Fiascos olímpicos

LONDRES- No gana medallas, pero el Comité Organizador de los Juegos se está cubriendo de gloria. No hay día en el que no pase algo que le ponga en aprietos. Los tabloides británicos ya han encontrado tres motivos para demostrar que su sentimiento patriótico no impide la crítica.
El pebetero es uno de los protagonistas. En la ceremonia de inauguración –calificada de «multicultural e izquierdista» por un diputado ultraconservador al que ayer David Cameron tachó de «idiota»– el fuego olímpico fue colocado en el centro del Estadio. Para no entorpecer las carreras, los 204 pétalos gigantes se han trasladado a otro punto de la instalación que no permite ver la llama olímpica desde la calle, algo bastante inusual en la historia de los Juegos. El presidente del LOCOG, el británico Sebastian Coe, señaló que la nueva localización «recuerda a la de los Juegos de 1948», pero ni con esas pudo evitar la polémica.

El público, al fin y al cabo, no le pasa una desde el problema que ha habido con las entradas. Miles de personas se han quedado sin posibilidad de ver las competiciones en directo y eso con multitud de asientos vacíos en las gradas. En la segunda jornada, alrededor de 12.000 asientos estaban desocupados, la mayoría adjudicados a VIPS que luego no han salido del hotel. Militares, maestros y escolares han tenido que ocupar los huecos antes de que salieran a la venta. Por si el bochorno no fuera suficiente, los organizadores aseguraron ayer que «esperan que las llaves del estadio de Wembley no se vuelvan a perder», después de conocerse que la Policía las extravió el 24 de julio, un episodio que obligó a cambiar las cerraduras.