Los huevos de internet por José Luis Alvite

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Se discute mucho estos días sobre el control de internet para evitar que proliferen las descargas gratuitas de productos que tendrían que estar protegidos con derechos de autor. Algunos simpáticos sostienen que la gratuidad de los productos se compensa con la popularidad que la enorme difusión de internet les asegura a los autores. Ignoran que en su esfuerzo creativo el placer de la popularidad tiene para muchos autores menos importancia que la posibilidad de conseguir una rentabilidad económica que recompense su esfuerzo. Es cierto que la difusión de su obra colma muchas veces la vanidad del escritor, por ejemplo, pero no lo es menos que la mayoría de los novelistas aspiran a que su trabajo cubra también las necesidades de su aparato digestivo. Además de elaborar una obra brillante gracias a la fertilidad de su talento, el novelista en cuestión aspira también a sobrevivir gracias al uso adecuado de su dentición. Es decir, el placer de disfrutar de la popularidad no excluye en absoluto el de hacer un viaje, comprar un sombrero o degustar una nécora. No es razonable sostener que el prestigio de un artista ha de basarse sobre el pilar de su calidad tanto como sobre la base de su indigencia. A veces se confunde con cierta ligereza la generosidad con el estoicismo y se pretende que un escritor ha de ser un tipo sin ambiciones materiales, una especie de heroico misionero, un ser abstinente y apostólico, alguien capaz de prodigar su talento en la creación de una obra formidable que además de reputarle como un artista, le convierta sin remedio en un mendigo. De niño me dijo una anciana aquel verano en Cambados: «No puedes robarme los huevos de la gallina, hijo, porque es de la venta de esos huevos de donde consigo el dinero con el que compro el maíz para que la gallina coma y siga poniendo».