Los indignados que abuchearon a Rita piden su muerte con pintadas en su casa fachada

La casa de la alcaldesa de Valencia no solo fue objeto de una sentada, sino que ayer aparecieron pintadas.

La pintada apareció sobre la línea blanca que delimita el carril bus
La pintada apareció sobre la línea blanca que delimita el carril bus

Valencia- Unas pintadas deseando la muerte de la alcaldesa de Valencia, Rita Barberá, aparecieron ayer en el asfalto, frente a la fachada de su vivienda particular sin que, hasta el momento, se conozca la autoría de las mismas. Todo apunta a que los autores pueden ser «indignados» del 15-M que en la manifestación contra el Pacto del Euro, llevada a cabo el pasado domingo, «improvisaron» una sentada frente al domicilio de la primera edil, en la Glorieta de Valencia, le abuchearon e insultaron. Las pintadas, al parecer, fueron observadas por la propia alcaldesa al legar a casa al mediodía de ayer.
Llovía sobre mojado. El día anterior la manifestación de «indignados» que recorría el centro de la ciudad, varió levemente el itinerario previsto y autorizado por la Delegación del Gobierno y se concentró frente a la vivienda de la primera edil para lanzar consignar e insultos en su contra.
La alcaldesa, sorprendida e indignada por esa situación, telefoneó a la delegada del Gobierno, Ana Botella, quien no atendió la llamada en un primer momento. Ante la tardanza, Barberá llamó directamente al ministro de Interior y vicepresidente, Alfredo Pérez Rubalcaba, para mostrarle su indignación por el comportamiento de los indignados.
El ministro aseguró a la alcaldesa que tomaría cartas en el asunto para averiguar por qué se había variado la ruta autorizada por la Delegación del Gobierno.
Cabe señalar que la delegada del Gobierno tardó cerca de una hora en devolver la llamada a la primera edil «porque estaba atendiendo otras llamadas». Las relaciones entre Ana Botella y la alcaldesa de Valencia nunca han pasado de ser protocolariamente correctas, nada más, como se demuestra en esta circunstancia acaecida el domingo. Tanto, que la delegada no ha realizado la tradicional e institucional visita de cortesía a la alcaldesa de la ciudad.
Por su parte, la Delegación del Gobierno negó ayer que se realizara ninguna sentada frente a la casa de la alcaldesa, «sino que en un momento puntual, los manifestantes se concentraron frente a la puerta de la alcaldesa unos minutos». Justifica su aseveración con el argumento de que «la Policía no tuvo ni que intervenir».
Tras negar la afirmación de Barberá sobre la sentada, cuyas imágenes abrieron la mayoría de los telediarios nacionales, la Delegación indicó que «no van a discutir públicamente sobre asuntos que afecten a la seguridad de las autoridades o de las instituciones valencianas».
En cualquier caso, la seguridad de casa de la alcaldesa quedó ayer en entredicho al aparecer dichas pintadas, ya que su zaguán está permanentemente custodiado por policías locales, y, quizás, tras los hechos de ayer, debería haber sido vigilado también por miembros de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado.
 El portavoz del PP en Les Corts Valencianes, Rafael Blasco, señaló ayer que la «actitud» de un grupo de «indignados» frente a la casa de la alcaldesa de Valencia, es «tan condenable como la agresión verbal» sufrida por el ex presidente de la Generalitat Joan Lerma o la «agresión física» de Cayo Lara.
Blasco señaló que lo ocurrido ayer «es un flaco favor que le hacen algunos manifestantes» a un movimiento como es el del 15-M, que ha suscitado «mucha confianza» desde el punto de vista de las reivindicaciones y propuestas que plantean para mejorar el funcionamiento de la democracia. «Este tipo de actitudes vienen a quitarle valor y a cuestionar un movimiento sobre el que hay que estar atento, muy receptivo».
Por otra parte, un grupo de indignados partió ayer desde la plaza del Ayuntamiento de Valencia con destino Madrid, en la primera jornada de un recorrido a pie que durará 34 días y finalizará el próximo 23 de julio en la capital de España, donde esta programada una manifestación de todas las «marchas indignadas».