Mil millones de dólares para pedir austeridad a las economías del G-20

Los canadienses creen que la organización de las cumbres del G-8 y del G-20 resulta un auténtico despilfarro.

Para que la calma reine en la región de Muskoka, a 200 kilómetros al norte de Toronto, Canadá tirará de talonario
Para que la calma reine en la región de Muskoka, a 200 kilómetros al norte de Toronto, Canadá tirará de talonario

MADRID-Dos de cada tres canadienses consideran que gastar 1.000 millones de dólares en la organización de las cumbres del G-8 y del G-20 que empiezan hoy en la región de Muskoka, en las afueras de Toronto, es un auténtico despilfarro en los tiempos que corren. Máxime, cuando de lo que van a discutir los líderes de los países más desarrollados del mundo y algunos emergentes, y en balde, es de apretarse el cinturón. Sólo el 32% de los encuestados por Ipsos Reid creen que el esfuerzo vale la pena.

Canadá ha puesto toda la carne en el asador para que todo salga bien, todo menos la declaración final de ambas cumbres, que se quedará en simples declaraciones de intenciones como acostumbran. En Toronto no se esperan sorpresas, aunque la rutina va a salir algo más caras que en ocasiones precedentes.

Discordancia de inicioEl optimismo brilla por su ausencia en los prolegómenos de la cita de Toronto. No en vano, la canciller germana, Angela Merkel, afirmó ayer que espera «discrepancias» respecto a las estrategias necesarias para salir de la crisis. La UE y EE UU ya han puesto claras sus diferencia, ya que le Viejo Continente defiende el control del déficit y Norteamérica aboga por medidas de estímulo.

Pero volvamos a las cifras de las cumbre. En Pittsburgh (EE UU), en septiembre del pasado año, el desembolso apenas llegó a los 18 millones; en Londres, cinco meses antes, el gasto superó los 30 millones. Son datos de la Universidad de Toronto que expresan bien a las claras el desencuentro entre la población y el Gobierno del primer ministro Stephen Harper, un hombre al que los excesos económicos le acompañan en su gestión y que capea las críticas hablando de los irresponsable que sería no garantizar la seguridad de los líderes mundiales.Buena parte del derroche de Harper tiene que ver con la construcción de una kilométrica valla de seguridad de tres metros de altura reforzada con gigantescos bloques de cemento, la instalación de cañones sonoros para dispersar a los manifestantes que siempre acompañan estas citas y la presencia de hasta 20.000 policías y guardias de seguridad.

Pero nada como los dos millones que ha costado el lago artificial y el pabellón que albergará el centro de prensa en el que trabajarán sólo 150 periodistas que tienen permitido el acceso a Muskoka, de los 3.000 que han tomado Toronto.

Con este escenario, no es de extrañar que una noche en el Park Hyatt valga 650 dólares, el doble que a principios de mes . O que el alquiler de un apartamento le haya costado a un periodista de la BBC nada menos 8.400 dólares por dos semanas. Lo peor será para museos, teatros, bancos y restaurantes, muchos de los cuales han echado el cierre.