Jueves de plenitud

La Razón
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Ay 13, 13 de mayo, cuando me encontré contigo. Ya saben a lo que me refiero: «¡Hola!» llegó por fin a Sevilla. El 13 de mayo siempre me trae recuerdos de cuando era un niño y marchaba con mi ramo de flores para ofrecérselo a la Virgen en el mes de María. Una María, y no precisamente virgen ni buena, me refiero a Maruja Díaz, según se van desarrollando los acontecimientos, lo suyo se ha decantado definitivamente por la exclusiva y no por el tanatorio. Hoy aparecerá como estrella invitada en «Sálvame Deluxe». Ha coqueteado con las dos cadenas televisivas y, una vez que se ha producido la oportuna subasta, la que ha puesto más euros en el bolso de «Maru», se ha llevado la gata, ya madurita y un poco escaldada, al agua. Ayer, en mi inmenso dolor, no comenté las revistas; hoy, con el tiempo transcurrido –24 horas son siglos en la información–, se lo ha llevado todo por delante. Pero no quiero dejar de señalar el ático de superlujo que nos enseña «¡Hola!» en su sección de grandes mansiones. El de esta semana está situado en Nueva York y pertenece a Donald Trump y a su joven y flamante esposa. No me sorprende el lujo de la casa, hemos visto muchas en este apartado; pero sí el despliegue ostentoso que se hace de objetos privados: infinitas maletas, baúles y demás complementos de viaje de Louis Vuitton. Los cientos de pares de zapatos de Manolo Blahnik a 1.500 euros el par. Cientos de relojes de grandes marcas, todos ellos cuajados de brillantes. Muchísimos joyeros abiertos que contienen, como es natural, joyas fastuosas, que se esparcen de forma obscena sobre la cama de matrimonio. Viendo todo esto, entendemos por qué la joven «Missis Trump» se enamoró del vetusto magnate, y es que, sin duda, este hombre tiene un corazón de oro y brillantes. Incluso de zafiros, rubíes y esmeraldas. Esto enamora a cualquier mujer sensible.