El hombre que sabía demasiado por José María MARCO

RUBACARIC-1
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Alfredo Pérez Rubalcaba tiene fama de hombre imbatible. Es una de las principales razones que han llevado a los barones del PSOE a designarlo para liderar al partido en las próximas elecciones, según ha declarado José Blanco. Aun así, Rubalcaba ha tenido algunos tropiezos importantes. En tiempos de Felipe González, no supo parar el GAL. La maniobra que teledirigió en 2003 para evitar que Esperanza Aguirre llegara a la Presidencia de la Comunidad de Madrid la reforzó en ese mismo cargo hasta hoy. La negociación con la banda terrorista ETA acabó en diciembre del 2006, siendo él ministro del Interior, con la espectacular voladura de la Terminal 4 de Barajas. Aquello contribuyó a que el PSOE no obtuviera mayoría absoluta en 2008. Y el caso Faisán le persigue desde hace tiempo, y no va a dejar de perseguirle.
Dicen que lo sabe todo de todo el mundo. Una baza importante, sin duda, pero con una carrera tan larga también todo el mundo sabe muchas cosas de Rubalcaba.
Resulta inolvidable, en este aspecto, su participación en los hechos de la noche del 13 de marzo de 2004. El PP se mostrará prudente con estos recuerdos, y hará bien. Para quienes la vivieron, resulta imposible olvidar el papel que Rubalcaba asumió aquella noche, la frialdad con que atizó las peores pasiones y cómo contribuyó a sentar las bases de los siete años de zapaterismo. Rubalcaba hereda ahora las ruinas de lo que él mismo sembró.
Los «okupas» del 15-M, que han contado con su patrocinio, muestran hasta dónde sigue dispuesto a llegar.
Su elección como candidato indica, según se ha dicho, que el PSOE está dispuesto a pasar la página de las fantasías ideológicas del socialismo de Rodríguez Zapatero y de lo –poco– que se conoce de Carme Chacón. Rubalcaba, desde esta perspectiva, es un adulto.
Eso, que es una ventaja, tiene también un inconveniente. En el número de votantes, el PSOE ha vuelto a antes de 1982.
En cuanto al liderazgo, ha vuelto al felipismo: a los escándalos de los años de Felipe González y a las reformas educativas socialistas qué el mismo culminó y que son responsables, en buena medida, de la actual tasa de paro. Sabemos por experiencia que Rubalcaba es un especialista en crispar y dividir. No es lo que España –ni el PSOE, probablemente– necesitan en los próximos años.