El peronismo interminable

Argentina celebró elecciones entre un muerto, el ex presidente Néstor Kirchner, y una oposición abanderada por el periódico «Clarín». El triunfo pertenece al incombustible peronismo y a la viuda de la Casa Rosada, Cristina Fernández. Cristina le invoca en los mítines: el muerto nos guía y protege. La gigantesca corrupción gubernamental se publica en los medios y apenas suscita enojo porque se la considera parte del paisaje.
La Unión Cívica Radical (krausistas), tradicional dique del peronismo, se ha multidividido en fracciones encontradas hasta el punto de producir un milagro: la resurrección del socialismo.
Por primera vez, que se tenga noticia, el socialista Hermes Binner ganó la gobernación de Santa Fe y con el Frente Amplio Progresista se presenta ante Cristina sin la menor posibilidad de forzarla a una segunda vuelta.
Pero ni siquiera con este brote verde socialista puede hablarse de oposición. Es el grupo «Clarín» a quien corresponde tal honor, asistido por «La Nación», otro gran periódico en español.
El peso internacional del diario ha impedido que lo clausuren o lo quemen como en tiempos del general. Los «K» tapan su inmoralidad económica con memoria histórica, abriendo juicios contra militares represores seniles y se incardinan en el bolivarianismo.
En Iberoamérica los indicadores económicos tienen más que ver con el realismo fantástico que con la estadística, y así el país da un 10% de paro oficial, aunque son legión los subocupados e incalculables los recogedores de cartones fuera de los cómputos. Al menos se mantiene desde hace años el dólar USA a 4,23 pesos, y el euro a 5,88, la inflación está sujeta y la deuda externa bien negociada. No sufren las arritmias de la crisis financiera internacional. Se repite la fórmula inextinguible de Juan Domingo Perón: «Poner los intermitentes a la izquierda y adelantar rápido por la derecha».