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OPINIÓN: Cuestión de corazón

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Es imposible artificio retórico alguno en la aproximación al juicio contra Miguel Carcaño y sus presuntos cómplices. Muchos literatos han fantaseado con lo que Balzac llamó «escribir desde las tripas» pero la letra impresa surge en el cerebro, mientras que todo lo relacionado con Marta del Castillo nace de unos palmos más abajo. ¿Cómo contabilizar el daño causado? ¿Cómo medir la maldad? ¿Cómo explicar las motivaciones de cada uno de los cien ciudadanos que increpó a los imputados ayer en la puerta del juzgado? ¿Cómo describir las miradas de unos y otros o mejor dicho, de unos a otros? ¿Cómo entender por qué, para qué? ¿Cómo frenar al agente de policía más fornido y cabrón de la provincia para que no le saque a hostias el paradero del cuerpo? ¿Cómo respetar al abogado que se gana la vida sembrando el proceso de trampas? ¿Cómo tragarse la sentencia benévola con la que se premiarán sus mentiras? Un avispado publicista argentino lo explicó así: «No hay razón para seguir en la cancha cuando no podés tenerte en pie. No hay razón para jugar al rugby porque al rugby se juega con el corazón». Que cada cual busque las respuestas en el suyo. Quien lo tenga.