Sitges: Belén Rueda con otros ojos

Ayer a Sitges le miró una tuerta, casi casi ciega, sin mayores implicaciones por otro lado.

La actriz visitó ayer Sitges
La actriz visitó ayer Sitges

La apertura del Festival de Cinema Fantàstic de Catalunya transcurrió según lo previsto: aluvión de títulos para disfrute del público en un certamen de puertas abiertas y orientado al cine de género: mucha sangre, vísceras, sustos y efectos especiales. Lo de la tuerta no era caprichoso, la Princesa de Éboli en persona, recién presentada la superproducción de Antena 3, se reencarnó en la protagonista de «Los ojos de Julia», el thriller que abrió el certamen fuera de concurso. Y su rostro volvió a ser el de Belén Rueda, de nuevo con problemas oculares en la ficción: Julia es, en esta cinta de Guillem Morales («El habitante incierto», 2004, que también se presentó en Sitges), una mujer que pierde progresivamente la vista y, no tan progresivamente, a su hermana gemela. Ella duda del suicidio oficial y una inquietante presencia, una especie de hombre invisible que la turba y persigue, será el detonante de un filme de oscuridades revenidas y cegueras imparables. Después veremos que la sombra es de carne y hueso y lleva el rostro de Pablo Derqui.
Para Rueda, este particular ensayo (psicológico) sobre la ceguera que ha filmado Morales es un «viaje emocional porque se presenta a Julia como una mujer con unas características especiales», y explicó que «Julia sufre una transformación: puede quedarse ahí, dentro de una cierta depresión, negándose a vivir, o luchar para salir y aclarar la muerte de su hermana».
Del Toro, el padrino
El director lo tenía claro: «Siempre se planteó el filme como un viaje a la ceguera. Hay muchas películas sobre un personaje ciego. Pero ésta es una sobre alguien que se va quedando ciego». Además, aseguró, «la pérdida de visión es un duelo: equivale a la pérdida de un ser o algo querido». Apadrinada por un productor como Guillermo del Toro, la cinta podría haber sido tan gótica como le gustan al mexicano. Pero Morales prefirió apostar por una «estética comunista»: tejidos fríos, cuellos altos… «En el mundo de Julia no hay nada bonito que ver y quería seguir este precepto estético», explica el director. Aunque esto le ha permitido acercarse también al aire «hitchcockniano» en su protagonista. «Tenía claro que quería que Belén saliera muy guapa». Y así sale: una hermosa invidente con tacones. El veredicto del público, el día 28.