Literatura

Françoise Sagan la escritora tóxica

Alta, delgada, rubia y con el pelo corto, la escritora redacta en 1957, durante su estancia en un hospital, el calvario que le provoca su adicción a un sucedáneo de la morfina. Esos pensamientos ven ahora la luz reunidos en «Tóxica».

Sagan se refugió en la literatura: Baudelaire, Céline...
Sagan se refugió en la literatura: Baudelaire, Céline...

Françoise Sagan sigue siendo la autora de «Buenos días, tristeza», la joven pizpireta de cabello corto que dio su salto al mundo de las letras con una obra rompedora, todo un impacto para una generación de lectores. Sin embargo, alguno de sus textos permanecía inédito en nuestro país.

Ático de los Libros acaba de rescatar una de esas prosas, «Tóxica», un joya autobiográfica donde la autora desmenuza sus intentos para desengancharse de una droga a la que se había vuelto adicta por culpa de una medicación. Como una manera de exorcizar sus fantasmas internos a lo largo de esos días, Sagan llevó un diario sobre su internamiento. El volumen permaneció oculto hasta 2009, cuando vio la luz en Francia, cinco años después de la muerte de la narradora. La autora no se puso límites y decidió liberarse a partir de la redacción del cuaderno. Ella misma lo advierte en la primera página de «Tóxica»: «En el verano de 1957, tras un accidente de automóvil, fui presa durante tres meses de dolores lo suficientemente desagradables como para que se me administrase a diario un sucedáneo de la morfina "875"(Palfium). Al cabo de estos tres meses estaba lo suficientemente enganchada como para que se me impusiera una estancia en una clínica especializada. Fue una estancia corta, pero durante la cual escribí este diario que volví a encontrar el otro día».

Pasmosa sinceridad

Sagan es una excepción en la literatura. Generalmente abundan los libros escritos bajo los efectos de sustancias, ya sea bebiendo absenta como Rimbaud o inyectándose de todo como Burroughs. Pocos son los que hacen examen de conciencia, por eso la escritora es una excepción y decide contarlo todo, desde los pequeños detalles sobre lo que ve a su alrededor a sus impresiones como narradora o lectora. Todo ello es de una sinceridad pasmosa, en ocasiones dolorosa porque la autora de «Buenos días, tristeza» no puede ocultar su derrumbe psíquico. Por eso no oculta en una entrada del diario que «me espío: soy un animal que espía a otro animal en el fondo de mí». En ese «espionaje» hay espacio para todo, pero especialmente por querer luchar. A partir de impresiones breves en su forma, pero grandes en su contenido, se replantea la vida, como cuando apunta que «creo que ya no estoy enamorada de Nadie. Esta terrible constatación bien vale un apartado. A mi pesar, tengo, pase lo que pase, el pensamiento o la escritura literarios».

La literatura es una de las grandes obsesiones de «Tóxica». Sagan busca en ocasiones refugio en lecturas, en algún momento placentera –como le sucede con Apollinaire o con Proust–, pero también un sentimiento de derrota y hasta de ironía cuando el libro no es de su agrado. «El libro sobre Baudelaire es decididamente de un débil mental. Me empiezan a doler los brazos. Mala señal. El libro de Céline es bastante espantoso. De hecho, me plantea una pregunta: cuando salga de aquí, ¿puedo o no llevar cien mil francos a Céline? Me parece que es la pregunta que debería plantearse todo lector atento».

El insomnio, los fármacos y el agotamiento tienen en este libro otro puntal con las penetrantes ilustraciones de Bernard Buffet. El pintor francés supo como nadie plasmar en imágenes algunos de los pasajes de «Tóxica», convirtiendo en dibujos de trazo grueso y profundo algunas de las meditaciones de Sagan. El conjunto es un texto aparentemente rápido en su escritura, pero con un planteamiento insólito en la literatura de todos los tiempos.


Buenos días, polémica
«Bonjour tristesse» fue la primera novela de la escritora. Su publicación levantó ampollas en aquella Francia de 1954 por la temática que trataba y la personalidad de la joven protagonista, que no esconde sus deseos sexuales a pesar de que aún no ha cumplido los 18. Tres años después se convirtió en filme gracias al cineasta norteamericano Otto Preminger.
Se trata de un «flashback» alargado desde el triste París invernal hacia las hedonistas vacaciones en la Costa Azul de la burguesía francesa de los 50. Asistimos a una exaltación del culto al placer de la clase acomodada visto a través de los ojos de una adolescente que ha pasado los diez años anteriores en un colegio religioso. La interpretación de la joven protagonista, Jean Seberg, fascinó tanto al crítico Godard que la contrató como estrella de su primera película, «Al final de la escapada». Su padre (David Niven) empieza a coquetear con una amiga de su difunta esposa (interpretada por Deborah Kerr), cuando le anuncian que van a casarse la pequeña hurde un plan para que esto no se lleve a cabo, instigando a su progenitor a recuperar los encuentros con sus antiguas amantes.