorio que iba desde «Rosas rojas para mí», de O'Casey, a la comedia más disparatada. Ambos imponían juventud y elegancia. Marcaron una época al estilo de grandes como María Fernanda Ladrón de Guevara y Amparo Rivelles, madre y hermana, respectivamente, del sempiterno galán. Los trajes que lucía doña María en escena junto a otros grandes como Vargas Ochagavia y Pedro Rodríguez, quien además era uno de sus amigos íntimos, fueron siempre un buen reclamo. Deslumbraba con su estilo, pues de casta le venían las buenas manera. Por otro lado, y curiosamente, Larrañaga podría ser duque y grande si su hermana renunciase al título que ostenta.

Pero volvamos a la actualidad, que la nostalgia no es un error, aunque puede suponer pérdida de tiempo. Sin embargo, no les será tan sencillo borrar el pasado a María Luisa y Carlos, que el próximo febrero en Gijón, ciudad norteña de gran atractivo turístico, encabezarán la cartelera teatral. Será su vuelta a las tablas treinta años después de la exitosa «321,322», que supuso el último trabajo conjunto de la pareja. Entusiasmaban con la frescura de su interpretación, que nunca tuvo nada de encorsetada, y, además, supieron explotar la receta siempre infalible de los enamorados que llevaban su querer al teatro, aunque su vida real también tuvo bastante de comedia. Salvando las distancias, puede establecerse un paralelismo con Richard Burton y Liz Taylor, quienes mezclaron su vida privada con su faceta artística. Llegó un momento en el que no se sabía cuándo sus enfados y alejamientos conyugales eran ciertos y cuándo eran premeditados con motivo del lanzamiento de un estreno. Sin duda, ocasionales y tradicionales rifirrafes que terminaban en renconciliación porque así se lo exigía el público.

Lo de María Fernanda y Rafael Rivelles llegó a convertirse en un leyenda, como ocurrió con algunas de las anécdotas de la actriz. Cuentan que en una ocasión, al darse cuenta de que no tenía maquillaje, pidió a su doncella que le reclamase una caja de polvos a su esposo, que se encontraba en otro camerino. Al regresar, la ayudante le dijo: «Aquí los tiene. Me ha dicho don Rafael que valen tanto....». Ella le replicó: «Devuélvaselos y dígale que mi marido nunca me ha cobrado por los polvos». Tenía un gran ingenio, el cual también han heredado sus hijos, Amparo y Carlos. Hubiera sido interesante recoger las múltiples experiencias que le sucedieron a lo largo de la vida, como las referidas a las temporadas que pasó en La Habana. Yo la admiraba enormemente, pues oírla era descacharrante. Aún la veo tejiendo una interminable alfombra que sabe Dios dónde habrá ido a parar.

Volviendo al estreno en Gijón, no cabe duda de que estará cargado de expectativas; se trata de una comedia muy americana en la que participan cuatro personajes y que llegará a Madrid en septiembre. Las ganas de Carlos, de 76 años, y Merlo, de 69 –somos de la misma quinta–, son un aliciente para seguir trabajando.